Opinión
22 de abril, Día Internacional de la Tierra
Aquellos primeros hombres que habitaron el planeta jamás imaginaron que en este siglo XXI enfrentaríamos el riesgo más grande: el calentamiento global. Podemos afirmar con certeza que la especie humana puede estar cavando su propia extinción.La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) formalizó el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra en el año 2009. Esta importante celebración e indispensable recordatorio tuvo su origen el 22 de abril de 1970 en Estados Unidos de América, impulsada por el senador Gaylord Nelson. Fue la resolución número 63/278 de la ONU que reconoce esta fecha para resaltar la interdependencia entre los seres humanos y nuestra casa, el planeta Tierra. Nos obliga a fomentar la educación ambiental para modificar nuestro comportamiento con la finalidad de proteger la biodiversidad, de la que dependemos.
El Club de Roma fue fundado en abril de 1968 por un pequeño grupo internacional de científicos, educadores, economistas, humanistas e industriales. Convocado por el italiano Aurelio Peccei (empresario y ejecutivo de FIAT/Olivetti) y el escocés Alexander King científico de la OCDE). Se fundó como una asamblea informal y los miembros que impulsaron el estudio "Los Límites del Crecimiento" (publicado en 1972) incluyeron a figuras destacadas en el análisis sistémico y la problemática global como Eduard Pestel, profesor alemán y miembro clave en la estructura de investigación; Hasan Özbekhan, planificador turco de sistemas; Erich Jantsch, científico austriaco; Hugo Thiemann, director del Instituto Battelle en Ginebra. Este grupo importante encargó la investigación al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), liderado por Dennis Meadows, Donella Meadows (su esposa), Jørgen Randers y William Behrens III, basándose en modelos de dinámica de sistemas desarrollados por Jay Forrester. El grupo se autodenominó un "colegio invisible" y su objetivo era analizar la interacción entre cinco variables globales: crecimiento poblacional, producción de alimentos, industrialización, contaminación y consumo de recursos naturales.
Este revelador documento no se ha valorado correctamente. Nos presenta la proyección a 100 años (mediante el uso de modelos computacionales y dinámica de sistemas) 13 escenarios futuros para la especie humana, a partir del análisis de la interacción de esas cinco variables. Establece claramente la premisa: “Si seguimos con este modelo de exorbitado de consumismo, de derroche y desperdicio de nuestros recursos naturales para el 2072 llegaremos a los límites absolutos del planeta”. Esta sentencia nos recuerda que el planeta tiene una cantidad finita de recursos naturales. Lo que significa que necesariamente llegaremos al colapso final para la especie humana y que las primeras muestras de esta fatal conclusión se manifestarán plenamente hacia fines del siglo XXI, cuando se espera (de acuerdo con estimaciones de ONU) que habiten el planeta 10 mil 200 millones de seres humanos.
Las estimaciones de la población total del período previo al surgimiento de la agricultura (hace 12 mil años) cuando el hombre primitivo era cazador y recolector, se ubican en alrededor de 5 millones de seres humanos. Con una densidad poblacional de aproximadamente una persona por kilómetro cuadrado. Actualmente esta densidad rebasa las 55 personas por km2. La esperanza de vida era de 25 a 30 años. Hoy rebasa los 73 años. La agricultura es el detonante más importante del crecimiento poblacional en el planeta. De 5 millones hace 12 mil años a.C.; 50 millones hace 4 mil años a.C.; 200 millones en el año 1 d.C.; mil millones en el año mil 800 y 8 mil 300 millones en 2026. Tardamos 288 mil años en llegar a 5 millones y sólo 12 mil años en llegar a 8 mil 300 millones.
Aquellos primeros hombres que habitaron el planeta jamás imaginaron que en este siglo XXI enfrentaríamos el riesgo más grande: el calentamiento global. Podemos afirmar con certeza que la especie humana puede estar cavando su propia extinción. Los datos de miles de científicos e investigadores de 195 países del mundo (incluyendo 28 mexicanos) que conforman el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) formado en 1988 a propuesta del Programa de Naciones Unidas para el Medio ambiente (PNUMA) y la Organización Metereológica Mundial (OMM) que la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas confirmó ese mismo año, no han logrado convencer a los líderes políticos del mundo con sus seis informes que demuestran científicamente que las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando y que los compromisos actuales para enfrentar el cambio climático no son lo suficientemente ambiciosos para limitar el calentamiento a 1.5 °C por encima de los niveles preindustriales. Umbral que los científicos consideran necesario para evitar consecuencias catastróficas.
Es importante señalar que nuestro planeta sigue perdiendo matorrales, selvas y bosques a un ritmo extraordinario que puede variar desde 4 hasta 10 millones de hectáreas anuales. El 85% de la contaminación atmosférica es causada por la quema de combustibles fósiles. El exceso de CO2 en la biósfera acidifica los océanos. De 2009 al 2020 perdimos el 14% de los arrecifes de coral del planeta. De 1970 a 2014, de acuerdo con el Informe del Planeta Vivo en la edición 2018 de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza), sabemos que las poblaciones globales de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles disminuyeron en promedio un 60%. América Latina sufrió la disminución más dramática de vertebrados del mundo con un 89% de pérdida. Estas poblaciones corresponden a la región biogeográfica del Neotropical (desde el centro de México hasta la Patagonia), donde se encuentran tres de los países más biodiversos del mundo: Brasil, Colombia y México.
Como resultado de las actividades humanas de comunicación, transporte, desarrollo urbano, industrial, minero y turístico; con un modelo de producción agropecuaria que destruye y agota los suelos agrícolas emitiendo enormes cantidades de emisiones de óxidos nitrosos y metano, se reducen y fracturan los ecosistemas con la consecuente degradación y pérdida del hábitat de la vida silvestre.
Debemos aceptar que estamos destruyendo nuestra casa con este modelo de desarrollo equivocado. Sabemos que la biocapacidad del planeta fue rebasada en julio del año 2020, por lo que necesitamos dos planetas para satisfacer nuestras necesidades futuras. No tenemos nada que festejar el Día Internacional de la Madre Tierra. Debemos cambiar urgentemente.
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*Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C. Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y “X” @calvarezflores