Opinión
Origen, mitos y realidad de los plásticos
La pandemia permitió valorar las extraordinarias cualidades sanitarias de los plásticos salvando millones de vidas. Las afirmaciones catastrofistas de organizaciones ambientalistas como Greenpeace y Oceana sobre ese material sólo desinforman causando preocupación y miedo.La palabra plástico proviene del griego “plastiko”, que significa capaz de ser moldeado o maleable. El primer plástico totalmente sintético fue la baquelita, inventada por Leo Baekeland en 1907. Este material no contenía moléculas naturales, a diferencia del celuloide, su antecesor. Se convirtió en un aislante eléctrico y material resistente al calor que transformó industrias y productos de consumo. Se produce a partir del fenol (C6H5OH) más el formaldehído (CH2O).
Los “plásticos” derivados de materiales naturales como el nitrato de celulosa, (parkesina y celuloide) no eran completamente sintéticos, contenían fibras de algodón u otras células vegetales. Se usaron en la fabricación de peines, bolas de billar y películas. La parkesina fue patentada por Alexander Parkes en 1862.
En 1859 el “coronel” Erwin Drake perforó formalmente el primer pozo petrolero en el mundo en Titusville, Pensilvania, Estados Unidos. A partir de ese momento este “oro negro” se utilizó como fuente de luz y como combustible. En 1913 se instaló la primera torre de destilación diseñada por William Burton en la refinería de Standard Oil en Whiting, Indiana.
El proceso de craqueo permite obtener gases que salen por la parte superior de la torre de destilación: metano, etano, propano, butano y pentano. Líquidos: hexano, heptano, octano, nonano y decano (gasolinas). Al fondo de la torre quedan los “pesados”: aceites, diesel, combustóleos y “la pez” (chapopote).
Hemos extraído más de un millón de millones de barriles de petróleo. Lo usamos como fuente de luz y después como combustible. El desarrollo de la industria petroquímica ha sido la aportación más importante del petróleo en los últimos 100 años, dando origen a plásticos, fibras y cauchos sintéticos, solventes, detergentes, herbicidas, insecticidas, pinturas y adhesivos.
Pero los que han sido más importantes en nuestra vida, mejorándola, haciéndola más segura, más higiénica y más barata, son precisamente estos polímeros derivados del petróleo a los que genéricamente les llamamos plásticos. Un auto contiene 400 kilos de plásticos.
Los usamos en la construcción, industria alimentaria, juguetes, materiales médicos, todo tipo de envases, empaques y embalajes y en la industria textil. Tenemos plásticos rígidos o flexibles, conductores o aislantes, densos o ligeros, permeables e impermeables, transparentes u opacos. Se clasifican como termoplásticos, termofijos y elastómeros.
Cada día se diseñan mejores plásticos de ingeniería, como los que nos permitieron llegar a la Luna. Sustituyeron a la madera, cartón, vidrio, acero, cuero, cerámica, aluminio, barro y al mimbre. Nadie puede negar que son los mejores sustitutos.
La pandemia permitió valorar sus extraordinarias cualidades sanitarias salvando millones de vidas. En 40 años han evitado millones de contagios de sida, hepatitis y enfermedades altamente contagiosas. El análisis de ciclo de vida (ACV) nos permite evaluar los impactos ambientales desde su fabricación, la vida útil, los costos ambientales de reciclaje y el destino final de todos los materiales.
El mejor material es el que consume menos recursos naturales, menos agua, consume menos energía, genera menos emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta, el más ligero y con menor volumen para que su transporte sea más barato, es precisamente esa bolsa de plástico, que fue prohibida sin ninguna justificación técnica.
Las afirmaciones catastrofistas de organizaciones ambientalistas como Greenpeace y Oceana sólo desinforman causando preocupación y miedo. Evaden intencionalmente el verdadero problema: la falta conciencia y educación de los humanos, que son los que tiran estos materiales no sólo a los océanos y mares del mundo, sino también a los ríos y prácticamente están tirados en todas partes. A eso deberían enfocar su crítica para terminar con esa imperdonable contaminación plástica.
Los mitos más populares son las mentiras sobre los microplásticos. Se dice (sin ningún fundamento científico) que los seres humanos los ingerimos en una cantidad equivalente a una tarjeta de crédito a la semana.
Lo que no dicen es que la salud de ocho mil 450 millones de seres humanos están siendo afectada por diferentes tipos de partículas o micropartículas: filtros de cigarrillos (en 2019 se consumieron 7.41 billones, que equivale a 20 mil 300 millones de cigarrillos al día, fabricados con acetato de celulosa, metales pesados y otras sustancias. Cosméticos (maquillajes, exfoliantes, pastas dentales y jabones incorporan intencionalmente microplásticos), materia orgánica (polen, hollín y polvo urbano), materiales de construcción y pastillas de frenos (las famosas balatas de los autos) liberan partículas de caucho y otros materiales.
La diamantina (glitter) de uso intensivo son microplásticos recubiertos con capas metálicas brillantes que se encuentran en cosméticos, ropa y calzado, artículos para decoración y manualidades y artículos de papelería. Las fuentes primarias de microplásticos son: 35.0 % de fibras y textiles sintéticos, 28.0 % de neumáticos, 24.0 % de polvos urbanos, 7.0 % de pinturas y señalizaciones viales, 3.7 % de pinturas marinas (epóxicas), 2.0 % de productos de cuidado personal y menos de 1.0 % de pellets de plásticos.
*Carlos Alvarez Flores es consultor ambiental. Experto en gestión de residuos y cambio climático. Presidente de México, Comunicación y Ambiente, AC.
www.carlosalvarezflores.com y @calvarezflores