Estreno editorial
Elmer Mendoza: “No quiero aparecer tirado por ahí y que digan: ‘Sabía demasiado’”
Tras cuatro años de ausencia, el maestro de la novela negra, Elmer Mendoza, lanza “La sirena y el jubilado”, una historia de resistencia femenina y crimen organizado.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Instantes después de haber recibido la noticia de que le entregarán el IX Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura (creado en 2018 por la Universidad de Guanajuato), Elmer Mendoza, considerado uno de los maestros de la novela policiaca contemporánea, conversa con Proceso sobre su catorceava novela, La sirena y el jubilado, editado por Alfaguara, donde se acerca a la narcopolítica, la disputa por el poder, la violencia de género, mujeres que luchan por la justicia, vejez, corrupción e impunidad.
Su emoción por ese reconocimiento es notable:
“Se experimentan unas vibraciones muy extrañas, muy diferentes. No sé… No puedo definirlo. Deben pasar algunos días para que diga lo que experimento. Desde luego, puedo decir que me siento muy honrado. Jorge Ibargüengoitia es uno de los autores referentes de la literatura latinoamericana. Un hombre muy importante y muy simpático. Siempre es nuestro referente en el humor, igual en la crítica, en tocar las debilidades sociales y el mundo del universo del delito. Es un autor con el que crecimos un poco y como escritores también nos entrenamos. Me agrada mucho. Espero que me expliquen por qué me lo dieron”.
Mendoza (Culiacán, Sinaloa, 1949), además de ser representante de la llamada “narcoliteratura”, es dramaturgo y cuentista; creció en el campo al lado de su abuelo materno.
Ahora su nueva historia (no publicaba un libro desde hace cuatro años) es protagonizada por una mujer, Carmen Larrañaga, quien parece tener todo en contra, y, ante las violencias que padecen las mujeres, ha decidido lanzarse como candidata a diputada federal por su ciudad. Sin embargo, los dirigentes de su partido (el Partido Democrático del Pueblo Bueno) le niegan su apoyo porque impulsarán al oportunista Carlos Felipe Vega Fernández, cuyas alianzas se extienden como tentáculos hasta el crimen organizado. Pero éste no será su mayor obstáculo.
En su primer acto de campaña como candidata independiente, Carmen recibe dos balazos de un tirador furtivo que la dejan malherida. La joven candidata no se amedrenta; su mensaje ha calado rápido y hondo, y tiene el respaldo de un grupo de tenaces amigas. Pero ¿cómo hacer una campaña sabiendo que el enemigo acecha, un enemigo que puede estar en las filas de su poderoso expartido o en las filas de un grupo criminal igualmente poderoso? Carmen necesita protección y la encontrará en la imprevista figura de Néstor del Valle, un guardia de museo jubilado. ¿Será suficiente?
–La sirena y el jubilado, un retrato del mundo de la mujer, también es una pintura de la situación de México. ¿Qué lo impulsó a escribir dicha historia? –se le pregunta al también catedrático de Literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y presidente del Colegio de Sinaloa.
–En un retrato de México sí pensé en escribir una novela con un personaje femenino. En nuestras conversaciones con mis amigos, incluso con mi mujer, Leonor, siempre consideré crear un personaje central femenino, pero me daba temor, miedo, porque las mujeres son un universo y es un universo al cual los varones nunca llegamos a conocerlo, pero me parezco a Carmen porque me gustan los retos, y ¡ahí voy!
“Corrijo mucho mis escritos, pero antes lo pienso mucho. Años puedo pasar a ver qué tengo que hacer, y traté de investigar mucho sobre la mujer, ¿qué han hecho? y ¿qué han sufrido? a lo largo de la historia, y la importancia que tienen, lo que se les ha negado, sobre todo en la edad media que casi las desaparecen.
“Entonces, todo eso me va reforzando las intenciones de escribir sobre un personaje femenino y un día lo intenté y sale mal y al día siguiente corrijo y vuelvo otra vez, y luego vuelvo otra vez y otra vez hasta que un día el discurso empieza a correr.
¿Qué es lo que tengo que contar de una mujer?, aunque yo leí novelas de la escritora española Corín Tellado, me decía: ‘Debe ser distinto’. No podía tampoco ser como la escritora inglesa Bárbara Cartland. Es cuando decidí que mi personaje posee aspiraciones de su tiempo y tienen que ver con el país donde vive. Y, bueno, la hice crecer poco a poco.
–La novela la ubica en Sinaloa, donde usted nació, un estado con una historia de violencia desde hace muchos años, ¿verdad?
–Nosotros los sinaloenses somos un pueblo que siempre despertamos temprano.
–¿Cómo fue construyendo a Carmen?, porque tiene un pasado muy complicado y un presente igual difícil, ha sufrido, pero su fuerza es por la fuerte convicción de generar un mejor camino para la mujer.
–Ella es una serrana y las mujeres serranas en Sinaloa son muy bellas. Dicen que es la mezcla de los franceses que llegaron ahí. Les dieron ojos de color y la piel blanca, y la presencia de las serranas es imponente y son muy fuertes, suben y bajan la montaña, mas ahí se desarrolló el narco y generalmente las chicas tienen un valor como mercancía, por lo que los narcos poderosos van por ellas, y es lo que le pasó a Carmen. Sufre muchos años, es linda, canta muy bien y quiere ser cantante. Soporta la primera agresión que dura algunos meses y le cuesta mucho salir de eso. En esta etapa planteo que Carmen es una mujer inteligente con un cuerpo bello y momentáneamente se adapta, pero dice: ¡Mangos!, y prepara su fuga.
“Comprende que debe estudiar, aprender y prepararse. Sabe que no basta con ser hermosa. Hace todo el proceso e incluso ya cuando puede ir con los abuelos, porque matan al tipo que la busca. Los abuelos le financian la carrera e ingresa a ciencias políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los que estudian esa carrera pueden analizar la política o entrar a los partidos buscando hacer carrera, ella hace lo segundo, pero la bloquean. He escuchado a amigas que se dedican a la política, que no hacen revelaciones, pero los novelistas tenemos como siete sentidos, al final pongo imaginación e interpretación para elaborar a Carmen y su referente es su abuela”.
Aprender siempre
Carmen es apoyada por Néstor, un guardia de museo jubilado. ¿Cómo lo crea? Además, recobra fuerza cuando piensa en su mujer, una pintora ya fallecida.
Mendoza responde que el amor es como un manto que debe hacernos fuertes. “Uno debe darlo así a la persona que ama y uno debe recibirlo de esa manera; es el caso de Néstor, quien siempre está enterado qué le va a pasar a su mujer y él está ahí y ella también. El amor lo utilizan para hacer mejores momentos. Néstor es retirado, hace ejercicio por el entrenamiento que tuvo de joven y sabe que debe mover el cuerpo. Todas las madrugadas se va a hacer ejercicio, cuida su alimentación, pero también cuida la parte emocional. Es un lector y además su principio es aprender algo todos los días, así se mantiene activo.
“Él un día hace una buena acción y es con Carmen, una joven política que viene hecha para adelante, y luego la ayuda tras sufrir una agresión, y empieza una amistad entre ambos. Hay un momento en el cual le confiesa a ella que fue guardia de seguridad, y Carmen le pide ayuda, pero le aclara, que fue de un museo. El secreto de Néstor es que pertenecía a un grupo que se preparaba físicamente”.
El creador del detective Edgar el Zurdo Mendieta explica que lo que quiere es que el personaje de Néstor represente que la jubilación simplemente es un nuevo estado, que eso no nos inhabilita para seguir haciendo cosas por los demás, el país o por lo que se quiera. “Es un tipo que lee al nicaragüense Sergio Ramírez. ¡Ah!, cuando Sergio lea la novela se va a reír”.
Mendoza, quien hacia 2008 obtuvo el III Premio Tusquets Editores de Novela por Balas de plata, que lo consagró como escritor de primera fila en el panorama de la novela hispánica, niega que Carmen sea un homenaje a la mujer:
Nunca pienso en eso. Deseaba un personaje fuerte, ejemplar, que se moviera dentro de las páginas y los lectores lo notaran. Desde mi primera novela del siglo pasado, Un asesino solitario, aplico lo que llamo el elemento entrañable, o sea, algo que ligue mi personaje o mis personajes con los lectores. Y en este caso pensé que es la fortaleza de Carmen, no darse por vencida y su humanidad.
“Es decir, es una chica herida, la están protegiendo, la cuidan e imagina relojes de Salvador Dalí, pero está firme. Y recuerda la voz del padre. Cuando escribí eso, había platicado con Leonor, y le expresé: ‘¿Te acuerdas de la voz de mi suegro?’, su papa ya falleció, y me respondió que sí. Ella me preguntó lo mismo, y le mencioné que sí recuerdo la voz de mi papá, quien murió hace muchos años. Es como una marca que uno acarrea, aunque te hayas llevado mal con el papá, que no es el caso de ella, ni mío.
“Con Carmen me invento esa imagen para darle a ella ese estado emocional complicado que posee porque está herida, porque está recordando y ha decidido confiarle a un hombre su seguridad, quizás con la idea de solidificar el vínculo entre ellos”.
–¿Siempre pensó en abordar la violencia de género en la novela?
–No estrictamente porque Vega Fernández cuenta con una madre ejemplar. Él tiene todo el poder porque siempre ha tenido todo. No necesita de nadie para vivir y está protegido porque Laila, la adivina de confianza del político, es como una voz mágica que le dice: “Compórtate y cuidado, a esa muchacha no la agredas. Juega bien. Y no te andes metiendo con mi hija”.
–Por supuesto, otro tópico desarrollado en el libro es la narcopolítica, un conflicto que padece México y cada vez más fuerte, e igual crece el número de candidatos agredidos o asesinados. ¿Qué puede decir de ese tema que usted desarrolla?
–Es uno de los temas más graves de la nación, que tiene nuestro gobierno, nuestra sociedad, y espero que de alguna manera avance en ese terreno porque no se resolverá rápido. En descargo diría que no es un problema exclusivo de México, me atrevería a decir que es de América Latina, no tengo dudas. Puede ser, digamos, la parte que tiene que ver con el narco, pero igual es la delincuencia de cuello blanco que siempre está muy bien relacionada con el poder. Alguien trabaja más sobre esa frase que dicen: vale más los intereses que los amigos; yo cuido mis intereses y no a mis amigos, o tengo intereses, pero no amigos.
–Se acabó el compromiso social de los políticos…
–Sí, no sabrá decir qué político de este siglo lo ha tenido estrictamente. Hay ejemplos claros en nuestro país así muy potentes, quizás el caso de Chile es más notable, con Salvador Allende. Uno ve el resto de América y se pregunta ¿qué ha pasado?, lo mismo Centroamérica.
En nuestro país siempre se habla de Lázaro Cárdenas y él sigue estando allí; pero en la actualidad, yo al menos no experimento que pase algo así. En México son 130 millones de habitantes, donde más de la mitad está en pobreza extrema, aunque no se diga eso, y la principal fuente de ingresos es de la economía informal.
–La situación del país está retratado en el volumen de 291 páginas. Lo de la captura y muerte del narcotraficante Nemesio Rubén Oseguera, el Mencho, es más que una novela, ¿verdad?
–No me gustaría hablar de eso.
–¿Hará algún día una novela al respecto?
–Creo que hay que esperar. Hay mucha especulación y para un novelista eso es material de primera mano, pero tenemos que seleccionar. Lo que yo te puedo decir es que confío que con la presidenta Claudia Sheinbaum habrá un avance. Es una mujer de carácter, aunque no tiene las manos completamente sueltas, pero al menos un hombre de su equipo puede impulsar un programa, Omar García Harfuch. Él me cae bien, lo acabo de saludar y felicitar por su cumpleaños.
“Ese asunto no es una cosa rápida. No puedes acabar con eso de un día para otro porque es de hace años, más de un siglo realmente. Deben ir con mucha calma. Los enemigos son muy, muy fuertes, y no solamente los enemigos políticos de ellos, sino los que provocan el caos y la inseguridad en el país. ¡Son muy fuertes! Y no de ahora, siempre han sido muy fuertes. Pueden ser mitos o pueden ser realidades. Es un tópico que no me interesa saber, no quiero después aparecer tirado por ahí y digan: ‘Sabía demasiado’”.
–¿Seguirá escribiendo en torno del narcotráfico y la política?
–No puedo evitar que en mis libros se cuelen cosas de mi país. Por hora estoy escribiendo una novela de ciencia ficción, y es igual: una lucha por el poder.
–Ese es su tema: la lucha por el poder en toda su obra.
–La lucha por el poder ha existido siempre, los faraones, los griegos, los romanos, Julio César no llegó nomás por guapo. Todo es una lucha tremenda por el poder desde que era joven. Hace poco leí la frase de Fidel Velázquez que decía: “A balazos llegamos al poder, y sólo con balazos nos van a sacar; no con votos”. Yo creo que por eso estarán haciendo la reforma esta electoral.
–¿Qué opina de que ya está circulando su novela La sirena y el jubilado?
–Me siento muy bien. Conforme pasan los días y tengo conversaciones con personas que han leído el libro me hablan de la fuerza de Carmen Larrañaga y eso es inesperado. Yo como novelista siempre estoy pensando en el trabajo estético, el cambio de plano, los monólogos interiores, en todos los juegos narrativos que hago, y nunca estoy pensando en el impacto que puede causar la historia.
–¿Y le gusta que le digan escritores, como el español Arturo Pérez-Reverte, que usted es uno de los maestros de la novela policíaca contemporánea?
–Eso es un halago muy grande, es un reconocimiento. Puedo pensar que el Premio Ibargüengoitia tiene que ver con eso. Pero ya lo voy a saber. Supongo que me avisarán por qué me lo otorgan.
El reconocimiento que lleva el nombre del autor de Las muertas, Los relámpagos de agosto, Dos crímenes y La ley de Herodes se le otorga a Mendoza por su destacada trayectoria en la categoría de novela negra y se le dará el próximo jueves 19 de marzo, en el contexto de la inauguración 68 de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Guanajuato.