Opinión

AMLO y Claudia. El incierto futuro de la 4T

Y como toda decisión tiene consecuencias, los efectos de esta confrontación son para el movimiento político llamado Morena, que cada vez muestra divisiones y fracturas las cuales tendrán un reflejo en las elecciones intermedias de 2027.
lunes, 16 de febrero de 2026 · 05:00

En las últimas semanas ha ocurrido una serie de eventos en Palacio Nacional que tienen como actores principales al expresidente Andrés Manuel López Obrador y a la presidenta Claudia Sheinbaum, que en el escenario político electoral son las dos piezas claves del ajedrez donde se juegan los espacios de poder rumbo a la elección intermedia de 2027 y la presidencial de 2030.

El cambio en la coordinación del Senado no se puede entender sin la presencia y voluntad de AMLO y Sheinbaum, que son los dos polos del poder en la actualidad. El primero quiere seguir siendo un factor de decisión política y de gobierno y la presidenta tiene en sus manos el ejercicio del poder presidencial que no se comparte, sino se ejerce.

Entre estas dos aguas bravas es que en Palacio Nacional, el partido Morena y en las cámaras de diputados y senadores se realizan los movimientos estratégicos para ganar espacios de poder. Los actores en disputa están claramente posicionados en los dos bandos, ya sean de manera individual, en grupo o en las viejas tribus que aún persisten en Morena.

Cámara de Diputados. Movimientos estratégicos. Foto: Miguel Dimayuga.

La máxima lopezobradorista de “estás conmigo o contra mí” ha perdido fuerza en la actualidad. Quienes forman los bandos juegan bajo sus propios intereses y en ese juego ganan o pierden, según se muevan. Pero en ese vaivén del juego van definiendo su posición: estás con AMLO o con la presidenta.

Y como toda decisión tiene consecuencias, los efectos de esta confrontación son para el movimiento político llamado Morena, que cada vez muestra divisiones y fracturas las cuales tendrán un reflejo en las elecciones intermedias de 2027.

En el horizonte cercano ya no se ve que Morena vaya a lograr la meta deseada de la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y tampoco la totalidad de las gubernaturas en juego.

De ahí que la reforma electoral que la presidenta Sheinbaum propuso tenga problemas para ser aprobada por sus aliados interesados Partido Verde y Partido del Trabajo, quienes están en contra de que les quiten espacios plurinominales y dinero para sus campañas. Inclusive estos dos partidos ya están lanzando a sus propios candidatos o candidatas en San Luis Potosí y Zacatecas, pasando por encima de la voluntad presidencial que está en contra del nepotismo.

Urge a Morena que los dos actores principales de la zaga política se reúnan y tomen acuerdos. Es decir, que AMLO y Sheinbaum tengan un encuentro para limar asperezas y concilien intereses propios y de grupo.

En vía de mientras es evidente que hay confrontaciones políticas que al hacerse públicas muestran que Morena no necesita de enemigos externos, es decir, de la oposición, para pelear y dividirse. Se bastan a sí mismos para confrontarse, para golpearse y denostarse.

La unidad y la institucionalidad no son una característica de Morena y sus integrantes pretextan como argumento que siendo un movimiento vivo sea natural que haya diferencias, disputas y hasta ataques públicos. No obstante, este movimiento ya está en el poder y estas reyertas tienen un impacto inmediato en el electorado.

En juego está la elección intermedia de 2027 y de ahí la presidencial de 2030. En las manos de AMLO y de Claudia está el incierto futuro de la llamada Cuarta Transformación.

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