Centenario de Julio Scherer García
Entrevista con Andrew Paxman: “Scherer siempre iba tras la nota incómoda”
Exreportero de origen británico, especializado en historia de los medios de comunicación en México, Andrew Paxman habla del periodismo que Julio Scherer hizo en Excélsior y después en Proceso, y de cómo la prensa ha encontrado resquicios para seguir siendo crítica e independiente.Andrew Paxman, exreportero y ahora profesor-investigador del CIDE, acaba de publicar Mexican Watchdogs: The Rise of a Critical Press since the 1980s (University of North Carolina Press, 2025), la primera historia narrativa de la prensa mexicana contemporánea. El libro, fruto de entrevistas con periodistas, es el cuarto de una trayectoria que ya incluye la biografía de Emilio Azcárraga Milmo (El Tigre. Emilio Azcárraga y su imperio Televisa, 2000), la de William Jenkins (En busca del señor Jenkins. Dinero, poder y gringofobia en México, 2017) y el volumen colectivo Los gobernadores. Caciques del pasado y del presente (2018).
En entrevista, el historiador británico-mexicano reflexiona sobre el legado del fundador de Proceso, a cien años de su natalicio.
–Usted dijo alguna vez que Scherer García tenía un don para relacionarse con las élites y equilibrar la deferencia al régimen con la crítica al mismo. ¿Cómo interpreta esa relación con el poder?
–La relación de Julio Scherer con el poder fue una especie de tango: un baile de seducción mutua e improvisación, pero nunca de conquista. Fue una relación muy distinta a la que la gran mayoría de los periodistas del siglo XX mantenía con los políticos, que era de sumisión y formalidad: la costumbre de reproducir sus declaraciones y boletines como si fueran las únicas fuentes de información. Scherer se acercó a los políticos e hizo amigos entre ellos, y así obtuvo información y pistas privilegiadas que nutrieron los reportajes de Proceso. Pero también los conocía como seres humanos y, por lo tanto, pudo ofrecer esbozos íntimos de ellos, como lo hizo en libros como Los presidentes, La terca memoria y Estos años.
–Algunos historiadores aseguran que la resistencia le ha dado a Julio Scherer lo que denominan un “halo misterioso”. ¿Coincide usted con esa visión?
–Creo que había (y hay) una tendencia a santificar a Scherer, lo cual es entendible por el papel que jugó como director del medio más crítico durante varias décadas y por su constancia frente a las amenazas de funcionarios de mano dura. Puede ser que esa alabanza sea a veces exagerada. Pero yo diría que el propio Scherer no buscaba que le pusieran un halo: no daba entrevistas y, en sus propios libros, admitió errores de juicio. Mi ejemplo favorito es cómo describe en La terca memoria la evolución de su amistad con Carlos Hank González, cuando era gobernador del Estado de México: confiesa haber aceptado el regalo de un coche, pero da a entender que no debió hacerlo, que se acercó demasiado a ese político corrupto.
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Fragmento del texto publicado en la edición 0034 de la revista Proceso, correspondiente a abril de 2026, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.