Palestina

El Consejo para la disolución de Gaza

Ningún atisbo o mención al plan de reconstrucción propuesto por los países de la Liga Árabe en marzo de 2025, donde como sea, se mencionaba la reubicación de más de dos millones de palestinos, la construcción de sus edificios y casas.
domingo, 1 de febrero de 2026 · 07:00

Un año de gobierno de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, un año de bombardeos que ese país ha realizado sobre Irán, Yemen, Siria, Irak, Somalia, Nigeria y hasta Venezuela; un año con 230 mil migrantes expulsados de su país, un año de cancelación de trámites de visado a 75 naciones, un año de amago sobre Groelandia, porque no recibió el Premio Nobel de la Paz; y después de esas acciones y de las que vienen aspira aún a esa presea. 

Ese complejo de supremacía continuará impactando diferentes partes del mundo, y ahora parece tener en la mira a Irán. Primero, le hace la competencia a la Organización de las Naciones Unidas, porque para formar el comité en la segunda fase de su “plan de paz en Gaza” terminó por invitar a alrededor de 65 países a formar parte de lo que ha formalizado como la “Comisión de paz”, instalada el 22 de enero último, pero rechazaron “su” invitación Francia, España, Alemania, y otros países, lo mismo que Israel, que fue presionado para terminar formando parte, aunque no asistió.

 El objetivo anunciado previamente fue: “Promover la estabilidad, restablecer una gobernabilidad fiable y legal, asegurando una paz estable en una región afectada por amenazas y conflictos”, dejándose de hablar del proyecto del establecimiento de la paz en una región del mundo para dirimir una guerra que ha tenido como principales adversarios a Israel y Palestina.

Tres meses después de la entrada en vigor del cese al fuego en Gaza, en octubre último, el 16 de enero pasado la Casa Blanca llamó al inicio de la anunciada fase 2 del frágil proceso de paz, que no ha sido tan respetada. Desde el 14 de enero una delegación de Catar, Turquía, Emiratos Árabes y representantes de Hamas, con mediadores egipcios, se reunió en El Cairo para trabajar y examinar la formación de una comisión y de sus mecanismos de operación; según el plan de 20 puntos propuesto por Trump, debía organizar la reapertura de un paso entre Egipto y Rafah para el ingreso de la ayuda humanitaria en Gaza.

El enviado de Estados Unidos, Steve Witkoff, dijo que la fase 2 tenía como objetivo desarmar a Hamas, cuando antes había reconocido que se trataba de poner fin al conflicto pasando del cese al fuego a la desmilitarización, aunque sólo se refiriera a Hamas. Fueron mencionados 15 palestinos tecnócratas que administrarán la franja, con una comisión de transición supervisado por el Consejo de la paz, presidido como era de suponer por Donald Trump. Por su parte, los voceros de El Cairo insistieron en el retiro de las fuerzas israelíes de más de la mitad del territorio de Gaza que mantienen.

Witkoff. Contradicciones del enviado de Trump sobre Gaza. Foto: Allison Robbert / AP 

Se habló que las operaciones de paz serían dirigidas por el diplomático búlgaro Nicolay Mladenov, antiguo enviado de la ONU para otro proceso de paz en Medio Oriente, entre 2015 y 2020. Pero surgió un problema más serio cuando ni Israel ni Hamas aceptaban la composición del Consejo de paz. Un comunicado del primer ministro Netanyahu afirmó el 17 de enero que se oponía porque estaba contra la política de Israel. Por su parte, Jihad Islámica, otro de los grupos que ha tomado las armas contra Israel, cuestionó al Consejo porque considera que sus miembros fueron escogidos para servir a los intereses de Israel.

Todo ese proyecto descarriló y, sin más, tomó otro rumbo como sucede en el tiempo de Trump, y el 22 de enero estableció el Consejo de la paz, aprovechando su presencia en Davos, Suiza. No quedó nada del proyecto que se había dado a conocer. Ahora, Trump decidió invitar personalmente a un número sin confirmar de personajes, quienes deben aportar un millón de dólares para ingresar, para que “una vez que el consejo esté completamente formado, podremos hacer todo los que queramos”. Él mismo lo presidirá sin que esté claro quiénes formarán parte entre sus disímbolos invitados con poca relación con lo que se pretende, como el presidente de Argentina Javier Mileí, por las simpatías que los aproximan; el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, quien dejó de lado la disposición del Tribunal de Justicia Internacional para permitir la entrada a su país de Netanyahu; Vladimir Putin, quien mantiene una guerra despiadada con Ucrania, aunque mencionó que primero estudiaría el asunto. 

Se mencionan 50 invitaciones que incluyen a 35 dirigentes que ya respondieron afirmativamente, entre ellos los de Arabia Saudita, Turquía, Jordania, Indonesia, Pakistán, Catar y Emiratos Árabes, aunque estos al menos mencionaron que esperan una “administración transitoria”, pero sin mencionar a Gaza. 

Francia, Reino Unido y España no están convencidos por las contradicciones con algunos de los elementos de la carta de la ONU. En general el Consejo de Europa expresó fuertes dudas. El presidente de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, fue más lejos con su crítica al señalar lo que muchos callan sobre la intención de Trump de “crear una nueva ONU, en la que él será el jefe.” Por eso se dedicó a hablar durante una semana con varios dirigentes del mundo, entre los que incluyó a Putin de Rusia, a Narendra Modi de la India, a Claudia Sheinbaum de México, para defender el rol central de la ONU, y evitar el revés de un organismo que deje de lado su multilateralismo. 

Israel, quien inicialmente se negó a participar por varios motivos, finalmente recibió presiones y debió aceptar. Trump retiró su invitación al primer ministro de Canadá, Mark Carney, en venganza de su brillante discurso en Davos, elogiado por la comunidad internacional, según lo muestra su carta para desinvitarlo del que presume será el “Consejo más prestigioso de dirigentes jamás reunido”. 

Kushner. Visión ajena a la realidad. Foto: Evan Vucci / AP

Lo más preocupante de la creación de ese Consejo de la paz es la desaparición de Gaza que no es mencionada y, peor aún, porque al no haber parte de lo que sería su territorio, se cancela en definitiva el Estado Palestino. La cúspide de esa intención llegó con la presentación al final del Foro Económico Mundial en Davos del “plan maestro” expuesto por Jared Kushner, yerno y asesor de Donald Trump. Allí expuso una visión futurista para trasformar Gaza en un centro de “turismo costero” con 180 rascacielos y nuevos desarrollos urbanos, varios hoteles, así como un puerto y un aeropuerto.

Consideró una duración de tres años para la reconstrucción que costaría 25 mil millones de dólares, aunque no parece viable retirar 60 millones de toneladas de escombros como no sea ampliando ese periodo, cuando menos a siete años. La presentación tuvo el tono de una reunión técnica, con el tono escolástico de Kushner, mientras mostraba croquis de la propuesta como lo haría un arquitecto diseñador del plan de desarrollo urbano en una colonia de lujo en la ciudad.

Ningún atisbo o mención al plan de reconstrucción propuesto por los países de la Liga Árabe en marzo de 2025, donde como sea, se mencionaba la reubicación de más de dos millones de palestinos, la construcción de sus edificios y casas. Los árabes, debido al compromiso que dicen tener con los palestinos, podían haber presionado para detener la guerra y apoyar ese plan en beneficio de un pueblo que ahora ha desaparecido. Porque como expresó con sarcasmo el presidente Lula: “Han destruido y matado a 70 mil personas para decir ahora que reconstruirán Gaza y harán hoteles de lujo”. 

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