Cine
Denise Weinberg encarna a una anciana que prefiere la furia del Amazonas antes que ir al asilo
La actriz Denise Weinberg da vida en la cinta “O último azul” a una anciana rebelde que se niega a morir en un albergue. “El cielo me mandó esta película”, dice la actriz en entrevista, mientras su personaje, Tereza, se niega a ser un cuerpo desechable para el sistema.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– La actriz brasileña Denise Weinberg, conocida como la dama del teatro, protagoniza O último azul, el cuarto largometraje de ficción de Gabriel Mascaro, que obtuvo el Oso de Plata (Gran Premio del Jurado) en el Festival de Berlín 2025. Su personaje se llama Tereza, de 77 años. Con entusiasmo, la artista destaca:
“Pienso que el cielo me mandó este largometraje. Tereza simboliza la fuerza y la autonomía de una anciana que persigue sus deseos con gran curiosidad, firmeza y fortaleza para afrontar las dificultades que se le presentan, como no dejarse llevar a la fuerza a una tipo asilo, llamado colonia, a donde el gobierno ha decidio mandar a los viejos con el engaño de ayudarlos”.
La ganadora del Coral por Mejor Actuación Femenina con este filme en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano 2015, La Habana, rememora a Proceso que sabía de Gabriel Mascaro, mas no lo conocía personalmente porque él reside en el norte de Brasil. Ella dice que había visto películas de él y que conocía su trabajo.
“El me buscó. La primera vez que hablamos fue por zoom y me mandó el guión de O último azul. Cuando lo leí, me gustó Tereza, por poseer mucho carácter. Comenzamos a conversar. Le dije que sí quería hacer la película, me interesaba contar esta historia porque es esencial hablar de los ancianos que están abandonados, desechados, en el mundo porque ya no aportan nada; y no es verdad, al contrario. Para el sistema la persona de la tercera edad no es interesante porque no genera dinero. Esa gente ofrece sabiduría y eso para muchos no es relevante”.
En O último azul (Brasil, México, Chile y Países Bajos, 2025), que se encuentra en la cartelera mexicana, un gobierno totalitario crea un hospicio para la gente de la tercera edad con el propósito de que no entorpezcan el sistema y crecimiento económico de la nación. La notificación le llega a Tereza, quien demuestra estar llena de sueños y anhelos. La mujer se rebela y decide emprender un viaje por el Amazonas con el fin de cumplir aquello que le quedó pendiente.

Weinberg (Río de Janeiro, 1956) conversa por zoom que la búsqueda de Tereza por la libertad “es muy bello”. Prosigue:
“Es apasionante e importantísimo el carácter de Tereza. Así soy también. Creo que estar longeva no es una vergüenza, no es un absurdo. Es una mala manía de hoy parecer siempre joven con el bótox, los procedimientos estéticos. Eso es una violencia contra la mujer. Es una esclavitud que la mujer deba paracer siempre joven. Acá en Brasil así están las chicas, muy estresadas por verse jóvenes. Gabriel me escogió porque no tengo procedimientos estéticos. Aquí, personas con 28 años se realizan operaciones e inyectan medicamentos faciales. ¡Eso es una locura!...
“Estar mayor es parte de la biología humana. Es normal. ¿Por qué avergonzarse de eso? Tengo 70 años. Cuando uno envejece, la ansiedad disminuye. No hay nada que hacer contra los años. No se debe uno deprimir o ponerse triste, ni quedarse en casa sólo a tomar el sol o no hacer nada. En mi país existen actrices de 80 o 90 años que laboran muy bien en el teatro. Creo que la demencia, el alzheimer, todas esas enfermedades de la vejez, es por causa de abandono o por la falta de valorar a los veteranos”.
Mascaro (Recife, Brasil, 1983), quien escribió el guion con Tibério Azul, ha declarado que “le interesaba enfocarse en el cuerpo de las personas mayores y rodar una película sobre el presente, y el envejecimiento no es una parálisis, puede ser algo bueno”.
Weinberg, una de las fundadoras del Grupo TAPA (donde por más de dos décadas trabajó en montajes de autores clásicos y contemporáneos), manifiesta que aunque la película es futurista, “el problema de los ancianos marginados por los gobiernos es actual, es real”.
–En octubre próximo son las elecciones generales en Brasil, ¿cree que propongan los candidatos un plan nacional en pro de los de la tercera edad?
–Es difícil. Estamos aterrorizados y con mucho miedo. Los gobernantes anteriores han acabado con la cultura, la educación, la literatura, en fin. Incluso, con la libertad. Estamos en un año muy tenso.
“La gente joven se queda en casa”
–¿Cómo define a Tereza?
–Es una mujer con una vida simple, ordinaria y humilde, y cuando surge el decreto del gobierno de mandar a los viejos a las llamadas colonias. Ella dice: “No, conmigo, no”. Es obstinada, tenaz y digna, y defiende su autonomía, su independencia, y aún posee deseos, pasiones. Los longevos tenemos eso. Es la sociedad la que no nos deja realizar todo lo que uno quiere.
“La gente más joven se va encerrando, encerrando, hasta quedar en casa, viendo televisión, con el celular, las plataformas, y más. No acabo. Con la película O último azul, fui de China a Chile, y los adultos que la vieron me abrazaron y me besaron. Me comentaban que la historia era muy buena y expresaban que no estamos muertos, seguimos vivos, y deseamos participar en todo".
Enfatiza:
Participar es para mí un verbo muy importante, queremos charlar y divertirnos de una manera diferente a cuando éramos jóvenes, pero no es porque ser joven sea mejor. Ahora no querría ser joven. ¡Dios no lo quiera!, no. La juventud de hoy está desesperada. No sabe hacia dónde va.Tengo nietos y es preocupante porque no tienen fe en nada. Y cuando no tenemos fe, se complica. Está el panorama muy difícil.
–En el largometraje hay elementos poéticos y fantásticos, como el caracol azul. ¿Le gustó que se incluyeran esos elementos?
–Sí, claro que me gustó. Mucho, mucho. Creo en sustancias nativas que abren las mentes y nos muestran otras cosas que no son las ordinarias. Tuvimos mucho cuidado con el caracol. Gabriel estuvo pendiente de eso. Ella mira cosas que el caracol le transmite, por eso cambia su vida. Eso es muy bello. El alcohol no sirve, pero estas sustancias de los animales existen en Brasil y México. En la Amazonia se hallan plantas medicinales que abren puertas enormes y mejoran la vida. Y eso no es droga en el sentido ruin de la palabra. Es mejor que un remedio, una píldora o el calmante. Todo mundo toma una píldora para dormir y levantarse o píldoras para pasar el día”.
–Entonces, ¿qué tanto cambió Tereza a Denise?
–Mucho, mucho... Creo que hicimos un trato. Ella me proporcionó unas cosas y yo a ella otras. Así es como formamos la pareja perfecta. Me ayudó y me respaldó. Reflexioné, pensé. Me dijo cómo poder envejecer y disfrutar cada momento. De seguir lúcida, con salud, con todo lo que aún podemos desear. Disfrutar el resto de los años que nos quedan. Ella me dice que aproveche lo que tengo, ya que se puede envejecer con energía, curiosidad y sensualidad.
Replantear las formas
En el Centro Cultural y Académico Teatro Casa de la Paz de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), tras una proyección de O último azul hubo un diálogo con especialistas y el público. El historiador Juan Pablo Vivaldo Martínez, egresado de la UAM, explicó que la cinta invita a repensar desde un enfoque crítico, al visibilizar inequidad, exclusión y viejismo.
Ahí, la investigadora y educadora sexual feminista Fabiola Trejo señaló la relevancia de simbolizar la pretensión y la independencia, en particular en los cuerpos de mujeres mayores.
El productor Sandino Saravia Vinay enfatizó que el origen del proyecto se vincula con el interés del director por replantear las formas en que esta fase ha sido llevada al cine y en la sociedad. En ese sentido, subraya que la intención no es ofrecer una lectura cerrada, sino propiciar una experiencia que dialogue con el espectador:
“Es construir un mundo que genere interrogantes, salir pensando en algo que no se te había ocurrido o identificándote con lo que ves”.
También son parte del reparto Rodrigo Santoro, Miriam Socarrás y Adánilo.