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“Hamnet” explora uno de los eventos más enigmáticos en la vida de William Shakespeare
La película dirigida por Chloé Zhao explora el hueco histórico con una ficción basada en la exitosa novela del mismo nombre de Maggie O’Farrell, escritora de Irlanda del Norte, quien centra la historia en otro personaje fundamental del que se sabe muy poco, Anne Hathaway, esposa del dramaturgoCIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- No cabe duda que uno de los eventos más enigmáticos en la vida de William Shakespeare es la muerte de su hijo Hamnet a la edad de 11 años, pues se desconoce la causa, y por encima de todo la reacción afectiva del bardo junto con su posible asociación a la creación de Hamlet, una de sus obras inmortales, años después.
Hamnet (Reino Unido/Estados Unidos, 2025), dirigida por Chloé Zhao, explora el hueco histórico con una ficción basada en la exitosa novela del mismo nombre de Maggie O’Farrell, escritora de Irlanda del Norte, quien centra la historia en otro personaje fundamental del que se sabe muy poco, Anne Hathaway, la esposa del dramaturgo, a la que la novelista elige llamar Agnes (nombre que figura en el testamento de su padre).
El guion, escrito por la directora en colaboración con O’Farrell, consigue trasladar la acción y la esencia de la novela aunque no escapa a las concesiones propias del cine de época, vestuario, escenificación, sacrifica la estructura temporal e interiorización poética de los personajes con un tono más didáctico para el espectador; en la novela, por ejemplo, el nombre del esposo nunca es mencionado, en la película es Will (Paul Mescal).
La mujer imaginada, Agnes (Jessy Buckley) es una experta en hierbas medicinales, con dotes de adivinación, que deambula por el bosque, una especie de druida de mitología céltica, o wicca, bruja moderna; el matrimonio, el arduo trabajo de una esposa en la Era Isabelina, y sobre todo la muerte causada por la peste bubónica del pequeño Hamnet, densifican al personaje y la convierten en una mujer agraviada por la vida y por un esposo ausente. Jessy Buckley acaba de recibir el Globo de Oro por su actuación.
El trabajo de Chloé Zhao, realizadora china ganadora del Óscar y demás premios por Nomadland (2020), se muestra un poco apretada por el esquema novelístico, las exigencias históricas de una época tan controvertida como es la Era Isabelina, y quizá las expectativas de productores de nombres pesados como Sam Mendes y Steven Spielberg. Las concesiones dramáticas para asegurar el disfrute y las lágrimas del espectador son muchas; las conversaciones están salpicadas de frases conocidas de las obras del autor de Hamlet, los juegos de espada entre un Shakespeare-papá juguetón con Hamnet (Jacobi Jupe) para que Agnes reconozca al rubio Hamlet (Noa Jupe) en duelo con Laertes en la presentación en la escena de El Globo, una forma de homenaje a su hijo.
El mérito de Maggie O’Farril ha sido darle vida a la fantasía de muchos de pensar en una consorte digna de Shakespeare, reivindicar la fuerza de la mujer isabelina pese al sometimiento que descuidaba su educación, pocas mujeres aprendían a leer y aún menos a escribir. El personaje de Agnes debió haber seducido a una realizadora como Chloé Zhao, quien ha logrado destacar en una cultura adversa como la americana, capaz de elaborar un estupendo western como El jinete (The Rider, 2017) en la que muestra a un hombre literalmente roto capaz de sobreponerse a su desgracia. Públicamente la directora se define a sí misma como una neurodivergente, neologismo aplicado a aquellos que procesan sensorialmente de manera distinta a los demás, y el carácter inusitado de la heroína le queda bien.
Como mucho en la vida de Shakespeare, en realidad especular es una tarea fácil; antes de Hamlet, ya había un Hamlet, escrito probablemente por Thomas Kyd, además de tradiciones legendarias; el genio del dramaturgo no se complicaba tanto con la originalidad de sus fuentes, sino en interpretarlas y abrir dimensiones inimaginables de lo humano. Hamnet prefiere ignorar que en el testamento, el dramaturgo sólo parece legarle a Anne Hathaway, su viuda, ‘la segunda mejor cama’, frase que Carol Ann Duffy, magnífica poeta, interpreta como un guiño de ojo sobre ese lecho donde los esposos disfrutaban de lo mejor de la vida.