Sequía
Crisis hídrica en México
Los tres niveles de gobierno nunca han invertido realmente en infraestructura para el aprovechamiento de agua de lluvia. Ni en pozos de absorción para la recarga de acuíferos.Nuestro país ha manejado muy irresponsablemente sus recursos hídricos en los últimos 60 años. La falta de acciones no sólo inteligentes, sino tecnológicamente factibles o de sentido común, han causado que nuestro extenso país con extraordinarios recursos naturales enfrente una prolongada crisis hídrica. Eso significa que no sólo está generando graves conflictos políticos y sociales, sino que actualmente está privando a nuestro país de aprovechar la oportunidad de recibir la indispensable inversión extranjera directa. Convirtiéndose en un nuevo obstáculo para el crecimiento económico. La economía mexicana no crecerá en 2026, generando desempleo y desesperanza entre los mexicanos.
Para entender el contexto global que enfrenta la especie humana, debo señalar que el agua es una sustancia única en el universo. No podemos fabricarla. Sin agua no existiría la vida como la conocemos. Denominamos Planeta Azul a la Tierra. Nos enseñaron que 75.0 % de la superficie del planeta es agua salada. Pensábamos que el planeta tenía más agua que tierra firme y no es así. Gracias a los avances tecnológicos ahora conocemos la realidad. El espesor de la frágil capa de agua salada que cubre el planeta es solamente de 3.0 diez milésimas del tamaño del planeta (3.68 km espesor de los océanos/12,762 km diámetro de la tierra = 0.0002883). Esto quiere decir que si la Tierra tuviera un metro de diámetro, sería tan delgada como una cáscara de huevo. Si pudiéramos reunir esta agua en una esfera, sería menos de una milésima parte de la esfera de la Tierra.
El agua dulce sólo es 2.5 % del total de agua del planeta y 97.5 % es agua salada; 69.0 % de ese 2.5 % de agua dulce es el hielo de los polos y la nieve en las montañas y 30.0 % es agua subterránea. Solamente 1.0 % de esta pequeña cantidad de agua dulce está disponible en los ríos y lagos. De esta minúscula cantidad de agua dulce disponible depende la vida de ocho mil 300 millones de seres humanos que habitamos el planeta. El Banco Mundial calcula que existen mil 400 millones de kilómetros cúbicos de agua en el planeta; 2.5 % (35 millones/km3) es agua dulce y nos dice que podemos acceder realmente a 0.3 %, lo que nos indica que tenemos sólo 105 mil km3 de agua dulce disponible para consumo humano. Equivalente a 12 mil 650 m3/habitante para toda su vida.
Debemos entender que del total de agua dulce del planeta sólo una pequeñísima cantidad está disponible. Debemos aceptar esta peligrosa realidad. El futuro de la humanidad depende de un manejo inteligente de esta minúscula cantidad de agua dulce. Estamos contaminando irresponsablemente no solamente nuestros ríos, lagos y acuíferos, sino también el agua salada de los océanos.
La crisis hídrica que padecemos está sustentada (de acuerdo con los datos de la Comisión Nacional del Agua, INEGI y del Instituto Mexicano para la Competitividad en México) en una repartición no muy justa: 76% del agua dulce disponible se asigna a la producción agrícola. La experiencia dice que desperdiciamos 50% (equivalente a 38%) por practicar el riego por inundación, sin que nuestro gobierno federal haya podido evitarlo, cuando menos en 33 años de existencia de la Comisión Nacional del Agua. La industria utiliza 11% y los centros urbanos 15 por ciento.
La Industria prácticamente no recicla sus aguas residuales. La Asociación Nacional de Entidades de Agua y Saneamiento de México, AC (ANEAS), reconoce que pierden en promedio 55% del agua que distribuyen en los centros urbanos por las fugas en sus redes secundarias. Tampoco los centros urbanos que albergan todo tipo de actividades económicas cuentan con plantas modernas de tratamiento de aguas residuales que la reciclen (se denominan “descarga cero”, por que eliminan todos los contaminantes que contienen y se reutilizan regresándolas a la red secundaria de distribución).
La información que publica la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales mediante su organismo desconcentrado, la Comisión Nacional del Agua, nos dice que el total del recurso dulce disponible está definido por el volumen de agua que ingresa al país vía la precipitación: mil 488.8 km3 anuales. Del cual 71.5% regresa a la atmósfera por evapotranspiración (por falta de suelos y cubierta forestal). El balance completo se obtiene de sumar 48.4 km3 anuales que ingresan de importaciones de los ríos de las fronteras norte y sur y restar las exportaciones de Estados Unidos de América de 0.432 km3 anuales. Lo que nos arroja una disponibilidad natural media para nuestro país de 471.5 km3 anuales del recurso.
El volumen utilizado para la producción agrícola es de 358.34 km3/agua/año y desperdicia 179.17 km3/agua/año. Existen 5.2 millones de hectáreas de producción agrícola que carecen de riego tecnificado (por goteo, por aspersión o multicompuertas).
La industria contamina terriblemente un volumen de 51.86 km3/agua/año y los centros urbanos pierden 38.89 km3/agua/año y contaminan considerablemente 31.82 km3/agua/año. Existen tres mil plantas de tratamiento de aguas residuales que no operan por mal diseño, usan tecnologías obsoletas y consumen mucha energía, cuyo costo ronda los 80 mil millones de pesos. Tampoco funciona la megaplanta de tratamiento de aguas residuales de Atotonilco de Tula, que costó 10 mil millones de pesos.
Monterrey, Mexicali, Tijuana, Aguascalientes, Saltillo, San Luis Potosí, Morelia, Querétaro y Ciudad de México padecen una grave escasez; 16 entidades federativas padecen sequía severa, de acuerdo con el Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua.
A este desolador panorama debemos agregar que los tres niveles de gobierno nunca han invertido realmente en infraestructura para el aprovechamiento de agua de lluvia. Ni en pozos de absorción para la recarga de acuíferos. Nunca, en 33 años, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales ni la ahora Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural han implementado un programa permanente de recuperación de suelos (erosionados) ni de reforestación, indispensables para el ciclo del agua.
*Presidente de México, Comunicación y Ambiente, AC.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y “X” @calvarezflores