Gilberto Granillo

Gilberto Granillo, el diseñador detrás del brillo de Juan Gabriel en Bellas Artes

Su llegada al diseño fue circunstancial. A finales de los años sesenta conoció a Luis Cruz, diseñador cubano de cabaret Tropicana y de espectáculos teatrales y centros nocturnos. Fue el diseñador del vestuario con el que el el cantante se presentó en el Palacio de Bellas Artes en 1990.
lunes, 16 de febrero de 2026 · 05:19

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Cuando Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel, se presentó por primera vez en el Palacio de Bellas Artes, en mayo de 1990 (días 9, 10, 11 y 12), el acontecimiento fue leído como una ruptura simbólica: el principal recinto cultural del país abrió sus puertas a un intérprete de música popular. Menos visible fue otro gesto que acompañó esa irrupción: el vestuario. Hubo líneas contenidas, bordados precisos y una elegancia pensada para el recinto sin traicionarlo. Detrás de esas prendas estuvo el diseñador Gilberto Granillo, un nombre ausente del relato oficial.

Gilberto Granillo nació el 22 de abril de 1945 en la colonia Anáhuac, en la Ciudad de México. Fue el menor de seis hermanos. La muerte temprana de su padre, Román González, dejó a su madre, Enriqueta López, a cargo de la familia. La precariedad marcó su infancia y definió las decisiones tempranas.

Con la secundaria inconclusa, Granillo ingresó al mercado laboral. Trabajó, entre otros oficios, en una planta de Sabritas, donde cortaba habas por kilo. Su salario lo entregaba íntegro a su mamá. No había tiempo para imaginar un futuro distinto.

Fotografía: Especial.

Mirar y aprender

Su llegada al diseño fue circunstancial. A finales de los años sesenta conoció a Luis Cruz, diseñador cubano de cabaret Tropicana y de espectáculos teatrales y centros nocturnos. Cruz lo integró a su equipo pese a que Granillo no sabía coser ni bordar.

Durante 11 años, el aprendizaje fue silencioso. Observación constante, repetición, memoria. No hubo formación académica ni teoría del diseño. Hubo oficio transmitido por cercanía.

“Dejé de trabajar con él porque se fue a Miami, pero antes de irse me dejó su agenda de contactos para que yo continuara con la agenda de artistas y espectáculos que habíamos generado. A la primera que contacté fue a la actriz, después seguí con el espectáculo del cancán. En ese tiempo, la década de los setenta, comenzó el cine de ficheras y estaba muy fuerte el teatro de cabaret, así que entré a ese ambiente para vestir a las vedettes. En ese entonces los únicos diseñadores de esas industrias éramos Mitzy (Jorge García Cárdenas) y yo”, recuerda el modisto.

El encargo de Bellas Artes

Durante los años setenta y ochenta, Granillo se consolidó como diseñador en cabarets, teatros, centros nocturnos, cine y espectáculos de transvestismo. Trabajó en espacios como el Capri y el Marrakech, además de distintos sitios de Acapulco, como la discoteca Gallery (durante 17 años), uno de los primeros foros que ofreció espectáculos de transvestismo en el país. “Ahí aprendí que la ropa tenía que aguantar todo: sudor, jalones, caídas. Si no duraba, no servía”, afirma.

Costuras reforzadas, bordados sólidos, prendas pensadas para el uso intensivo. Esa reputación llegó a figuras como Ana Luisa Peluffo, Lila Deneken, Nélida Lobato, Lucha Villa, Tongolele, Imelda Miller, y, sobre todo, Yuri, a quien vistió por primera ocasión para su debut en el Festival de Viña del Mar, de Chile, en 1984. Con la cantante veracruzana trabajó cuatro décadas. Y, precisamente fue ella quien lo recomendó para el encargo más significativo de su trayectoria.

Fotografía: Especial.

“Yuri me dijo que Juan Gabriel quería contactarme. Incluso me preguntó: ´¿Te atreverías a hacer su ropa?´. Por supuesto dije que sí. Días después fue a mi casa Jesús Salas —cuñado y mánager del cantautor—, me comentó que Juan Gabriel iba a debutar en bellas Artes y el pedido constó de un frac y seis chamarras. Todo bordado a mano”.

El artista nacido en Parácuaro, Michoacán, no intervino en el proceso creativo. Las indicaciones de Salas a Granillo fueron mínimas: colores y libertad total. Tenía que tener todo listo cinco días antes de la primera presentación en la Catedral del Arte en México.

“Pregunté cuándo iría Juan Gabriel a probarse la ropa. Salas contestó que no iba a ir, pero que él se la probaría porque tenían un cuerpo similar. Al final no sólo le quedó, sino que le gustó”.

Granillo no dibuja. Sus diseños nacen como imágenes mentales que traduce verbalmente a colaboradores que apoyan en el trazo. Para Bellas Artes, el proceso fue meticuloso. Grecas, chaquiras con líneas marcadas, piedras engarzadas, lentejuelas y motivos florales —inspirados en las pinturas de Diego Rivera— se definieron con una sola obsesión: que el vestuario fuera elegante y acompañara el escenario sin imponerse. Cada chamarra costó poco más de 30 mil pesos de la época y el frac cerca de 50 mil.

Fotografía: Especial.

El reconocimiento terminó ahí. Granillo no fue invitado a los conciertos ni recibió boletos, sólo entregó la ropa. Su único encuentro con Juan Gabriel ocurrió años después, aunque fue breve y distante. Ambos coincidieron en una discoteca en Acapulco.

“El dueño del lugar sabía que yo había diseñado la ropa de Juan Gabriel y me comentó que también se encontraba ahí. Me acerqué a saludarlo y a presentarme. Le dije: ´Alberto, hola. Usted no me conoce, pero soy Gilberto Granillo, quien hizo su vestuario para Bellas Artes´. Lo único que dijo fue: ´Ah, que bien´, y se volteó.

En noviembre de 2025, a propósito del estreno del documental “Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero” de Netflix, las redes sociales oficiales del llamado “Divo de Juárez” reconocieron a Gilberto Granillo como el diseñador de “un traje que pasó de la moda al mito”.

Con el tiempo, una sola prenda: la chamarra negra con grecas doradas, se volvió emblema. Exposiciones, redes sociales, y documentales como “Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero” (2025) de Netflix reforzaron esa imagen. Sin embargo, Granillo no comprende por qué en el imaginario de la cultura popular el resto del vestuario quedó fuera del foco.

“En su momento nadie prestó tanta atención a la chamarra negar como hoy en día. Pienso que cuando Juan Gabriel murió (2016) comenzó a hablarse más de ella. Ese vestuario generó interés en sus fanas e imitadores para pedirme réplicas y, aunque el bordado a mano es hoy un lujo cada vez menos valorado, hay quienes si lo pagan”.

En las imágenes que han fijado a Juan Gabriel en la memoria colectiva —los brazos abiertos, la voz quebrada, el aplauso contenido de Bellas Artes— también está el trabajo de Gilberto Granillo. Está en las grecas, en el peso de la tela, en el brillo medido. Un oficio aprendido sin escuela, ejercido sin reflectores y recordado apenas cuando la historia vuelve a mirar, por un instante, hacia quienes cosieron el espectáculo desde la sombra.

Fotografía: Especial. 

 

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