CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La violencia doméstica es un tema polémico, oculto y creciente que suele callarse por pena, por idealismo, por poca fuerza, por compasión.
Un beso en la frente lo muestra como es.
La obra, adaptada por Jimena Eme Vázquez desde un texto de la española Esther B. del Brío González, es dirigida por Isabel Toledo como un relato urgente e itinerante para ese público que debe verse ya en el espejo y reaccionar.
El llamado “relato escénico a dos voces” cuenta la historia de Ana, una chica --cuya edad desconocemos-- que conoce a Víctor Martín, un hombre romántico y detallista que la enamora en un abrir y cerrar de ojos, y con quien decide casarse al poco --muy poco-- tiempo. Todo parece ir bien hasta que, un día antes de la boda, el príncipe azul la golpea. Ana, consternada, sigue adelante con la boda, y a partir de ahí su vida se convierte en un verdadero infierno.
Así, tres generaciones de mujeres --abuela, madre e hija-- viven aterrorizadas por el hombre con máscara de ángel. Invadidas por una herencia de impotencia, frustración y soledad, tendrán que unir las pocas fuerzas que les quedan para liberarse.
Dueto poderoso
Todos los personajes de
Un beso en la frente son representados por un dueto bastante poderoso en un complicado ejercicio de fluidez. Tae Solana y Assira Abbate --unificadas en vestuario con overol azul y botas negras-- son las responsables de llevar la historia, crear música en escena, mover objetos y prender y apagar lámparas. Quizá demasiado para ellas solas.
Gran parte del texto es narración dirigida al público, contando episodios pasados de la turbia historia. Éstas se intercalan de pronto con escenas representadas, donde no siempre interpretan al mismo personaje.
Aunque se trata de un tema fuerte y urgente, la forma de abordarlo cae a ratos en el melodrama, donde todo lo malo que le puede pasar a estos personajes les pasa. Hay muchas lágrimas, mucha desolación. Si sucede per se en la historia, repetirlo en las acciones lo hace perder fuerza.
Quizá por la naturaleza intimista de la pieza, sólo se utiliza del gran
teatro Juan Ruiz de Alarcón el escenario, que divide obra y espectadores sentados en butacas sobrepuestas. Como escenografía hay de frente una sala sobre un fondo pintado con girasoles; a cada uno de los lados un tablón, el primero con letreros y objetos que se utilizarán a lo largo de la representación, el otro con objetos de los que disponen las actrices para crear sonidos, los cuales se graban y luego se reproducen una y otra vez. Con la fuerza de las acciones, narración y convenciones se reconstruyen un montón de espacios sin necesidad de convertir físicamente la utilería.
Un beso en la frente fue diseñada como un dispositivo itinerante, pues visitó alrededor de 20 planteles universitarios durante la gira realizada por el Quinto Aniversario del Sistema Universitario de Lectura Universo de Letras, durante los meses de septiembre y octubre de 2019. Luego contó con una breve temporada en el Juan Ruiz del Centro Cultural Universitario, que concluyó el pasado 2 de febrero. Este año continuará presentándose en recintos escolares, aunque las fechas están aún por confirmarse.