julio scherer García
Julio Scherer García: 100 años de rectitud
Han transcurrido 35 años desde que se escribió la tesis: La revista Proceso y Julio Scherer García, un caso sui generis de la historia del periodismo mexicano de la segunda mitad del siglo XX.CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Una tesis escrita desde la carencia, desde el deseo de ser deseado, con la que pedía ser visto, validado a través de otro, pero no cualquiera, un otro que disparara lo que me atravesaba: pasión por saber, y dudar de lo sabido. Reflejo para esta neurosis obsesiva Julio Scherer García, a quien admiré con miedo y sin prudencia ni cuidado; su aprobación era para mí un eco para un ego que nunca alcanzó ni fue suficiente. Mi tesis resultó ser un texto universitario impreciso, escrito con el ímpetu propio de la arrogancia, impaciencia e irresponsabilidad de mis veintitrés años. Fanático y reverencial frente a Don Julio, quien, creo, me inscribió la huella traumática que señala el camino para la construcción de un sujeto ético. Mis errores, trasmutar la admiración en idealización; al amo en héroe. Mi tesis es tan amorosa como frágil, intrépida e inconsistente. Sin embargo, se dibuja un estudiante atrevido, impúdico y quizá, valiente; locura genuina que respetó Fátima Fernández Christlieb, directora de la tesis y ejemplo para la vida buena, la que se respeta.
Hoy que soy profesor de periodismo exagero, disimulo, invento, y provoco como respuesta a los celulares y tabletas que hipnotizan, seducen y cooptan la atención de un alumnado regido y mediado por la pantalla electrónica. Grito, exijo, rompo, e increpo frente a la frustración que es impartir clases de periodismo (un oficio mortecino) para un mundo que ya no existe (analógico, bruto y genuino que intenta acceder a las inteligencias automatizadas del artificio generativo).
La enseñanza del periodismo como error académico y tropiezo profesional, estampa y estalla en cada clase cuyo fin no tiene medio ni certeza ni faro; una licenciatura para una práctica marcada por la imposibilidad, la precariedad, lo caduco y lo absurdo; el oficio informativo ha sido sustituido por el consumo de lo viral como certeza, y la opinión como dato; X, Instagram, Facebook o Tiktok como la calle y el home office como la sala de redacción; el reportero como streamer, la plataforma como dueña y los likes como jefes de información; los corresponsales y enviados especiales como granjas de bots y los articulistas como influencers frente al delirio artificial que no distingue, separa, ni complejiza; tan solo obedece, ejecuta, penetra; atrapados todos por la era de la desorientación. Un mundo que no termina para otro que no llega. Mareados y torpes, bajo el extravío que provoca todo cambio paradigmático.
Con base en lo anterior, vuelvo, regreso, y paro. Atrás queda algo. La enseñanza y práctica periodística hecha por los maestros del oficio: Julio Scherer García, Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa o Carlos Monsiváis. Lo viejo sirve, de ahí la necesidad de la memoria como la primera forma de rectificación. Es necesario recuperar los principios deontológicos del periodismo hecho por Proceso con Julio Scherer. Los cuales fueron: la investigación como productora de confiabilidad y referencia; la reputación a través de la independencia editorial; el contraste y verificación de las fuentes informativas como fundamento del oficio; producir información exclusiva y sostenerse solo a través de los intereses periodísticos. En resumen, volver a contar la vida a través de la verdad, como oferta y diferencia, el rostro y apuesta de Julio Scherer García, quien cumple cien años de rectitud.
Mi primer encuentro con Julio Scherer García
Diez años tenía cuando, por primera vez, escuché el nombre de Julio Scherer García. Supe de él por mi abuelo, el militar y político, quien no se perdía la lectura de la revista Proceso. El día 30 de enero de 1978, el semanario de información y análisis dedicó su portada a mi abuelo, quien denunciaba el desprestigio del Partido Revolucionario Institucional. El titular: Leyva Velázquez, Ex-presidente del PRI: Hay ambiciones bastardas; los enemigos, dentro. Con esa última entrevista que concedió mi abuelo Gabriel, comprendí la importancia y significado de Julio Scherer García. Estaba claro, se trataba de una declaración que solo tenía cabida en ese espacio periodístico, y dada a un periodista con prestigio y credibilidad. Con los años, y habiendo estudiando periodismo en la UNAM, escribí mi tesis de licenciatura sobre Proceso y su fundador.
Tras una serie de entrevistas al personal de la revista, a quienes trabajaron ahí, además de suscriptores, personajes de la cultura e intelectualidad y gente en contra de la publicación, me atreví a ver a Don Julio. Fue por intermediación de Froylán López Narváez, entonces coordinador editorial de la revista y profesor mío en la facultad. El encuentro se llevó a cabo en la calle Fresas 13, en las oficinas del semanario. Era el año 1991. Julio Scherer estaba sentado y su escritorio nos separaba. Me miró, estiró la mano y, sin levantarse, me saludó. Una mirada fría, tan ajena como directa, me ordenaba: ¡hable!
-Don Julio, soy Gustavo Mota y estoy haciendo mi tesis sobre Proceso. Ya entrevisté a Froylán y a Leñero, y el próximo miércoles a Miguel Angel Granados Chapa. Quisiera entrevistarlo.
-Qué le voy a decir yo. Yo nunca he dado una entrevista. ¿Quién soy yo para dar entrevistas?
-Yo lo sé maestro, pero ahora se trata de una tesis profesional.
-Pero igual se lee, igualmente es un trabajo público. Si mi trabajo no habla por sí solo, entonces ¡valgo madres!. Lo que yo tenía que decir, ya está dicho en mis libros y semanalmente en Proceso. Es mi trabajo el que debe de hablar, no yo. Y le repito, si no es así entonces ¡valgo madres!.
-Don Julio, tengo varias dudas y solamente usted podría resolverlas como director de la revista. ¿Cuáles han sido las modificaciones que ha sufrido la revista?, ¿qué es lo que ha caracterizado a la revista Proceso?, ¿quién era Julio Scherer antes de llegar a la dirección de Excélsior?
-Eso no se lo voy a decir yo, basta con que haga una revisión de cada uno de los números y determine usted en qué ha cambiado.
-Si, pero esa sería mi opinión y quizá no sea la verídica. Caería en una interpretación personal.
-Eso valdría más para mí, que usted me dijera e hiciera su propio análisis.
-¿Y si me equivoco?
-Sería usted el que se equivoca, no yo.
-Maestro, semanalmente Proceso proporciona información singular, exclusiva, ¿cómo es que logran esto?
-Le repito, no le voy a dar la entrevista. El contestarle lo que me pregunta, sería contestarle por qué somos tan chingones. Sería alabarme y eso no lo acostumbro. Le voy a dar un dato: hay mucha gente que confía en Proceso y por eso se nos proporciona información diferente; contamos con muchos corresponsales anónimos. El darle la entrevista, sería contarle porque somos tan fregones, sería vanagloriarme y eso me repugna.
-Yo creo que ya es momento de que hable Julio Scherer. Mi proyecto de tesis está enfocado en su figura, en su biografía, en su personalidad.
-¿Y a quién le importa eso?...A quién le importa que estudié filosofía y que tuve a un maestro que me enseñó a Sartre; que tuve a una mujer que amé muchísimo y que tengo varios hijos. Lo que debe importar es mi trabajo público, no mi vida privada.
-Don Julio, si alguien hablara en contra de usted o de la revista Proceso, ¿me daría la entrevista?
-Sí, siempre y cuando sea información contundente. No me vaya a venir a decir que le dijeron que soy un sangrón, porque ya lo sé; que soy un ratero, porque muchas veces me lo han dicho. Pero si usted viene con una afirmación donde le dicen que yo recibo 500 millones de pesos por parte de la Presidencia de la República, entonces le doy la entrevista.
-¿Me lo asegura, Don Julio?
-Palabra de honor.
Salimos de su oficina y Froylán, preguntó: “¿Quién ganó?”. Don Julio le contestó: “No se trata de eso Froy, tu sabes que yo no doy entrevistas. Volteó la mirada y me dijo: “No me odie”. En ese momento le confesé de quien era nieto. Don Julio se dirigió entonces a Froylán haciéndole referencia sobre la honradez y honorabilidad de mi abuelo, de Don Gabriel, como él lo nombró; describió su personalidad, su físico también. Advirtió que le había conmovido mucho saber de quién era nieto yo. Se acercó, me dio un abrazo y me dijo: Usted deberá siempre sentir mucho orgullo por su abuelo.
* Gustavo Mota Leyva. Autor de la tesis: La revista Proceso y Julio Scherer García, un caso sui generis en la historia del periodismo mexicano de la segunda mitad del siglo XX. Profesor de periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Autor del libro: Asaltos (Entrevistas imprevistas).