Opinión

Educación ambiental

Es urgente que los mexicanos abandonemos este grave y peligroso analfabetismo ambiental y climático. Pero no tenemos ningún indicio de que lo podamos lograr a corto plazo.
sábado, 11 de abril de 2026 · 07:00

En 2025, México enfrenta extraordinarios retos en educación. Destacamos por tener el mayor rezago educativo en la OCDE, con el 54% de su población (25-64 años) con sólo educación secundaria. Ocupamos el lugar 39 en calidad de sistemas educativos y último en inversión educativa por alumno dentro de la OCDE. También encabezamos el primer lugar con mayor población que sólo concluyó la educación secundaria (básica) entre 38 países. Ocupamos el último lugar (37 de 37) en gasto educativo de la OCDE, invirtiendo 4 mil 430 dólares anuales por alumno, muy por debajo de la media.

En 2025, el promedio de escolaridad en México para la población de 15 años y más se sitúa entre 9.7 y 10.18 años de estudio, lo que equivale a poco más de la secundaria terminada. El panorama educativo sigue enfrentando grandes desafíos tras la pandemia y con una inversión limitada, lo que mantiene a México rezagado en comparación con el promedio de la OCDE. A principios de 2025, el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) estimó que 4.1 millones de personas mayores de 15 años en México no sabían leer ni escribir. Esta cifra representa aproximadamente el 4.1% de la población joven y adulta del país, según estimaciones oficiales reportadas por la SEP. La cifra de personas analfabetas se concentra principalmente en estados como Chiapas (11.5%), Guerrero (10.6%) y Oaxaca (10%).

Los mexicanos vivimos en un imperdonable retraso educativo que se refleja directamente en su comportamiento. No debemos olvidar que la ignorancia es la madre de todos los males. Pareciera que a nuestros gobernantes de los últimos 104 años (a partir del 3 de octubre de 1921 que se fundó la Secretaría de Educación Pública) no les interesa y no quieren que los mexicanos salgamos de este fracaso educativo. Ningún país ha podido salir del subdesarrollo sin resolver el requisito básico que deben tener sus habitantes: la educación.

En 2010 viajé a Seúl, Corea, a visitar una planta piloto de tratamiento y transformación de los residuos sólidos urbanos mediante un proceso denominado pirólisis para obtener energía eléctrica. Estuve ocho días en Seúl, una ciudad moderna y muy limpia. Al final de mi visita el también ingeniero químico. Mr. Lee, quien fue nuestro anfitrión y tecnólogo dueño de esta pirólisis moderna, nos invitó a comer. Aproveché el momento para preguntarle a qué hora barrían las calles. Porque en esa semana que estuve en Seúl jamás vi un solo residuo de ningún tipo tirado, no sólo en la vía pública sino en todos los lugares que visité. A lo que rápidamente me contestó: “Los coreanos no tiramos ningún residuo, porque nos formamos con un sistema educativo básico ubicado entre los cinco primeros países del mundo con la mejor calidad educativa”.

Inmediatamente recordé a la maestra Elba Esther Gordillo, la otrora poderosa, ignorante y singular líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), y también al secretario de Educación Pública con Enrique Peña Nieto, el inolvidable Aurelio Nuño Mayer, que repitió tres veces la palabra “ler” en lugar de “leer”. Es improbable que en el corto plazo los sistemas educativos formales, tanto oficiales como privados, implementen en sus programas educativos la educación ambiental y climática.

Parque en Seúl. Foto: Ahn Young-joon / AP.

Tengo 36 años luchando porque los mexicanos aprendamos a cuidar nuestro medio ambiente y los recursos naturales en beneficio de nuestra salud y bienestar. Muchos seguimos trabajando en diferentes niveles de comunicación y áreas de la vida nacional, sin haber logrado el objetivo. Es urgente que los mexicanos abandonemos este grave y peligroso analfabetismo ambiental y climático. Pero no tenemos ningún indicio de que lo podamos lograr a corto plazo.

Debo reconocer que este problema no sólo se presenta en nuestro país. La falta de conciencia y conocimientos del ser humano en general respecto de los daños ambientales que estamos causando diariamente a nuestra casa (el planeta Tierra) han contribuido de manera contundente a la gran depredación ambiental que sufre este gran ecosistema. Estamos destruyendo y contaminando terriblemente nuestros suelos. Contaminando gravemente el aire ambiente, los mares y ríos. Poniendo el riesgo el futuro de las siguientes cuatro generaciones de seres humanos que enfrentarán una inimaginable escasez de recursos naturales que podría provocar el colapso de la especie humana y de las especies que nos acompañan. Sin la educación ambiental 10 mil 200 y hasta 13 mil millones de seres humanos podrían enfrentar este fatídico escenario hacia fines del siglo XXI, de acuerdo con las predicciones del crecimiento demográfico planetario de la Organización de las Naciones Unidas.

La educación ambiental está señalada en nuestras leyes ambientales como obligación permanente que deben implementar los tres niveles de gobierno. Este requisito es parte fundamental de la vida cotidiana de los mexicanos, que nos permitirá avanzar hacia una responsable protección de nuestro medio ambiente y recursos naturales a través de un comportamiento responsable como consumidores de cientos de satisfactores de esta nueva vida urbana. Todas nuestras acciones locales personales tienen impactos y consecuencias globales. En nuestra generación de residuos, como en el dispendio de energía eléctrica sucia proveniente de la quema de combustibles fósiles y la contaminación del agua, por mencionar sólo tres aspectos de nuestra vida cotidiana.

El mejor ejemplo de la falta de cumplimiento de promoción de la educación ambiental y climática es el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), que tiene desde su fundación como unos de sus objetivos más importantes educar ambiental y climáticamente a los mexicanos. Obligación que jamás ha cumplido. Me atrevo a decir que la mayoría de los mexicanos son analfabetas ambientales y climáticos, porque ignoran las causas de la degradación ambiental y del calentamiento global.

Las nuevas generaciones de niños mexicanos además de aprender matemáticas, historia e inglés y capacitarlos para usar las nuevas herramientas tecnológicas, deberán aprender a conservar nuestra biodiversidad a través del desarrollo sustentable evitando la depredación ambiental. Debemos formar ciudadanía ambiental y climática.

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*Consultor ambiental. Experto en gestión de residuos y cambio climático. Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.

www.carlosalvarezflores.com “X” @calvarezflores

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