Venezuela

Venezuela: una conquista pendiente de realizarse

La falta de una reacción o de oposición efectiva de parte de los restantes gobiernos puede dar lugar a que Trump, mientras sea presidente, pueda invadir cualquier país y privarlos de sus autoridades legítima o ilegítimamente electas.
miércoles, 7 de enero de 2026 · 06:00

Donald Trump, al haber consumado el secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa, dio por solucionado el problema que tenía con los gobernantes venezolanos. Supone que la realización de esas detenciones implica la conquista de ese país; que puede imponerle autoridades y condiciones, entre otras, la de disponer de su petróleo, como si de fundos propios se tratara. 

Pudiera tener razón. Él, por virtud de su cargo: presidente de una superpotencia, de la información privilegiada a la que tiene acceso –que no tenemos los mortales comunes y corrientes–, está en posibilidad de afirmarlo y, por razón de su acto de fuerza y de las armas con que cuenta, de llegar a vías de hecho: apoderarse de su riqueza.  

En el pasado así dio por concluido otros problemas: el de Irán, la franja de Gaza, Israel y Ucrania.Entiendo que su acto de conquista no implicó, por ahora, la presencia permanente de tropas norteamericanas en territorio venezolano. Se limitó a imponer autoridades; el tiempo dirá si son títeres y dóciles. El susto y la rapidez con que actuaron los secuestradores dejó estupefactos y aturdidos a los venezolanos, incluyendo a sus autoridades y fuerzas armadas. 

Por el lado de los invadidos, era de suponerse que, ante las amenazas reiteradas de Trump, Nicolás Maduro y su equipo de seguridad tuvieron la previsión de anticiparse a ellos y dar respuesta a los diferentes escenarios a los que, tanto él en lo personal, como Venezuela como país, podían enfrentar. Era de esperarse que tenían previsto:

Quién, de manera responsable, convincente y comprometida con su política populista, lo supliría en la presidencia de la república y hacerse cargo de la continuidad del proyecto iniciado por Hugo Chávez. 

Dadas las características del territorio venezolano, quiénes se harían cargo de encabezar y sostener una resistencia prolongada recurriendo, entre otras vías, a la guerra de guerrillas, a la ejecución generalizada de sabotajes en los fundos petroleros e infraestructura: vías de comunicación, en general, puentes, centrales eléctricas y depósitos de combustible; 

 La actuación de ideólogos del partido que, ante su eventual ausencia, defendieran la causa.

Establecer, de manera secreta, en diferentes partes del territorio depósitos de armas, alimentos, explosivos y dinero para proveer a los movimientos armados y de guerrilleros que, en defensa de la llamada revolución bolivariana, pudieran actuar. 

Ante tantas habladas que lanzó a las autoridades de Estados Unidos era de suponerse que contaba con planes A, B, C, D y E, para hacer frente a cualquier eventualidad. 

Trump. Tras la invasión a Venezuela, nuevos objetivos en AL. Foto: Alex Brandon / AP

Y tuvo la precaución de instruir a grupos paramilitares y a líderes para encabezar una oposición prolongada, con el objeto de repeler la agresión, desgastar al invasor y no permitir que un presidente títere estuviera en posibilidad de ejercer su cargo.

Ahora es cuando Maduro y su gente tienen que demostrar de qué madera están hechos, que se excedieron en previsiones y medidas para hacer frente a cualquier eventualidad.

Como se presentan las circunstancias al parecer Maduro demostró no serlo: no estaba maduro, que está tierno o, como se dice en mi tierra: que está atenqui, es decir: verde; incurrió en un error imperdonable: al parecer, él y su esposa dormían en la misma casa al momento de ser capturados.

Aunque es prematuro, en este momento no se ha visto que el adoctrinamiento de sus seguidores haya dado resultados. No se ha hablado de sabotajes y de atentados, tampoco de manifestaciones masivas en defensa de la revolución bolivariana. Maduro, para su seguridad, no confiaba en los soldados venezolanos. Murieron en su defensa decenas de guardias cubanos.

Los altos mandos del ejército; cubanos y venezolanos, no se han repuesto del susto; lo más previsible es que, pese a todas las promesas de fidelidad y de luchar hasta la muerte, ahora que ha llegado el momento de definirse, como buenos militares que son, más busquen acomodo en el nuevo gobierno; y, con el fin de preservar sus privilegios, más estén acordes en aceptar el nuevo estado de cosas que en correr una aventura en defensa de una ideología con las que, a partir del 3 de enero, ya no están de acuerdo. 

Un sabotaje a los fundos petroleros sería suficiente para desalentar a cualquier inversor extranjero y para poner en evidencia que la conquista de Venezuela está muy lejos de haber concluido. 

Gaza. Antecedente del intervencionismo de EU. Foto: AP/Abdel Kareem Hana

Con el tiempo, atentados o secuestros selectivos de los posibles inversores o de sus técnicos, pondrían en evidencia que invertir en ese país invadido es un mal negocio. 

Si Maduro, por soberbia, no previó los diferentes escenarios que podían presentarse, fue un irresponsable imperdonable y merece pasar el resto de su vida en prisión y que su supuesta ideología de izquierda sea repudiada.

La falta de respuesta de los venezolanos pondría en evidencia que: 

  • El grueso de los venezolanos no estaba de acuerdo con Maduro y con su programa político, económico y de beneficio a las masas. 
  • Había recurrido al fraude electoral para sostenerse en el Poder. 
  • De manera irresponsable no había hecho trabajo de adoctrinamiento.
  • No había tenido la precaución de establecer células terroristas dormidas que despertaran y actuaran a una señal que se les diera.

La oposición al atentado de parte de las naciones americanas fue escasa; ello es prueba de la impopularidad del depuesto y el temor que suscita el agresor. Nadie rompió relaciones con éste ni se pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Trump ha señalado cuáles son las próximas víctimas: Cuba o México, no importa el orden. El enunciado “América para los americanos” se ha convertido en una realidad permanente e indiscutible.

La falta de una reacción o de oposición efectiva de parte de los restantes gobiernos puede dar lugar a que Trump, mientras sea presidente, pueda invadir cualquier país y privarlos de sus autoridades legítima o ilegítimamente electas.

El concepto soberanía, como cualidad de un Estado, no existe cuando está de por medio un Estado débil. Están a salvo de agresiones las grandes potencias: Rusia, China y la India. El derecho internacional, como disciplina jurídica, ha dejado de existir.

Ante la violación de la soberanía de una nación independiente, no podía faltar una farsa y un farsante: otra salida de AMLO y que una invasión sea otro motivo para que vuelva a hablar. 

Él, al hacer acto de presencia de manera mesurada, pudo haber tenido en mente dos circunstancias: 

Una, sus antecedentes o precaria situación a la vista de nuestros vecinos.

Dos, las visas de sus hijos. Antes de llegar a vías de hecho y encabezar una oposición generalizada a la invasión norteamericana, seguro pensó: si a los norteamericanos se les ocurre realizar en mi finca una acción parecida a la emprendida contra Maduro y yo sin soldados cubanos que me resguarden, ¿qué hago? ¿Dónde, esos pobres hijos míos, irán a vivir y gastar los pocos centavos que tienen? Concluyó: calladito me veo más bonito. Tiene razón el dicho, que llega a proverbio: no hay loco que coma lumbre.

En defensa de Venezuela AMLO no propuso a los mexicanos algo concreto. Se limitó a seguir su práctica habitual: hablar. En su crítica, que no fue censura y, muchos menos reprobación, contrariamente a lo esperado, hubo prudencia. No invitó a los mexicanos a salir en defensa de Venezuela con las armas en la mano, como recuerdo que lo hizo el general Lázaro Cárdenas en abril de 1961, ante la invasión a Cuba. En ese entonces él, subido en un automóvil, en el Zócalo de la Ciudad de México, frente al viejo edificio del Ayuntamiento, nos invitó a enrolarnos para defender al país invadido. Yo lo oí; yo fui testigo de los hechos y de su discurso. 

AMLO. Hablar sobre Venezuela. Foto: Miguel Dimayuga

Hubo algo concreto: AMLO aumentó otro pretexto para hablar y volver al escenario público: la invasión a Venezuela. Tenemos que acostumbrarnos a que semanalmente vaya agregando otros pretextos para regresar, hasta que, finalmente, recurra a la práctica de establecer una mañanera diaria que corra paralela a la que tiene la presidenta formalmente en funciones. 

Un favor les pediría: que se pongan de acuerdo para que sus mañaneras no se empalmen. Dado a que AMLO es madrugador, le propongo que sus habladas las eche a partir de las cuatro de la mañana y que, sin falta, deje de hablar tres horas después, para dar lugar a la mañanera oficial.

Si Maduro y su esposa cooperan con las autoridades norteamericanas, es de esperarse que reciban sentencias benignas y que, con otra identidad, se queden a vivir entre esos, para él, odiados imperialistas.

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