Teatro/De este lado

“La diva del Danubio”

La diva del Danubio, escrita y dirigida por Luis Ayhllón, aborda el ocaso de una actriz que tuvo su momento de gloria y ahora vive en un motel con la promesa falsa de su hijo de que le está construyendo un mejor lugar.
viernes, 22 de mayo de 2026 · 23:20

Los colaboradores de la sección cultural de Proceso, cuya edición se volvió mensual, publican en estas páginas, semana a semana, sus columnas de crítica (Arte, Música, Teatro, Cine, Libros). 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Ella es la diva, la que fue y ya no es, la adicta, la triste; la que anhela volver a la pantalla como la grande y no lo consigue. Del hoyo en que se encuentra es casi imposible salir, aunque su hijo, como su agente, la anime, la explote y le mienta. 

La diva del Danubio, escrita y dirigida por Luis Ayhllón, aborda el ocaso de una actriz que tuvo su momento de gloria y ahora vive en un motel con la promesa falsa de su hijo de que le está construyendo un mejor lugar. Es su agente y la impulsa a regresar al cine con películas que ella no desea. Son sexi comedias o películas con sexo explícito que la van exponiendo al éxito, pero en situaciones desagradables. 

Con humor e ironía, el autor y director aborda la vida de?María Inés Cravioto, un personaje ficticio construido con retazos de divas mexicanas de la época dorada del cine, y otras más recientes. La ubica en los 80, antes de que suceda el terremoto de 1985. Construye un personaje altivo, pero entrañable, frívolo y trágico a la vez. Elizabeth Guindi lo interpreta con entereza y se apropia de su personaje con desenvoltura, combinando la elegancia con la decadencia. La vemos en las alturas y en el suelo, con convicciones y aceptando migajas. Nos estruja el corazón al constatar el futuro de tantas mujeres de la pantalla grande que vivieron con lujos, y en su madurez y vejez, viven en la pobreza; que perdieron tanto, que se creyeron eternas, y esta sociedad las olvida y despoja. Ya en el 2016, María José Cuevas, escribió y dirigió el documental Bellas de noche, con la edición de Ximena Cuevas, donde se despliega un abanico de mujeres viviendo, en su mayoría, en las peores condiciones. 

La diva del Danubio muestra con ironía los límites en la vida de una mujer y ese deambular sin encontrar salida. Parece derrotada, pero vuelve a la vida cuando recuerda momentos brillantes de su pasado. Es orgullosa y no muestra sus debilidades, aunque al mismo tiempo esa aparente arrogancia exhibe su debilidad. Luis Ayhllón juega bien con la complejidad de estos personajes y con el desarrollo de la tensión dramática. 

Lo que vemos en una primera instancia, resulta tener otra cara, y es con la intervención incisiva del hijo que la historia se va volviendo cada vez más oscura. Rodrigo Vázquez interpreta al hijo estridentemente, y conforme transcurre la obra su personaje se va convirtiendo en un ser detestable, con pocos momentos para la empatía. El actor se proyecta con fuerza a través de la voz, y su presencia escénica volviendo atractivo al personaje y a la vez repulsivo. El hijo ha convertido a su madre en moneda de cambio sin importarle sus sentimientos y el riesgo en que la pone. Por su parte, la madre es fría y dura con él; no lo mira, no lo conoce, sólo se ve a ella misma y a sus problemas. 

Todo sucede en una habitación, en un espacio escénico diseñado por DodoEscena, la productora de la obra. Y la iluminación matizada y certera, a cargo de Víctor Zapatero, ambienta esta triste historia. 

La diva del Danubio finalmente exhibe las deplorables condiciones de vida de las actrices que al final de su vida no tienen nada. Su condición de género juega en su contra donde el físico en esta sociedad capitalista es la moneda de cambio. Es una obra en la que reímos y nos cuestionamos de por qué reímos; donde somos testigos de dos seres que se necesitan y que tal vez se quieran, pero muy, muy en el fondo de su corazón. 

La diva del Danubio se presenta los sábados a las 12:30 en el Teatro de la Capilla, en Coyoacán.