Opinión

La fingida paz entre Israel y Líbano

Sin que se haya firmado documento alguno, como suele suceder en los acercamientos entre esos países, en la reunión en Washington, Líbano e Israel reafirmaron su derecho a “vivir en paz y seguridad en sus fronteras reconocidas internacionalmente”.
domingo, 7 de junio de 2026 · 06:00

Los acercamientos y alejamientos entre judíos y cristianos maronitas en Líbano han sido constantes, por lo que se supone que allanaría el camino hacia la paz, pero sucede todo lo contrario, al ver a Líbano brutalmente bombardeado por Israel; sobre todo, porque hay un tercero en discordia que es Hezbolá, fortalecido en las desaveniencias de los “otros” en la historia reciente. Y sin siquiera una definición clara de qué es ese grupo o a quiénes afilia. Para los israelíes se trata solamente de un grupo “terrorista”, calificativo que le endilgó el gobierno de Estados Unidos apenas hace unos años, lo mismo que ha hecho con Hamás, por lo que siempre anteponen el calificativo cuando se habla de ellos, y dejan de lado que son y han sido integrantes de los gobiernos y son partidos políticos que participan en sus elecciones.

Reunidos en el Departamento de Estado en Estados Unidos, representantes de Líbano y de Israel, el 15 de mayo acordaron ampliar por 45 días el alto al fuego. Dos puntos pueden destacarse: primero, que se trata de un eufemismo porque no ha transcurrido un solo día en los últimos meses sin que el sur de Líbano e incluso su capital, reciba una andanada de bombas que han causado miles de muertos y destruido pueblos enteros. Segundo, que Israel declaró la guerra a Hezbolá y no a Líbano, aunque su territorio es el de las batallas. Por ello el ejército israelí ha avanzado en el sur y es allí donde ha encontrado la resistencia de Hezbolá. Y casi al tiempo de esa reunión, el sector central de Líbano-Sur, en Rchaf de Bint Jbeil era tomado luego de un asedio de varios días. Lo mismo que ciudades de las más grandes del país como Nabathie. Cerca de allí se localiza la fortaleza de Beaufort en pie durante 10 siglos pese a los ataques que en los últimos tiempos le ha propinado Israel, en 1982 en que lo tomó, en 2000, en 2006 y otras fechas, hasta la de este año en que su bandera señorea en su maltrecha cúspide. Un lugar emblemático por las batallas entre musulmanes y cristianos que lo disputaron en las Cruzadas, por lo que hoy se le considera privilegiado por la UNESCO, sin que parezca importar.

Nawaf Salam. Reclamos a Hezbolá. Foto: X  @nawafsalam.

En tanto, el primer ministro libanés Nawaf Salam se ha expresado duramente en contra de Hezbolá, llamándolo a dejar de actuar en favor de los intereses extranjeros, refiriéndose sin mencionar a Irán que le provee de recursos y armamento. Le reclamó “insultar nuestra inteligencia al calificar de victoria los desplazamientos y tragedias”, como si se tratara del único responsable. Y es que el gobierno no sabe cómo contener a los libaneses sureños que han colocado sus tiendas de campaña en las calles de Beirut, frente al mar Mediterráneo y amenazan con ocupar permanentemente propiedades privadas, de las que las más importantes son las de la fundación Solidere, encargada de la restauración de los lugares céntricos más bellos.

Sin que se haya firmado documento alguno, como suele suceder en los acercamientos entre esos países, en la reunión en Washington, Líbano e Israel reafirmaron su derecho a “vivir en paz y seguridad en sus fronteras reconocidas internacionalmente”. Por su parte, Israel “afirma su pleno respeto a la integridad territorial y de la soberanía de Líbano en fronteras reconocidas... y se compromete a retirarse del conjunto del territorio libanés, renunciando a toda ambición de expansión territorial”.

Además, las fuerzas israelíes “regresarán el conjunto del territorio libanés ocupado a las fuerzas armadas libanesas” que asegurarán “completa responsabilidad de la seguridad, paralelamente a los esfuerzos de reconstrucción, y los ciudadanos libaneses desplazados regresarán al sur reconstruido, bajo la soberanía plena del Estado libanés, sin representar ninguna amenaza para el Estado de Israel”. Ambos países acordarán, con el apoyo de Estados Unidos, “las modalidades prácticas y calendarios de la puesta en marcha de ese proceso”.

Con el fin de reforzar la autoridad del Estado libanés, Estados Unidos y sus colaboradores internacionales se comprometen a sostener un programa de formación y equipamiento del ejército libanés con “fuerzas armadas profesionales y capaces”, porque Hezbolá no los representa, aunque es la única fuerza armada que ha hecho frente a las fuerzas armadas de Israel, sin ningún efecto.

En lo que concierne a Líbano, se compromete a:

  • Restablecer la soberanía.
  • Tener como prioridad el restablecimiento de la autoridad plena del Estado sobre el conjunto del territorio libanés, garantizando la protección de las fronteras y la seguridad de sus ciudadanos.
  • Retorno de los desplazados y la reconstrucción en el sur del país, con una ayuda económica eficaz y esfuerzos de reconstrucción permanentes.
  • Liberación de todos los detenidos por parte de Israel y la restitución de los muertos.
  • Establecer mecanismos de verificación independiente para evitar fracasos de los arreglos precedentes. Sobre todo, aquellos que garanticen la puesta en marcha de una obra progresiva y verificable sostenida por Estados Unidos, garantizando la ejecución de los compromisos sin atentar contra la soberanía de Líbano.
Netanyahu. Destrucción de Líbano. Foto: Ilia Yefimovich / AP.

En esta carta de buenas intenciones, porque no es otra cosa, aparecen los propósitos con las justificaciones de siempre. Se habla de reconstrucción sin mencionar a cuánto puede ascender ni a quién corresponde cubrirla mientras Israel continúa con los bombardeos y de campaña de destrucción de infraestructura, de tal forma que ya puede hablarse de “territoriolicidio”, porque como vaticinó el gobierno conservador de Benjamin Netanyahu, que no para en su propósito de volver a Líbano a la “edad de piedra”.

Tampoco se habla de tiempo y se puede imaginar lo largo del que llevará la reconstrucción si, por lo acontecido, de acuerdo con la narrativa que se va imponiendo, se insiste en que Israel actúa solamente en defensa de su ciudadanía frente al peligro que representa Hezbolá. Los datos de la campaña que tiene lugar muestran algo muy diferente, iniciando su periodo más duro el 2 de marzo. Los muertos del lado libanés suman más de 3 mil, todos civiles, entre ellos centenas de mujeres y niños, en tanto que Israel reporta la cifra de una veintena de soldados muertos en el frente, jóvenes sin duda, a quienes se les destruyó su futuro como a las víctimas libanesas de las que se ignora su vínculo con Hezbolá, porque muchas murieron en los derrumbes de sus habitaciones o en los lugares donde transcurre su vida cotidiana: escuelas, hospitales, mercado, clínicas, provocados por el ejército de Israel y no en acciones de guerra.