Teatro
Mauricio García Lozano protagoniza “Mr. Gwyn”, obra teatral basada en la novela de Baricco
Mauricio García Lozano interpreta al personaje principal de la pieza teatral “Mr. Gwyn”, basada en la novela homónima del italiano Alessandro Baricco (Turín, 1958).CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Es más conocido como director de teatro (ha estado al frente de más 50 puestas en escena), pero ahora Mauricio García Lozano, quien también es actor, interpreta al personaje principal de la pieza teatral “Mr. Gwyn”, basada en la novela homónima del italiano Alessandro Baricco (Turín, 1958)
García Lozano (Ciudad de México, 1970) narra en entrevista que es un proyecto largamente acariciado por un grupo de gente muy cercana a él, empezando por el director que es Alonso Íñiguez y el adaptador, Juan Cabello:
“Los dos fueron alumnos míos hace años en Casa Azul y han tenido carreras muy destacadas. Han florecido para convertirse en personas muy importantes en el teatro mexicano actual, y hay una cuestión como familiar en la sensación del equipo. Ellos me llamaron para integrarme, y como se sabe, me encanta dirigir, es quizá lo que más hago, pero amo profundamente actuar, pienso que entre más actúa uno, mejor dirige, y viceversa, creo que la experiencia del teatro se da y se verifica sobre la escena. Entonces cada vez que tengo oportunidad de actuar, lo agradezco infinitamente, y este es el caso porque aparte es un personaje precioso con un equipo precioso”.

La obra, a estrenarse este 15 de enero en el Teatro Helénico, se centra en Jasper Gwyn, un escritor que vive en Londres y, verosímilmente, es un hombre que ama la vida. Mas de repente tiene ganas de parar de escribir, aunque se halla en la cima profesional.
Es decir, renuncia de manera inesperada al prestigio literario para emprender la búsqueda de un sentido distinto. En ese tránsito, inventa un oficio singular: retratar personas, y como no sabe dibujar, lo hará con palabras, no desde la apariencia, sino desde aquello invisible que emerge cuando alguien es mirado con atención absoluta. Así, Mr. Gwyn transforma la escritura en un acto de intimidad y revelación, capaz de tocar la piel, habitar la belleza y nombrar el alma.
También integran el elenco Agélica Bauter, Arturo Reyes, Alejandro Morales, Lucero Trejo, Assira Abbate, Ana Sofía Gatica, Jacobo Liberman, Abraham Jurado y Luis Ra Acosta.
El además director de ópera y egresado del Centro Universitario de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México detalla que “Mr. Gwyn” es una obra muy a la Baricco:
“Soy el personaje que le da nombre a la obra y a la novela, que es un personaje entre extravagante, tierno, profundo e insondable. Los personajes del escritor italiano Baricco son enigmáticos, pero al mismo tiempo delicados, casi infantiles. En la trama, es un escritor que de repente decide ya escribir más, no desea la exposición pública ni nada que ver con lo mediático. Ya no quiere nada de eso. De buenas a primeras hace una declaración pública en un periódico y dice: ‘Entre otras cincuenta cosas que voy a dejar, es escribir libros para siempre’. Y provoca un gran escándalo porque es un escritor muy famoso.
“Pero necesita seguir haciendo algo, porque su vocación tiene que ver con el arte. Después de un rato largo de no saber bien qué hacer, descubre que le gustaría ser copista, retratista. Algo que no le implique necesariamente un proceso creativo, según él. Desea retratar gente. El problema es que no tiene habilidades de pintor, solamente posee habilidades de escritor, entonces lo que decide es crear retratos escritos con el objetivo de observar a las personas desnudas, a los modelos por decir algo, y en ese proceso de observación, silencio, contemplación, capturar su secreto para transcribirlo en lo que sería lo que él imagina que puede ser un retrato escrito. Y pone un estudio”.
Adelanta:
“Empieza a trabajar con una modelo a la que le tiene confianza y durante treinta y dos días la ve, la ve y la ve. Los modelos se dejan mirar desnudos, con todo lo que implica la exposición, la vulneración, el silencio y la complicidad. Es una proposición interesante, transgresiva. Justamente en este mundo en el que todo va a mucha velocidad, Baricco nos propone que a lo mejor la esencia del ser humano simplemente está en la reciprocidad de la mirada humana y en dejarse mirar, sin tapujos durante cierto tiempo. Y esa es la premisa de la obra de teatro y de la novela, y con eso se ha construido un espectáculo”.
-¿Qué ofrece esta obra teatral en este momento?, donde el audiovisual acapara todo.
-Primero que nada, la experiencia humana del teatro siempre tiene algo que ver con lo artesanal y con todo aquello que se aleja de la inmediatez, de lo multimediático. Tengo la sensación de que el teatro te regala la posibilidad de vivir un ritual humano en tiempo real que no se puede sustituir con nada. El teatro videograbado no existe, no es teatro, en fin. La experiencia de las artes escénicas, de las artes vivas, nos siguen dando ese espacio ritual de encuentro entre seres humanos.
“Casi siempre nos estamos encontrando a través de interfaces en la nube, la red, los chats, las redes sociales, los anuncios en el celular, etcétera, pero el contacto humano se está debilitando. El teatro ofrece esa alternativa. Esta obra en particular habla de dejarse ver, de humano a humano, con la búsqueda de descubrir justamente la esencia de la humanidad del otro ante la simple y pura contemplación entre seres humanos. Ofrece una alternativa bastante transgresiva al oleaje de la moda de nuestros tiempos, a la tendencia de lo de hoy. Es interesante de repente ir a ver”.
-¿Cómo recrea a su personaje?
-En este caso el señor Gwyn es muchas cosas conmigo, pero he querido como enfrentarlo desde un punto de vista muy honesto, con una sinceridad absoluta, no enmascararme en absoluto, sino tratar de fluir yo, Mauricio, el actor; Mauricio, la persona, a través de los ojos del personaje, a través de la historia que propone Baricco, no construir un disfraz o una máscara, sino más bien ocupar al señor Gwyn para en el mejor de los casos transparentarme, y con esta historia siento que me es posible, vamos a ver si es cierto, ¿verdad?”.
-La obra es muy reflexiva, ¿verdad?
-Sí, muy reflexiva, y estéticamente es muy hermosa porque nos regala la posibilidad de entrar en el estudio de Gwyn, ver todos esos cuerpos desnudos siendo vistos y al mismo tiempo viendo dejarse tocar por la contemplación. Creo que, aunque causa reflexión, igual, provoca goce estético y sobre todo experiencia.
Y termina:
“La obra implica mucho esfuerzo y abatir resistencias. Poseemos una atención ya muy limitada por lo instantáneo. Ya no ponemos atención en muchas cosas. Y estamos escrolleando la vida a gran velocidad”.