Teatro

Teatro: "Mucho ruido y pocas nueces"

Los colaboradores de la sección cultural de Proceso, cuya edición se volvió mensual, publican en estas páginas, semana a semana, sus columnas de crítica (Arte, Música, Teatro, Cine, Libros).
jueves, 25 de abril de 2024 · 11:39

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Las comedias de Shakespeare son menos conocidas que sus tragedias y sus dramas, y cuando las presenciamos en escena corroboramos su genialidad y lo contemporáneas que pueden ser. Así es el caso de Mucho ruido y pocas nueces, que forma parte de una trilogía de este género: Noche de reyes y Como gustéis, donde el amor y la venganza juegan un papel fundamental en el desarrollo de la trama.

Ahora tenemos la oportunidad de disfrutar “Mucho ruido y pocas nueces” bajo la dirección de Yulleni Vertti, que le da vitalidad y dinamismo utilizando diferentes recursos en cada una de las escenas.

La comedia “Mucho ruido para nada” (como también se ha traducido), está llena de mentiras y estrategias para unir o separar a los amantes. Como suele hacer Shakespeare, cuenta dos historias paralelas, en este caso, de amor: la que afirma la soltería --como la de Beatriz y Benedicto-- y la que enarbola el amor romántico --Claudio y Hero.

Diferentes grupos de personajes se organizan para unir a Claudio y Hero hasta lograr su compromiso, y por otro lado hacer creer a los rebeldes --constantemente enfrentados a través de las palabras-- que el otro está enamorado de su persona. Claudio y Hero representan ese amor romántico de la época donde los corazoncitos surgen a primera vista. Sin conocimiento de causa, pero sí por intuición, es fácil su encuentro, aunque difícil su consumación. El antagonista se hace presente para crear la intriga y vengarse. Tan sencillo como hacerle creer al enamorado que su prometida le es infiel, y que le creerá gracias al clásico comportamiento machista (y todos los demás también); de este modo la rechaza y la denigra sin siquiera ocurrírsele averiguar, preguntar, constatar las verdades.

En simultaneidad, la estrategia de unir a los renegados del amor es más elaborada. Inventan cartas de amor y dichos sobre el amor que uno profesa al otro para descubrir que tras esa negación del quererse enamorar, está la necesidad de ser amado.

En Mucho ruido y pocas nueces se confirma el poder de las palabras y del uso del lenguaje. La buena adaptación de Ramón Cadaval permite disfrutar y escuchar la sonoridad del verso libre, el juego de palabras, las construcciones elaboradas y sencillas que se van planteando. Y aunque las escenas complementarias de los personajes secundarios alargan y reiteran las tramas principales, la obra corre, brinca y salta, se detiene y profundiza, para disfrutar el verbo y la acción planteada por el dramaturgo inglés del siglo XVI.

El concepto de Yulleni Verti es muy atinado al convertir el escenario en un tendedero de ropa como metáfora ideal del lugar donde se hacen los chismes, se rumora, se hace ruido, mucho ruido, pero pocas cosas se asientan como verdaderas.

El juego escénico que la directora plantea es dinámico y divertido; la acción de tender la ropa, colgarla y descolgarla permite crear espacios e intimidad si se requiere, ocultar personajes, evidenciar un cambio de lugar, crear espacios simultáneos o arriesgarse a observar desde arriba de las mantas o en la ranura que se crea entre dos sábanas. En un tendedero, iluminado por Patricia Gutiérrez, hay números musicales, fiesta de máscaras, juegos de luz y sombra.

Cada uno de los actores sostiene bien su personaje aunque de manera desigual, y se contrarresta el hecho de que en los textos clásicos, como los de Shakespeare, predominan los personajes masculinos. Así, en esta puesta en escena, las actrices también los interpretan. Los actores de la obra son: la directora Yulenni Vertti, Martín Pérez, Mariana Batista, Danno Ramírez, David Lynn, Estela del Rosario, Luis Maya, José Ponce y Evan Requeira. Desgraciadamente en el teatro no hay ni programa de mano ni QR que pueda darnos acceso al reparto por actor y a los creativos, lo cual es un agravio contra los hacedores de teatro.

Mucho ruido y pocas nueces es una comedia de enredos que la directora y el elenco hacen ágil y chispeante. Una propuesta bien elaborada que se presenta en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández del INBAL hasta el 28 de abril: Jueves, viernes y sábado, a las 19 horas y domingos a las 18.

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