Saiko

Saiko, la resistencia musical para un continente herido (Video)

La banda chilena Saiko resignifica aquellas canciones que dialogan ante la desigualdad, migración y deudas sociales de América Latina, donde el arte aún funciona como refugio y forma de resistencia.
domingo, 3 de mayo de 2026 · 12:39

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La banda chilena Saiko filtra algunos de los temas más duros de América Latina: la promesa incumplida de gobiernos de un mundo mejor, la violencia persistente contra las mujeres, la desigualdad que se hereda y una memoria que no termina de cerrarse.

En entrevista para Proceso, Denisse Malebrán (voz, guitarra, compositora); Luciano Rojas (guitarra, bajo, compositor); Mario Barrueto (batería) e Ignacio Barrientos (guitarra) hablan de cómo sus canciones —sin proponérselo como manifiesto— han terminado por construir un relato más amplio donde un continente que carga con sus fracturas busca reconocerse en algo común.

En septiembre de 2025, Saiko pisó por primera vez territorio mexicano. La agrupación austral abrió un concierto para Los Concorde y también ofreció un recital en la capital de país. Apenas una demostración de su sonido respaldado en 27 años de trayectoria. Ahora, ofreció cinco conciertos: en Jalisco, Aguascalientes, Toluca, Puebla y Ciudad de México.

“La primera visita fue mucho más de sorpresas, de descubrir cosas. Ahora, con un pequeño conocimiento más profundo. La reacción del público en estas presentaciones de mayor envergadura fue realmente increíble”, dice Luciano Rojas.

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Mario Barrueto, desde su trinchera en la batería, lo traduce así: el público mexicano escucha distinto. “El público de aquí tiene una gran capacidad para escuchar y brinda un gran respeto a quienes están y estamos en el escenario. En Chile la gente tiene su nicho, va a lugares específicos a escuchar cierto género musical, en cambio en México las personas son más abiertas. Eso nos da ánimo de querer volver aquí en muchas otras oportunidades. Nos hace pensar que este es nuestro lugar”.

Para Saiko, presentarse por primera vez en México con una gira no es sólo sumar fechas en la agenda, es regresar a un territorio donde las canciones parecen encontrar una segunda vida.

En su país natal, la agrupación llegó a reunir a 175 personas en su presentación en el Festival REC (2025). También sabe lo que significa la intimidad de recintos como La Blondie, donde su música adquirió una atmósfera de culto. Pero el suelo mexicano plantea el desafío de no llegar como banda consagrada y conquistar de nuevo.

En este retorno, Saiko trae una carta de presentación simbólica, una reversión de “Soñé”, de Zoé (2003). No fue una elección azarosa ni una operación de mercado. Según Malebrán, la intención fue construir “una alianza chileno-mexicana”, pues entienden que hay una relación fraternal las dos naciones “que no pasa con otras”.

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Antes de decidirse por Zoé, exploraron temas de Juan Gabriel, Caifanes, Ana Gabriel, Cristian Castro y otros referentes mexicanos. Pero buscaban algo menos obvio que el homenaje frontal. Querían una canción que en la estética musical entrara en el cuerpo de Saiko de forma natural sin que fuera disruptivo.

Ignacio Barrientos recuerda que cuando escuchó el primer demo producido por Luciano se sorprendió por su actualidad. El guitarrista señala que tenía “toda la impronta de Saiko”, pero al mismo tiempo sonaba moderno. Para él, el trabajo instrumental debía estar al servicio de la emoción de la canción.

Por su parte, Rojas habla de la responsabilidad de reversionar “una canción emblemática que es un himno en México, pues es muy fácil cagarla también y destruir la obra”. Por ello, explica, no querían apropiarse de la canción ni desfigurarla, sino encontrar el punto donde Zoé y Saiko compartieran mismo camino.

El grupo comenzó en 1999, en ese entonces con una base electrónica —con una abierta influencia de Depeche Mode—, luego atravesó una etapa más rockera, con guitarras, bajo y batería cruda, y hoy se mueve en un equilibrio entre esos dos mundos. Aunque Rojas y Malebrán aseguran que el ADN nunca cambió: las canciones.

“Lo que mereces” (2004), canción escrita por Malebrán y dedicada a su madre como un homenaje donde narra la lucha diaria, la resiliencia ante las adversidades y el deseo de recompensar con amor y reconocimiento la vida de esfuerzo de una mujer. Esta pieza encuentra en México un eco similar y se amplifica en madres que buscan a sus hijos, mujeres asesinadas y vidas sostenidas en medio de una violencia estructural que no cede.

“La historia de mi madre es la misma de las mujeres campesinas de acá, de una que no tuvo oportunidades, pues en ese momento las mujeres sólo se dedicaban a la crianza y a atender a un marido. Y quizá pudieron haber tenido una vida mejor.

“Por ello, ´Lo que mereces´ habla de una especie de recompensa. Creo que también es la historia de las madres buscadoras e incluso de esas mujeres que murieron en feminicidios. Esta canción es un himno de justicia”, manifiesta Malebrán.

Rojas agrega un matiz importante, la escritura de Denisse trabaja desde la poesía y la metáfora, por eso sus canciones pueden desplazarse, adaptarse, sobrevivir a distintos contextos y tener la posibilidad de múltiples lecturas.

En el tema “La fábula” (1999), los australes describen las promesas posteriores e incumplidas tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Habla de una esperanza democrática y “cambio fabuloso” que no terminaron de cumplirse como se soñaba. Y esa sensación, comentan, puede leerse en otros países.

Denisse habla de ciclos gubernamentales, donde “entra uno, sale otro, se borra lo anterior, se vuelve a empezar”. Los cambios culturales, advierte, no caben en un sólo periodo político, ya que la promesa incumplida es una constante latinoamericana. Agrega que hay gente muriendo por una pobreza consistente; la justicia sigue sin alcanzar para todos, los sistemas de salud son insuficientes; la desigualdad persiste. Debido a esto y décadas después “La fábula” sigue vigente.

Los chilenos concuerdan en que la música no es un mero acto catártico, sino que también funciona como memoria activa. Barrueto concluye que se sienten con una responsabilidad de, a través de su arte, “rescatar la belleza que queda en el mundo”.

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