LIBROS/RECUENTO DE PALABRAS

Aprender a disfrutar

En Un himno a la vida Giséle hace una relación, sin los tecnicismos legales del caso, intercalando la violencia sufrida con las alegrías que vivió en el matrimonio. 
domingo, 29 de marzo de 2026 · 11:01

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En septiembre de 2020 Dominique Pelicot, un jubilado del sector eléctrico francés, fue detenido en Mazan, Francia, porque fotografió, por debajo de las faldas, a varias mujeres en un supermercado. La policía además le confiscó el celular. Después registraron su domicilio, y al revisar la computadora que usaba y varios discos duros, encontraron archivos con videos y fotografías sobre violaciones y agresiones sexuales. 

En noviembre la policía citó a Giséle su esposa y le mostró parte del material confiscado, en donde la principal víctima de la violencia sexual era ella, que aparecía drogada y violada por varios hombres durante años. Giséle en un primer momento no se reconoció, negó lo sucedido y la participación de su esposo. 

Las pesquisas revelaron el proceder de Dominique, quien durante diez años le dio a Giséle ansiolíticos y sedantes para dejarla inconsciente. Después invitaba a desconocidos para que la violaran. Los sujetos eran contactados a través de una página de internet y posteriormente se les daba cita. No cobraba por el abuso, pero establecía ciertas reglas como las de poder grabar y fotografiar el acto y no despertar o golpear a la mujer. Además, se descubrió que Dominique mantenía contacto con otros hombres que sometían de igual manera a sus mujeres. El 2 de noviembre de 2020 lo detuvieron por violaciones y recurrir a ansiolíticos y sedantes para drogar a Giséle. 

Cuando los investigadores le mostraron a Giséle toda la información, se conmocionó. Había compartido la vida con Dominique por más de cincuenta años. Eran padres de tres hijos, abuelos y reconocidos socialmente como una pareja admirable. Sin embargo, los testimonios confirmaron la violencia ejercida. Además, los estudios psicológicos indicaron que Giséle no recordaba lo sucedido debido a las drogas que le dieron y los análisis médicos mostraron la presencia de ansiolíticos y sedantes en su cuerpo. Así como se detectaron varias enfermedades de transmisión sexual. 

La policía durante cuatro años analizó más de 20,000 imágenes y vídeos y localizó a los hombres que aparecían en las grabaciones. A las pocas semanas de concluida la investigación se inició el juicio, el 2 de septiembre de 2024 en el Tribunal de lo Criminal de Vaucluse, en Aviñón, contra Dominique Pelicot y los 50 violadores identificados. 

El impacto de todo lo sucedido llevó a Gisèle Pelicot a solicitar que el juicio fuera público para que se conociera a los agresores y las maneras en que ejercían la violencia contra las mujeres, también para dejar de culpar a las víctimas con la intención de que ”… la vergüenza cambie de bando.”  

El juicio terminó en diciembre de 2024, y los medios de comunicación dieron una amplia cubertura de lo sucedido y mostrado en el tribunal. Desde videos hasta los testimonios de los victimarios y sus defensores, así como las declaraciones de Giséle y el enfrentamiento cara a cara con sus agresores. El acusado principal y los 50 inculpados fueron condenados a diferentes años de prisión. 

A pesar de que mucha gente escuchó y vio el juicio no creía que la posición de Giséle hubiera sido pasiva y que no recordara lo sucedido. Ante esto decidió escribir el libro titulado: Un himno a la vida. Mi historia (Ed. Lumen. Col Narrativa; Barcelona, 2026. 256 pp.), en donde cuenta lo que ella vivió a partir del dolor sufrido y las múltiples emociones vividas. 

En Un himno a la vida Giséle hace una relación, sin los tecnicismos legales del caso, intercalando la violencia sufrida con las alegrías que vivió en el matrimonio. El acto de narrar y comprender le permitieron entender lo ocurrido y de esta manera dejar de ser un objeto y constituirse como un sujeto, que al conocer su situación actúa y responde. También destacar el lugar de sus hijos, nietos y amigos que a lo largo de su vida la acompañaron y con los que desea seguir compartiendo. 

Además, la intención fue señalar las acciones, gestos, maneras, olvidos que se dan en una relación e indican una coacción soterrada que puede llevar a la destrucción o humillación. Así como captar la manera en cómo se manifiestan en la vida cotidiana. Escribe Giséle: “(Esta historia cuenta lo que sucedía), que era mucho más que un desfile de monstruos era una inmersión en todos nosotros, hombres y mujeres corrientes, en nuestras habitaciones, nuestras relaciones, nuestras familias y nuestras cloacas.” 

Más adelante señala: “Esta historia remueve nuestra violencia, nuestra inmundicia apenas oculta, nuestros traumas latentes, nuestros silencios, nuestras huidas, es el sucio reflejo de la dominación, que aún estructura nuestro mundo”. 

El mensaje del libro Un himno a la vida es que, a pesar de las duras situaciones, siempre existen acontecimientos que invitan a celebrar, y sujetos solidarios, y escribe para todos aquellos que han sido humillados, mujeres y hombres: “Que nunca sientan vergüenza y que, con el tiempo, vuelvan a aprender a disfrutar de la vida y encuentren la paz.” 

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