CDMX
Emplazamiento a huelga en STE y crisis del Metro amenazan movilidad en CDMX rumbo al Mundial
Mientras sindicatos presionan con huelgas y marchas, el gobierno anuncia inversiones y acuerdos parciales; sin embargo, persisten riesgos de colapso en las redes de transporte ante el Mundial de Futbol, advierte en entrevista el urbanista Salvador Rosas.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A cuatro meses de la Copa Mundial de Futbol, la operación del transporte público en la Ciudad de México se cruza con dos conflictos simultáneos: el emplazamiento a huelga en el Servicio de Transportes Eléctricos (STE) y las exigencias de recursos para mantenimiento en el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro. En ese contexto, el economista y urbanista Salvador Rosas Barrera advierte que una interrupción concurrente de ambos sistemas provocaría un colapso urbano capaz de paralizar la ciudad.
En entrevista con Proceso, el también académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), describe el alcance de una interrupción simultánea del Metro y el STE, que opera el Cablebús, Trolebús y Tren Ligero: “Sería una verdadera catástrofe (...) realmente estamos hablando de que sería un colapso muy importante en la ciudad, prácticamente eso paralizaría la ciudad”.
La sustitución mediante unidades de emergencia no resolvería la operación urbana. Aunque el gobierno capitalino dispone de servicios de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP), el especialista explica que “si se activaran todos los elementos con los que cuenta la ciudad, que se utilizan para aliviar estas emergencias, no sería suficiente”.
“Eso es de manera cotidiana. Pensemos en el momento del Mundial: tendremos aquí un gran número de viajes motivados por los partidos que se van a realizar en la Ciudad de México, no solamente para las personas que acuden al Estadio Azteca en este caso, sino también a todas las actividades vinculadas a este espectáculo. La verdad es que sería dramático”, apunta Rosas Barrera.
Ese escenario se vincula con un conflicto activo en el STE. Desde enero pasado la Alianza de Tranviarios de México (ATM) mantiene un emplazamiento a huelga que, tras dos prórrogas, conserva al cierre de esta publicación como fecha límite el primer minuto del 3 de marzo.
El 10 de febrero último, la Secretaría de Movilidad (Semovi) anunció que se alcanzó un acuerdo económico —incremento salarial general de 3.5% con ajustes por categoría y aumento en vales de despensa— sujeto a formalización ante el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, pero el retiro de la amenaza a paro depende de acuerdos escritos que también incluyen garantías de seguridad laboral, capacitación, herramientas de trabajo, contratación y condiciones operativas.
La relevancia del sistema no es marginal. Tren Ligero, Cablebús y Trolebús y su línea metropolitana, Santa Martha-Chalco, movilizan cerca de medio millón de personas diariamente. Además, uno de esos ejes —la Línea 1 del Tren Ligero de Tasqueña a Xochimilco— será ruta directa hacia el Estadio Azteca (Estadio Ciudad de México), sede de los cinco partidos del Mundial de Futbol.
Una segunda amenaza a la movilidad de la capital mexicana se manifestó en la columna vertebral de los medios de transporte: el Metro. El 4 de febrero último, trabajadores del gigante naranja marcharon de la estación Balderas al Zócalo para exigir recursos destinados a refacciones e infraestructura.
El Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo (SNTSTC) informó que no había recibido respuesta oficial sobre la adquisición de materiales para trenes, vías e instalaciones fijas.
Su dirigente, Fernando Espino, reportó 137 trenes sin mantenimiento mayor, 111 con mantenimiento vencido y 93 fuera de circulación, y estimó necesarios al menos 6 mil millones de pesos para mantenimiento básico: “Nosotros estamos sumamente preocupados, es un riesgo latente, en cualquier momento podemos tener un problema y una desgracia”.
Lo anterior ocurrió aun cuando semanas antes, el 22 de diciembre de 2025, Brugada anunció una inversión para el Metro en 2026 de 25 mil millones de pesos para rehabilitación, mantenimiento y operación del sistema, equivalente a un aumento de 20% en los últimos dos años.
Dicho presupuesto contempla la renovación de la Línea 3, la planeación de la reestructuración de la Línea A y la conclusión de la Línea 12, con el apoyo del gobierno federal.
“Las demandas de los sindicatos han sido reiteradas ya desde hace varios años”, afirma Salvador Rosas Barrera, quien recuerda incidentes registrados en el Metro (descarrilamientos, caídas e incendios) que colocaron la seguridad en el centro de la discusión pública: “Los usuarios del Metro pueden corroborar, hay unidades que ya cumplieron su vida útil”.
El académico describe procedimientos realizados por los propios trabajadores para mantener la operación: “Han trabajado en rescatar algunos vagones, de hecho, haciendo incluso canibalismo, es decir, reciclar piezas de otros vagones y así ir arreglando”.
De acuerdo con los trabajadores inconformes, las demandas de mantenimiento, tanto del Metro como del STE buscan garantizar una mejor operación y un mejor servicio para los usuarios, así como mejorar las condiciones y la imagen para recibir el Mundial de Futbol.
Mientras, la lista de riesgos en estas redes de transporte, según Rosas Barrera, abarca desde “fracturas, hundimientos, incendios de vagones, caídas, filtraciones de agua, daño en los escalones”.
Menciona condiciones físicas concretas: “Si usted transita por algunas estaciones del Metro, por ejemplo San Lázaro, puede encontrar escalones de cerca de 40 cm de altura; no hay inclusividad”. Añade que, por otro lado, los trabajadores operan “con materiales y equipos insuficientes, algunos de mala calidad”.
Mecanismos de presión
La proximidad del torneo internacional modifica la lectura de los conflictos laborales. Para Salvador Rosas Barrera, las amenazas de paro y la movilización no aparecen como un episodio aislado dentro de la relación sindicato-autoridad, sino como un recurso que se activa en un momento específico del calendario público.
“En realidad éste es un mecanismo de presión, por no decir de chantaje, pero es un mecanismo de presión hacia el Gobierno de la Ciudad de México; están tomando la oportunidad que se está dando en el evento deportivo, porque las demandas han prevalecido durante mucho tiempo”, explica al referirse tanto al emplazamiento a huelga de la ATM como a la movilización de trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo Metro.
La simultaneidad define el margen de presión. Todos los transportes del STE registran una afluencia combinada superior a 526 mil viajes diarios, de acuerdo con datos de Semovi; el Metro, por su parte, transporta entre 3.5 y 5 millones de pasajeros al día.
Frente a la amenaza de un colapso de la movilidad de la capital mexicana, el especialista sólo ve una salida: “Tendrá que haber negociación con sindicatos para tratar de llegar a un acuerdo, tal vez por programar algunas inversiones que, pues, no son nada despreciables”.
La discusión incluye límites presupuestales. El especialista añade: “El presupuesto de egresos destina ya fondos para diferentes rubros. No se pueden cambiar así como así ya iniciado el ejercicio, tendría que ser partidas extraordinarias que el gobierno, desde mi punto de vista, no tiene la capacidad económica para asignar recursos extraordinarios. Ahora bien, los recursos que ya están destinados al mantenimiento del Metro están etiquetados, entonces no se puede solamente reasignar”.