Opinión
AMLO y Claudia. El incierto futuro de la 4T
Y como toda decisión tiene consecuencias, los efectos de esta confrontación son para el movimiento político llamado Morena, que cada vez muestra divisiones y fracturas las cuales tendrán un reflejo en las elecciones intermedias de 2027.En las últimas semanas ha ocurrido una serie de eventos en Palacio Nacional que tienen como actores principales al expresidente Andrés Manuel López Obrador y a la presidenta Claudia Sheinbaum, que en el escenario político electoral son las dos piezas claves del ajedrez donde se juegan los espacios de poder rumbo a la elección intermedia de 2027 y la presidencial de 2030.
El cambio en la coordinación del Senado no se puede entender sin la presencia y voluntad de AMLO y Sheinbaum, que son los dos polos del poder en la actualidad. El primero quiere seguir siendo un factor de decisión política y de gobierno y la presidenta tiene en sus manos el ejercicio del poder presidencial que no se comparte, sino se ejerce.
Entre estas dos aguas bravas es que en Palacio Nacional, el partido Morena y en las cámaras de diputados y senadores se realizan los movimientos estratégicos para ganar espacios de poder. Los actores en disputa están claramente posicionados en los dos bandos, ya sean de manera individual, en grupo o en las viejas tribus que aún persisten en Morena.
La máxima lopezobradorista de “estás conmigo o contra mí” ha perdido fuerza en la actualidad. Quienes forman los bandos juegan bajo sus propios intereses y en ese juego ganan o pierden, según se muevan. Pero en ese vaivén del juego van definiendo su posición: estás con AMLO o con la presidenta.
Y como toda decisión tiene consecuencias, los efectos de esta confrontación son para el movimiento político llamado Morena, que cada vez muestra divisiones y fracturas las cuales tendrán un reflejo en las elecciones intermedias de 2027.
En el horizonte cercano ya no se ve que Morena vaya a lograr la meta deseada de la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y tampoco la totalidad de las gubernaturas en juego.
De ahí que la reforma electoral que la presidenta Sheinbaum propuso tenga problemas para ser aprobada por sus aliados interesados Partido Verde y Partido del Trabajo, quienes están en contra de que les quiten espacios plurinominales y dinero para sus campañas. Inclusive estos dos partidos ya están lanzando a sus propios candidatos o candidatas en San Luis Potosí y Zacatecas, pasando por encima de la voluntad presidencial que está en contra del nepotismo.
Urge a Morena que los dos actores principales de la zaga política se reúnan y tomen acuerdos. Es decir, que AMLO y Sheinbaum tengan un encuentro para limar asperezas y concilien intereses propios y de grupo.
En vía de mientras es evidente que hay confrontaciones políticas que al hacerse públicas muestran que Morena no necesita de enemigos externos, es decir, de la oposición, para pelear y dividirse. Se bastan a sí mismos para confrontarse, para golpearse y denostarse.
La unidad y la institucionalidad no son una característica de Morena y sus integrantes pretextan como argumento que siendo un movimiento vivo sea natural que haya diferencias, disputas y hasta ataques públicos. No obstante, este movimiento ya está en el poder y estas reyertas tienen un impacto inmediato en el electorado.
En juego está la elección intermedia de 2027 y de ahí la presidencial de 2030. En las manos de AMLO y de Claudia está el incierto futuro de la llamada Cuarta Transformación.