Mayas

Más allá del Tren Maya: La lucha de las comunidades mayas por sobrevivir en Chichén Itzá

El gobierno del Estado de Yucatán ha intentado mediar la situación, pero hoy por hoy, los artesanos mayas quieren respuestas concretas del INAH y su representante, Joel Vázquez; un conflicto que señalan no pudo solucionar Diego Prieto. 
lunes, 27 de abril de 2026 · 22:53

CHICHÉN ITZÁ, Yuc. (apro).– Desde hace más de seis meses, artesanos y guías de turistas se mantienen en resistencia contra el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el cual busca desalojarlos de Chichén Itzá en contra de su voluntad.  

Advirtieron que, aunque han trabajado dentro de la zona arqueológica por más de 22 años, siempre han intentado expulsarlos, situación que se recrudeció con la construcción del Centro de Atención a Visitantes (CATVI), que forma parte del megaproyecto del Tren Maya. 

El domingo, artesanos y guías de turistas protestaron, una vez más, frente a la pirámide de Chichén Itzá. Reiteraron que, además de que no fueron consultados sobre si querían el proyecto, el inmueble fue diseñado como "pequeñas cárceles" para los vendedores mayas. Describieron que son espacios reducidos sobre una plancha de concreto, sin árboles. Aunado a que el INAH está presionando a las operadoras turísticas para bajar al visitante en el CATVI, tratando de cerrar paulatinamente la actual entrada principal. 

“Las comunidades están fregadas y no podemos seguir permitiendo que adentro de nuestra casa lleguen a exigir cómo manejarla. Hacen al pueblo maya a un lado, cuando son los verdaderos herederos. En Chichén Itzá defendemos lo nuestro, nuestra economía; nunca pedimos nada, solo que nos dejen trabajar”, expresó en entrevista Pablo Euán Ken. 

Denunciaron que, aunque el INAH ofreció que esta semana iniciaría el diálogo, la petición no es negociable: permanecer en la zona arqueológica.  

El CATVI fue inaugurado en abril de 2025. Con engaños, convencieron a menos del 50 por ciento de los artesanos para trasladarse al área previo a la apertura oficial. El diseño no es viable para las personas de las comunidades mayas —como la de Pisté, en el municipio de Tinum— que viven de comercializar sus artesanías, ni para los guías comunitarios, todos ellos mayas. 

El centro se construyó a dos kilómetros de distancia de la pirámide principal, al pie de la carretera. La estación del Tren Maya de Chichén Itzá está a tres kilómetros y existe transporte para llevar al turismo al CATVI. A partir de ese punto, el visitante debe ingresar al Gran Museo de Chichén Itzá y caminar un sendero al otro lado de la carretera hasta el Cenote Sagrado. En pocas palabras, el INAH está intentando convertir esta en la nueva entrada, pero no ofrece condiciones para la economía circular de las comunidades mayas, sino que busca desplazarlas. 

“La economía de Chichén es para todos: ejidatarios, comerciantes, carniceros. El pueblo ya se levantó para exigir que hagan valer sus derechos; es nuestro territorio y cultura (…) El turista paga los platos rotos: del CATVI va a caminar como 1.5 kilómetros hasta llegar al Cenote Sagrado, y de ahí a la pirámide son como 400 metros”, apuntó Pablo. 

De enero a noviembre de 2025, según datos de la Secretaría de Turismo, Chichén Itzá fue la zona más visitada de México con 2 millones de visitantes. Motivo por el cual los artesanos mayas reclaman la falta de beneficios reales para las comunidades, como la construcción de hospitales. 

“Creemos que quieren eliminar la figura de los dueños reales de esta cultura maya; de verdad, si pensaran en beneficiar a los pueblos indígenas, no harían esto. Hacen un Tren Maya, al lado el Hotel del Bienestar y unas jaulas para los artesanos. Quieren quedarse con todo el dinero. Entran 2.5 millones de turistas a Chichén, ¿dónde va a quedar ese dinero?”, reclamó. 

El gobierno del Estado de Yucatán ha intentado mediar la situación, pero hoy por hoy, los artesanos mayas quieren respuestas concretas del INAH y su representante, Joel Vázquez; un conflicto que señalan no pudo solucionar Diego Prieto. 

  

 

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