Opinión
La pérdida de cristianos en Medio Oriente
Se ha olvidado cuando se trata de narrar la guerra reciente en Gaza y los ataques de los colonos judíos en contra de los palestinos, que los cristianos aún están presentes.En los últimos tiempos se ha dado una señalada preocupación por la disminución de los cristianos en Medio Oriente; las visitas a países de la región tanto del papa Francisco como de León XIV así lo demuestran. Los países visitados han puesto en evidencia el avance del islam o más bien un panorama donde el cristianismo se ha desvanecido, tanto que hay obras que apuntan hacia la muerte del cristianismo. En Líbano se ha seguido con mayor nitidez ese proceso porque se señala que en un siglo la proporción de cristianos y musulmanes se invirtió en favor de éstos. Las fuertes oleadas migratorias así como las guerras han llevado al exilio principalmente a una mayor proporción de cristianos maronitas de Líbano, en Egipto los coptos han vivido un asedio constante y no se diga de los caldeos de Iraq.
Apenas hace unos días la alarma sobre los problemas de los cristianos la dio una fotografía reproducida en varios medios en la que la escultura de un Cristo tomado de una iglesia en el sur de Líbano era golpeada por un soldado israelí. Lo que se catalogó como una profanación fue reproducida por la cadena BBC y aceptada por el ejército de Israel, mencionando que investigaría e impondría correctivos. Estos señalamientos fueron importantes porque resultaban tan inverosímil la imagen que había que descartar se tratara de una falsa narrativa de las que abundan en las redes.
Sin embargo, el hecho ha atraído la atención de lo que está ocurriendo ahora en una región rica en su diversidad religiosa donde han convivido diferentes agrupamientos en las denominaciones de judíos, cristianos y musulmanes. Las narrativas que han proliferado insisten en una guerra religiosa en la que quieren relacionar el presente con el lejano pasado de las Cruzadas cuando los cristianos “franys” de Europa, interesados en el comercio y en los recursos del Medio Oriente, afirmaban que iban al rescate del Sepulcro de Cristo en Jerusalén, entonces en poder de los musulmanes, a quienes llamaban infieles. Lo que dio origen a despiadadas guerras entre cristianos y musulmanes.
Durante el siglo pasado abundaron las persecuciones de los musulmanes contra las comunidades judías, pero ahora está ocurriendo un cambio. Jonathan Cook, en “La lenta limpieza étnica de cristianos por parte de Israel en tierra Santa”, como lo indica el título de su artículo (20 de abril de 2026), afirma que Israel y las iglesias extranjeras promueven la idea de que los musulmanes están expulsando a los cristianos, principalmente a los palestinos. Se ha olvidado cuando se trata de narrar la guerra reciente en Gaza y los ataques de los colonos judíos en contra de los palestinos, que los cristianos aún están presentes. Belén, según la tradición religiosa, es el lugar del nacimiento de Jesús y en la actualidad se encuentra en la Cisjordania, ocupada por Israel desde 1967.
La iglesia de La Natividad es uno de los lugares más visitados por el turismo religioso procedente de todas partes del mundo que llega de Jerusalén, donde primero visitan el Sepulcro de Cristo. Luego se traslada para ver brevemente cómo se vive al franquear los grandes muros de hormigón de 8 metros de altura entre Israel y el territorio. No se tiene acceso a cualquier otro lugar que pudiera llamar la atención. Se presencia la dificultad de ver una tierra que no es administrada por su pueblo sino por el otro. Si el autor vivió durante 20 años en Nazaret alguna razón le asiste cuando habla de lo que pudo ver en ese lugar.
Todos los conflictos han trastornado la vida económica de esas pequeñas poblaciones, en particular de los cristianos, porque sus rituales y fiestas se han visto afectados y, debido a los constantes problemas, ya no llegan todos los feligreses que lo hacían en Navidad o en Semana Santa. Para ayudar a resolver la tendencia: “Hace unos años, el famoso artista británico del grafiti, Banksy, impulsó enormemente [un] nuevo tipo de turismo inmersivo al aliarse con el guía turístico de Belén, Wisam Salsa, para inaugurar el Hotel Walled-Off. Transformaron un antiguo edificio rodeado por el muro, decorándolo profusamente con las obras subversivas de Banksy sobre la ocupación, además de instalar una galería que exhibía el trabajo de artistas palestinos y un museo que detalla la historia de la ocupación y los métodos de control y represión bien conocidos de Israel”.
Sin embargo, para frenar el flujo que esas acciones generaron, “Ya a principios de 2017, el diario israelí Haaretz reveló que el Ministerio del Interior había emitido una directiva a las agencias de viajes locales advirtiéndoles que no permitieran que sus grupos de peregrinos pernoctaran en Belén, con la implicación de que las empresas corrían el riesgo de perder sus licencias si lo hacían. Según ese diario, el gobierno alertó de que "posibles terroristas viajaran con grupos de turistas". No parecía tener asidero ese propósito y más bien se buscaba que los posibles ingresos de Belén no permitieran la sustentabilidad de su economía, al no proporcionar los servicios de los que se valían peregrinos de escasos recursos para los que Jerusalén resultaba una ciudad demasiado cara a diferencia de Belén.
Así, dice Cook, se trataba de evitar la autonomía económica de Belén: “Tras oleadas de expropiaciones territoriales por parte de Israel, la ciudad ahora sólo tiene acceso a una décima parte de su territorio original y ha sido rodeada gradualmente por asentamientos. Sus habitantes han quedado aislados de sus tierras de cultivo, fuentes de agua y monumentos históricos. Jerusalén, otrora centro económico y cultural de Belén, se ha vuelto prácticamente inaccesible para la mayoría de los residentes, oculta tras el muro. Quienes trabajan fuera del sector turístico necesitan un permiso difícil de obtener de las autoridades militares israelíes para entrar y trabajar en empleos mal remunerados en la construcción y la agricultura dentro de Israel, en los asentamientos o en la Jerusalén ocupada”.
El autor insiste en que se trata de divulgar la idea de que Israel está apoyando a Occidente, en una batalla de la cultura judeocristiana contra los bárbaros musulmanes. Belén, con su conjunto de habitantes palestinos cristianos, importa para demostrar a quien visite la ciudad brevemente, “la grandilocuente narrativa israelí del choque de civilizaciones”. También podría percibir que son los judíos quienes se comportan de forma bárbara manteniendo un conflicto irresoluble contra cristianos y musulmanes, para lo cual sólo hay que estar alerta a las dificultades de habitantes y turistas para franquear los puestos de control para traslarse en un mismo territorio.
Es cierto que en Gaza, el otro territorio palestino, tres iglesias cristianas fueron blanco de ataques durante la ofensiva israelí iniciada en respuesta al acto terrorista de Hamás del 23 de octubre de 2023; se trataba de “lugares religiosos y culturales fundamentales para la identidad de la población local” sin ningún vínculo con la organización político militar, y además los “colonos intentaron incendiar la iglesia de San Jorge, del siglo V, en la ciudad de Taybeh, la última comunidad exclusivamente cristiana palestina en Cisjordania”. Todo ello patrimonio protegido por la legislación internacional que poco se respeta. A uno de esos de por sí escasos templos en Gaza se comunicaba telefónicamente día con día durante el asedio israelí el papa Francisco, para pedir información sobre el estado de la comunidad cristiana ortodoxa palestina.
Todos estos problemas han influido en la disminución de cristianos en la región como ejemplifica lo sucedido en Belén, donde en 1945 vivían 8 mil cristianos, una cifra ligeramente superior a la de los que viven hoy, cuando por el crecimiento natural debería ser mucho mayor. De hecho, hay muchos más cristianos palestinos en el extranjero que en la Palestina histórica, porque esa cifra es superada notablemente con las más de cien mil familias que se han trasladado a América, particularmente a Argentina, Chile y Estados Unidos.
En un siglo, ha pasado en Belén lo mismo que en los países de la región, donde la población cristiana ha disminuido de ser el 85% a sólo algo cercano al 15%, transformando completamente la demografía de la región, donde el islam y el judaismo, sobre todo desde 1948, han ganado terreno. Lo que sin duda representa un cambio civilizatorio que la humanidad aún no ha asimilado pero del que darán cuenta los libros de historia.