Opinión
Universidades bajo asedio, la democracia en riesgo
La Secretaría de Educación Pública debe pronunciarse con claridad y sin ambigüedades en defensa de la autonomía universitaria cuando ésta sea violentada por poderes políticos locales. Su silencio ante el acoso a las universidades se convierte en un manto protector.Las universidades públicas autónomas de nuestro país enfrentan hoy una embestida sin precedentes por parte de poderes políticos locales que confunden la autoridad que les otorgaron las urnas con el derecho a colonizar todo espacio público, incluso aquellos que la Constitución protege expresamente de su injerencia.
Lo que ocurre en Campeche, en Oaxaca y en Michoacán es la misma lógica de control ejercida con distintas herramientas: la fabricación de cargos penales, la presión electoral disfrazada de exhorto legislativo, el uso de sindicatos como arietes políticos y el recorte presupuestal como mecanismo disciplinario. El autoritarismo no pierde su nombre por provenir de gobiernos que se reclaman progresistas.
El rector de la Universidad Autónoma de Campeche, el Dr. José Alberto Abud Flores, fue detenido a bordo de un vehículo oficial bajo la acusación de presunta posesión de drogas, tras lo cual fue puesto a disposición del Ministerio Público. La detención ocurrió días antes de que se resolviera su posible reelección como rector.
El punto de quiebre llegó cuando el rector negó el uso de instalaciones universitarias para un evento convocado por el presidente del Congreso local, argumentando la defensa de la autonomía universitaria. Ese gesto de integridad le costó el cargo, el prestigio y la libertad.
El propio Abud Flores denunció que las drogas por las que fue detenido le fueron sembradas en el vehículo oficial que utilizaba como rector y que su destitución carecía de fundamento legal, pues no existía causa institucional ni justificación jurídica para violentar los procesos internos de la universidad. La presión pública obligó a que fuera liberado tras el cuestionamiento de la propia presidenta de la República, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
En la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, directores de facultades, catedráticos y alumnos se unieron para integrar el Frente por la Defensa de la Autonomía Universitaria, denunciando intervención en el proceso de elección del rector a realizarse en mayo de 2026, para lo cual intentan imponer al exsecretario de Finanzas del estado.
En la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo la situación tiene rasgos propios que la hacen, quizá, la más sofisticada en sus formas, pero no menos grave en su fondo. La Casa de Hidalgo, que ha formado a generaciones de hombres y mujeres que han transformado a Michoacán y a México, enfrenta hoy una convergencia inédita de presiones desde el Ejecutivo estatal, el Congreso del Estado y el Poder Judicial, todas orientadas a intervenir en su vida interna y, de manera particular, en la sucesión de la Rectoría.
En marzo de 2026 el presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Michoacán presentó ante el pleno un exhorto para requerir a la Universidad Michoacana la emisión, en un plazo de 15 días, de los reglamentos que darán forma al proceso de renovación de la Rectoría. En el fondo del diferendo está la autonomía, que reconoce a la UMSNH la facultad de gobernarse y definir sus procesos internos sin injerencia externa.
Y esta semana, integrantes del Sindicato Único de Empleados de la Universidad Michoacana colocaron las banderas rojinegras en los accesos de la institución, formalizando el estallamiento de una huelga de puertas cerradas tras rechazar la propuesta de incremento salarial presentada por la administración central, alineada a la sugerencia de la instancia federal.
Hay una contradicción fundamental: el gobierno de Michoacán que se proclama heredero del proyecto popular y de la educación pública como derecho, que pregona la democratización como un logro universitario es quien hoy amaga esa libertad. Esperemos que en Michoacán no se repita el sembrar drogas a rectores, presionar para imponer candidatos afines en elecciones universitarias y usar los poderes Legislativo y Judicial para disciplinar a instituciones que no aceptan someterse. Hay quienes dicen defender la educación pública, pero la atacan cuando esa educación genera autonomía de criterio.
Señalo también la contradicción de los legisladores que en sus discursos aplauden a la autonomía, y utilizan sus posiciones con actitudes injerencistas violando lo que ellos dicen respetar.
La presidenta Claudia Sheinbaum mostró en el caso de Campeche que la voz del Ejecutivo federal puede inclinar la balanza hacia la legalidad y la justicia. Ese gesto debe convertirse en política de Estado, con respeto a la autonomía.
La Secretaría de Educación Pública debe pronunciarse con claridad y sin ambigüedades en defensa de la autonomía universitaria cuando ésta sea violentada por poderes políticos locales. Su silencio ante el acoso a las universidades se convierte en un manto protector.
Asimismo se debe impulsar un diálogo nacional sobre el marco jurídico que protege la autonomía universitaria, fortaleciendo los mecanismos legales que impidan la intromisión de los poderes locales. O simplemente eliminar la palabra autonomía de los marcos legales universitarios, porque las comunidades universitarias no merecen que se les mienta utilizando un disfraz de aliado que costará, como siempre lo he dicho, un precio muy alto a la libertad.
Y, finalmente, la Fiscalía General de la República debe investigar y actuar, cuando existan indicios fundados, si las acciones de funcionarios estatales contra instituciones universitarias constituyen delitos contra el libre ejercicio de las funciones institucionales. No podemos quedar a merced de quienes usan de manera facciosa las instituciones.
Nuestra autonomía universitaria se defiende como un derecho de la ciudadanía michoacana. Por ello mismo, la sumisión sería un grave error, pero tampoco la respuesta será la confrontación en busca de la dignidad institucional.
La autonomía es exactamente lo que permite a la Universidad Michoacana decir la verdad, sostener posiciones críticas, así como defender a la familia nicolaita, aunque esa defensa tenga costos políticos e incomode.
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo nació de la Revolución, fue forjada en la resistencia, ha sido históricamente un lugar donde el pensamiento crítico se forma. Su fortaleza radica en su historia misma, como bien lo señala su lema: “Crisol de pensadoras y pensadores. Cuna de heroínas y héroes”. No claudicará. Su conocimiento no se subordinará ante situaciones adversas que busquen inestabilidad institucional. La autonomía universitaria no se negocia. No se intimida. Y no se rinde. En resumen, nuestra Universidad es el corazón intelectual de Michoacán.
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*Rectora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo