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“Nuremberg”

La historia de “Nuremberg” se enfoca en Hermann Göring y organiza una forma de duelo con Douglas Kelley, el psiquiatra encargado de evaluar el estado mental y la personalidad del pez más gordo del gobierno del Führer, segundo de a bordo, el temible creador de la Gestapo.
viernes, 6 de marzo de 2026 · 23:13

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los altos mandos nazi fueron llevados a juicio poco después de finalizar la guerra, en 1945, y pese a que muchos pensaban como lo más sencillo era ejecutarlos lo antes posible, prevaleció la idea de establecer un jurado internacional de forma convencional.

Se armaba por primera un juicio por crímenes de guerra, por lo menos en tal escala. Aunque muchos nazis importantes se suicidaron o lograron escapar antes de ser atrapados, Hermann Göring, el Reichmarschal, fue detenido mientras intentaba escabullirse con su familia, chofer, equipaje lujoso y mucho de su valiosa colección de arte.

La historia de Nuremberg (Estados Unidos, 2025) se enfoca en Göring (Russell Crowe) y organiza una forma de duelo con Douglas Kelley (Rami Malek), el psiquiatra encargado de evaluar el estado mental (junto con otros de los detenidos) y la personalidad del pez más gordo del gobierno del Führer, segundo de a bordo, el temible creador de la Gestapo.

El director y guionista, James Vanderbuilt, se inspira en el libro de Jack El-Hai, El Nazi y el psiquiatra (2013), y construye un drama de corte en el que se plantean temas que en su momento eran frescos, como hablar de conspiración, racismo, experimentos genéticos, crímenes de guerra y contra la humanidad.

Cierto es que Kelly –quien escribió su propio libro posteriormente– habría sido quien más se asomó a la psique del manipulador Göring, capaz de argumentar, de pretender no haberse enterado de lo que ocurría en los campos de concentración (por lo visto ha servido de modelo para muchos políticos); incluso de rebatir que los aliados –y especialmente los americanos– habrían cometido también crímenes atroces como Hiroshima… Las horas que pasan juntos, con entrevistas y pruebas psicológicas, el descubrimiento de las adicciones de Göring, la humanización del monstruo, la confrontación de las debilidades propias del psiquiatra, lo llevan inevitablemente a formar una especie de dúo extraño, en el que horror y fascinación se acercan a una amistad por momentos.

Intensamente dramática, la relación se siente auténtica sólo en ciertos episodios; en parte porque la estupenda actuación de Russell Crowe opaca a Rami Malek, un actor con muchos tics, a veces sobreactuado, y mucho por el temor del director de ir demasiado lejos. No obstante, el tiempo que ha transcurrido desde que Hanna Arendt evaluara el fenómeno Eichmann (mencionar la banalidad del mal provoca escándalo en quienes insisten en apuntar la inhumanidad del monstruo), no caen en cuenta que justo ese es el horror del que habla Arendt: el hecho de que gente tan mediocre haya abierto tal abismo de maldad.

Pero en el caso Göring no se trata de banalidad, sino de cómo un individuo inteligente y refinado habría sido capaz de ejecutar los peores aspectos del nazismo.

Nuremberg debe aproximarse desde una doble perspectiva: La inevitable comparación con mucho de lo que hoy en día padece la humanidad, cosa que no requiere demasiada imaginación para asociar la propuesta de Vanderbuilt; y la cinta de 1961, Los juicios de Nuremberg, que dirigió Stanley Kramer con un reparto extraordinario, una cinta valiente, en los albores de la Guerra Fría, que se atrevió a mostrar en crudo imágenes reales de los campos de concentración (el efecto ahora en esta versión no resulta ya tan impactante), y que sirvió de paradigma tanto para el cine de morbo y explotación sobre el nazismo, como para establecer una corriente inteligente de crítica y análisis.

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