Cine
Valentina Leduc, documental de comunidades en defensa de su entorno
Historias de la naturaleza amenazada por empresas sin escrúpulos en contubernio con gobiernos europeos, defendida por jóvenes ecologistas, fueron las que la cineasta registró en el histórico viaje de los zapatistas de Chiapas en 2021.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una de las editoras más reconocidas del cine en México, ganadora de cuatro premios Ariel y directora de cortos, documentales y series de televisión, Valentina Leduc Navarro, filmó un largometraje de no ficción sobre comunidades de México y Europa que luchan en defensa del agua, los ríos y los bosques en riesgo por las empresas transnacionales coludidas con gobiernos.
El título es Los sueños que compartimos, con la fotografía de su esposo y también destacado cineasta Juan Carlos Rulfo, y la producción de su connotada madre, Bertha Navarro, con Alejandro Springall, Carolina Coppel y Eduardo Díaz Casanova. La cinta se estrenará en la gira de documentales Ambulante que celebra 20 años, 2025 y se llevará a cabo del 3 de abril al 12 de junio en la Ciudad de México, Baja California, Querétaro, Veracruz y Yucatán.
En entrevista, Leduc Navarro es directa:
“¡Hay un retorno del fascismo! En el documental se ven a personas que ponen el cuerpo, ¡su vida!, para efectuar acciones que protejan territorios. Pero su acción es más grande, nos salvaguardan a todos para revertir esta velocidad del deterioro ambiental y humano. De la crisis ecológica en la que nos encontramos”.

Todo empieza en 2021 con la salida del Escuadrón 421 del Ejército Zapatista de Liberación Nacional por mar a Europa, viaje llamado Travesía por la vida, enarbolando la bandera maya para tejer así redes con colectivos y organizaciones comprometidas en defensa de la vida. Al barco alemán que los transportó lo llamaron La Montaña.
Han sido cuatro años de trabajo para terminar Los sueños que compartimos. Leduc también guionista (Ciudad de México, 1969), egresada de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (antes Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, CUEC, de la UNAM), y escenógrafa por la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq en París, Francia, cuenta que en principio era muy importante documentar ese viaje histórico, pero también respondía a una necesidad “que yo llevaba un buen tiempo de encontrar historias esperanzadoras y poder hablar algo que generara ilusión”. Cuenta:
“El primer viaje en barco se hizo el 3 de mayo del 2021, en la muy cercana postpandemia, y aún muchas fronteras se hallaban cerradas. Veníamos de este letargo global que fue la pandemia y que estuvo muy, muy intenso.
“En ese llamado que efectuaron los zapatistas a través del viaje se trataba de realizar algo por la madre Tierra, por la vida planetaria. Tratar de vincularse con colectivos europeos que estuvieran haciendo frente a mega empresas transnacionales extractivistas. Me sumé, digamos, a esta aventura. En ese momento fue con muy poco presupuesto… juntamos dinero para irnos, Juan Carlos Rufo como fotógrafo y yo, con ayuda de la familia y de un productor con el que acabamos de producir el filme Cartas a distancia”.

Tras la salida de las comunidades zapatistas, los alcanzaron en Vigo, Galicia, España:
Un poco antes estuvimos ahí en la preparación de todo lo que eso significaba recibirlos. Los zapatistas escuchaban todo en los lugares por donde iban pasando, se enteraban de lo que sucedía más que ellos llegar a hablar. Les informaban cómo se estaban enfrentando las problemáticas. Después llegó la delegación aérea, eran cerca de doscientas personas, se dividieron en equipos y se desplegaron en diferentes territorios europeos.
Antes Leduc Navarro investigó qué colectivos se iban a encontrar con el zapatista:
“Encontré las historias que decidí seguir. La de los jóvenes, en su mayoría en Lützerath, Alemania, que ocuparon los bosques para detener la expansión de la mina de carbón a cielo abierto más grande en Europa, la cual ya destruyó el 90% del bosque más antiguo de Alemania y que ha desplazado alrededor de cuatrocientos pueblos. Esa defensa de Lützerath correspondía al compromiso que había hecho Alemania en los acuerdos de París para no aumentar el calentamiento global, mas con la guerra de Ucrania todos esos acuerdos se los pasaron por el arco del triunfo y desalojaron a los activistas.
“Es un movimiento muy grande, son miles de activistas, y me pareció también muy cinematográfico. Me dieron muchas ganas de ir a vivir con estos jóvenes que estaban radicando a cuarenta metros de altura en unas casitas arriba de los árboles para evitar que los cortaran”.
El desalojo en Alemania
–En Los sueños que compartimos se aprecia el desalojo de los activistas en Lützerath, ¿fue complicado filmar ahí?
–Cuando sucedió el desalojo en Alemania, nosotros antes ya habíamos viajado tres o cuatro veces a ese lugar. Hicimos realmente una relación muy entrañable con todas las personas que están en la película. Nos coordinamos con los activistas, nos avisaban cuando ocurriría el desalojo, y llegamos antes de que la policía cercara el sitio.
“Llegó mucha gente a apoyar con alimentos, papel de baño, en fin. Estuvo la activista ambientalista Greta Thunberg. Nos metimos dentro de la casita de unas compañeras, esperando que la policía llegara a desalojar. Lo que hacen los activistas es que tratan de retrasar lo más posible el desalojo. Una persona se cuelga para que un policía especializado pueda bajarla antes de poder desalojar a las que están dentro de la cabaña, y así estaba por todo Lützerath. Luego, había que pegarse a las ventanas o en los techos para que igual otra policía especializada en eso llegara a despegarlos, digamos”.
Finalmente llegó un policía y sacó a Leduc Navarro y a Rulfo:
“Nos habíamos registrado como prensa y nos quitaron las credenciales que llevábamos. Nos habían puesto unos chalequitos que les ponían a la prensa para distinguirla de los activistas, cosa que nos ayudó en medio de la batalla a que nos cuidaran un poco, de que no saliéramos volando como los activistas. Fue una situación impresionante. Nunca habíamos vivido una cosa así de fuerte. Había ocho mil policías y treinta y cinco mil manifestantes. Así fue como grabamos ese desalojo”.
Relativo a Froxán, Galicia, donde existen montes comunales invadidos por la industria del eucalipto que se originó con el dictador Francisco Franco, platica:
“Me pareció muy importante visitar estos lugares porque son dos industrias que surgen con el fascismo, y siento que ahora es algo que está volviendo a sucedernos en el mundo. Regresó el fascismo. Son familias que decidieron protegerse de los incendios porque el eucalipto los provoca y muy fuertes, los cuales avanzan de manera muy rápida y son muy difícil de detener, y llegan a las aldeas, donde la gente radica. Empezaron a cortar los eucaliptos que estaban alrededor de las aldeas y sembrar árboles nativos, con castaños y robles que son húmedos y eso evitaba que el fuego se propagara.
“Y al ver que se podía hacer este trabajo y que cada vez había más voluntarios, decidieron expandir eso y reforestar más allá del perímetro de sus aldeas. Ahora están involucradas miles de familias a lo largo de Galicia y ya es parte de una campaña de concienciación, en el que se habla del deterioro que provoca el eucalipto en la tierra, quita la fertilidad de una manera irreversible, incluso extrae el agua, secando los mantos acuíferos”.
En el largometraje también se aprecia a la organización Los 20 Pueblos de la Región Cholulteca, nahuas, que se manifestaron contra la empresa Bonafont por la explotación del agua en Puebla, México. La editora de En el hoyo, Cobrador: In god we trust, Carriere, 250 metros, Las oscuras primaveras, Plaza la Soledad, Sonora y La vocera, expresa:
“Bonafont Danone estaba operando de manera ilegal, sin permiso, extrayendo un millón seiscientos litros de agua diarios para embotellar y vender, por lo que estaba secando los mantos acuíferos cuando es una zona también campesina agrícola. Me pareció igual una situación muy importante de contar, porque ¿qué hay detrás de una botella Bonafont que compramos en la tienda?”.

–De alguna manera son historias esperanzadoras, ¿verdad?
–Son historias de éxito. No me encanta usar esa palabra, sin embargo las comunidades organizadas han logrado regresar el agua a sus comunidades, en el caso de la empresa Bonafont al cerrar los pozos, a las dos semanas ya tenían agua de vuelta los pozos artesanales de las familias. Fue obvio que sí era esa empresa la que estaba ocasionando todo ese daño. En Galicia también se han logrado reforestar hectáreas de bosques. Y en Alemania, aunque no lograron proteger el territorio, de todas maneras ganaron un montón en términos de organización, y visibilizaron que eso estaba pasando en ese país, donde el partido verde en el poder es el que mandó el desalojo en Lützerath, lo cual revela tanta mentira que a veces hay en el gobierno.
El encuentro con comunidades y la delegación zapatista -resalta- “fue muy bonito porque realmente fue de pueblos con pueblos, de experiencia a experiencia, y era compartir y aprender los unos de los otros”. Sigue:
Me siento tan afortunada de haber podido estar ahí y poder haber visto lo que vimos y haber conocido a toda la gente que conocimos, todos. Fueron cuatro años de rodaje y edición. Empezamos a producir desde diciembre del 2020, nos fuimos al primer viaje a finales de abril del 2021.Y terminamos de amarrar toda la edición hasta ahora. Estamos recién sacando la película. Se exhibirá el 5 de abril.
Le da mucho gusto que se proyecte en Ambulante:
“Vamos a realizar todo un recorrido por comunidades y sobre todo en universidades, porque queremos que esta película dialogue con la juventud. Nos importa muchísimo. Estamos trabajando con la Red Universitaria Anticapitalista que ya hizo ese trabajo también con La montaña de Diego Osorno y La vocera de Luciana Kaplan. Y más adelante trabajaremos también con Impacta Cine, para hacer justamente todo un recorrido, lo más que se pueda, a comunidades y con los jóvenes”.