Centenario de Jaime Sabines

A cien años de su natalicio: Sabines, el amoroso que no calla

El centenario de Jaime Sabines recuerda al poeta que convirtió la palabra en un acto cotidiano y profundamente humano. Su obra, marcada por la celebración del amor y la protesta contra la muerte, se mantiene viva en lectores de todas las generaciones.
sábado, 21 de marzo de 2026 · 07:00

Perteneciente al grupo de la Generación del Medio Siglo, el chiapaneco Jaime Sabines, probablemente el poeta más leído por el público general debido a su estilo coloquial, será homenajeado durante todo el año por los cien años de su natalicio, el cual será este 25 de marzo.

Falleció el 19 de marzo de 1999 en la Ciudad de México y fue capaz de llenar al tope con jóvenes el Palacio de Bellas Artes y la Sala Nezahualcóyotl de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Por el siglo de su onomástico, el cronista, ensayista, narrador, poeta, traductor, investigador y profesor de literatura Marco Antonio Campos (Ciudad de México, 1949), el activista ambiental, poeta y diplomático Homero Aridjis (Michoacán, 1940), la periodista cultural Pilar Jiménez Trejo (Ciudad de México, 1966) y la escritora, gestora cultural y directora del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas (Coneculta) Angélica Altuzar (Chiapas), hablan con Proceso del estilo de Sabines: su verso directo y descarnado, y que halló en el poema en prosa un vehículo muy natural. Los entrevistados aseguran que el autor de Los amorosos sigue vigente, valorado y muy leído a escala popular.

Campos subraya que la obra de Sabines (Tuxtla Gutiérrez, 1926) es “engañosamente sencilla, profundamente terrenal, complejamente humana, que va del corazón del poeta al corazón del hombre”. Sigue:

“Dos son los grandes momentos en la poesía de Sabines: Tarumba (1956) y Algo sobre la muerte del mayor Sabines. El primero es un libro-poema y el otro un solo poema. Tarumba es uno de los volúmenes ‘raros’ de la poesía mexicana. Tiene encanto y magia. Hay juegos, felicidades, ternuras, deseos e iluminaciones, pero también desilusión, amargura, hastío. Es un ejemplar donde Sabines, en sus oscuros años tuxtlecos (1952-1957), se aferra más estrechamente a la vida, es un grito afilado a la vida”.

Además, considera a Algo sobre la muerte del mayor Sabines “una de las elegías más descarnadas, más estremecedoras que hemos leído, y el poema es una protesta sobrehumana contra la muerte, desde el primer verso aprisiona al lector y sentimos el dolor y la angustia de la espera del hijo a la espera de la gran caída del roble sirio chiapaneco”.

—Sabines se centraba mucho en el amor, el desamor y la muerte, ¿qué opina de los tópicos en su obra?—se le pregunta.

—Sabines lo mencionó en las últimas líneas de Maltiempo: “He repartido mi vida inútilmente entre el amor y el deseo, la queja de la muerte, el lamento de la soledad”. El desamor, no. En Sabines hay siempre la celebración amatoria. Los dos cuerpos se unen y son un solo cuerpo desnudo. “El amor es el silencio más fino”, dice en un admirable verso de Los amorosos. “No es que muera de amor, muero de ti”, dice en una bellísima línea de Yuria. Por sus poemas amorosos es en los que se reconoce la gran mayoría de sus lectores.

Acaba:

“Diría que, como el chileno Gonzalo Rojas, no sólo era un gran poeta al escribir, sino también al conversar”.

En una entrevista para Proceso del 12 de marzo 1984, se le cuestiona a Sabines ¿cómo llegó al lenguaje coloquial?

Fue algo natural, instintivo. Simplemente descubrí un camino y lo desarrollé. Para mí las palabras no tienen una carga ética, simplemente expresan, dicen algo. Nunca le he tenido miedo a las palabras, lo que he tenido son dificultades con ellas, no miedo.

Aridjis acentúa que el creador de Horal “nos dejó una voz muy personal en la poesía mexicana”. Luego narra:

“Muchas veces se sentía como un poeta coloquial por su espontaneidad en la poesía. Nunca parecía rebuscado o sofisticado. Siempre me gustó mucho su franqueza, que era parte de su honestidad intelectual. Era un hombre muy sincero y muy reticente al elogio. Con él tuve muy buena relación. Repito, se percibe en su poesía la sinceridad”. 

Enseguida el autor de Mirándola dormir se centra en el lenguaje coloquial de Sabines: 

Esa forma era parte de su personalidad. No era un estilo literario, sino más bien una manera de ser, y los tópicos que abordó eran muy propios de él. Convirtió la poesía en algo muy cotidiano. Fue un buen poeta, no sólo de México, sino del habla hispana.

Sabines fue hijo de Julio Sabines, un inmigrante libanés que llegó a México siendo un niño y consiguió ser mayor del Ejército. Su madre, Luz Gutiérrez, formó parte de la aristocracia chiapaneca, que años después perdió todo con la Revolución.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 0033 de la revista Proceso, correspondiente a marzo de 2026, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.

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