Iglesia
“El diálogo es el camino de la conversión de los delincuentes”: arzobispo emérito Carlos Garfias
Promotor de la reconciliación social, incluidos los narcotraficantes, Carlos Garfias se retiró hace algunas semanas como arzobispo de Morelia, al cumplir 75 años. La caída del “Mencho” sólo será provechosa si las autoridades promueven la participación social para detener la violencia, asegura.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Para el arzobispo emérito Carlos Garfias Merlos, la caída de Nemesio Oseguera, el Mencho, fue resultado de las tareas a las que está obligado el Estado mexicano, pero será insuficiente si las autoridades “a las que les corresponde” desaprovechan el momento para generar seguridad y confianza entre la ciudadanía.
“Todo delincuente está expuesto a que la autoridad pueda abatirlo y quitarlo como fuente de violencia y agresividad. Esa es una obligación de las autoridades en todos los niveles de gobierno”, afirma sobre la muerte de Nemesio Oseguera el 22 de febrero último en un operativo del Ejército mexicano.
Pero no basta con quitar a quienes generan violencia, pues una verdadera estrategia contra ella y la inseguridad implica que las autoridades se organicen e involucren a los ciudadanos en la responsabilidad y compromiso del Estado de crear condiciones de seguridad y justicia, dice el arzobispo.
Su valoración sobre la ejecución del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) a manos de fuerzas especiales del Ejército, se apega a lo que en años recientes insistió como integrante de la jerarquía católica mexicana: la participación social propiciada por las autoridades es crucial en la búsqueda de la paz en el país.
Esa participación, desde su perspectiva, pasa por el diálogo con los grupos de la delincuencia organizada, como ha ocurrido en otros países.
Esa posición le costó críticas dentro de la propia jefatura católica, cuestionamientos por parte de autoridades y presiones de integrantes de los propios grupos delictivos.
Recuerda que sintió miedo cuando un delincuente llamó para decirle que si no entregaba 500 mil pesos, dejarían cada día la cabeza de un sacerdote en la catedral de Morelia.
Otro momento difícil en su trabajo, “como artesano y constructor de paz”, como él se define, fue cuando planteó que debía haber un diálogo que llevara a la conversión de los delincuentes.
"Todos se me vinieron encima: ¡obispos, muchos católicos y sobre todo muchos políticos! Me pidieron malamente que hiciera una aclaración pública. ¡Les dio miedo!".
Perdimos como sociedad y como Iglesia una gran oportunidad para hablar del diálogo que debemos hacer con los delincuentes, con el gobierno federal, con la sociedad civil, al interior de las Iglesias. La intención es hacer del diálogo una política de Estado, una política pública donde participemos todos.
El diálogo entre delincuentes y gobierno, Iglesias y sociedad seguirá siendo controvertido porque no tenemos una cultura de diálogo, ni mecanismos para acompañar la conversión y reinserción social de los delincuentes. Muchos comunicadores sí entendieron hacia dónde iba la propuesta, pero mataron la oportunidad por miedo.
El religioso cuenta dos anécdotas en su paso por la montaña de Guerrero y por Acapulco:
En el primer caso, estaba estrenándome como obispo, llegué un día a una reunión con los sacerdotes y vi que todos sacaban su pistola y la dejaban en una mesita que estaba a la entrada del salón. Pregunté la razón de que anduvieran armados y la respuesta fue sencilla: ‘¡Por los que se pueda ofrecer!’
Dice que un día después de celebrar una misa en una parroquia de Acapulco se le acercó un representante de la delincuencia para expresarle su deseo de iniciar un diálogo con la Iglesia para disminuir la violencia en Guerrero.
Pero cuando iban a iniciar las pláticas lo nombraron arzobispo de Morelia.
Reconoce que no tiene una experiencia sistematizada de cómo conducir un diálogo con un capo o con un grupo delincuencial, “pero hay que trabajar, capacitarse para aprender a dialogar y poner muy claro las reglas del juego. El diálogo es el camino de la conversión de los delincuentes”.
En el diálogo y la mediación para la paz es importante que las partes estén de acuerdo en aceptar a uno como intermediario. Señala: “En el caso de Ayotzinapa dije al presidente de la República: ‘Si me lo piden los padres de familia, y me lo pides tú, con gusto’. Pero nunca hubo coincidencia de las partes. Estoy convencido que, para una encomienda de mediación, se ocupa que las partes estén de acuerdo”.
Opina que dentro de la Iglesia hay muchos esfuerzos de personas, religiosos, diócesis y organizaciones que trabajan por la paz. “Pero no nos hemos sabido coordinar y pareciera que competimos, cuando tendríamos que unir esfuerzos y unir herramientas. Uno de los errores es que no se ha unido con la estructura de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), cada quien ha hecho su camino por su lado”.
Asegura que cuando fue responsable de la Dimensión de Fe y Compromiso Social, en la Conferencia Episcopal, “por más que me esforcé por unir con la estructura de la CEM, no acabó de funcionar”.
Sobre la insistencia y cifras del gobierno de que la violencia ha bajado, Carlos Garfias comenta:
Es un discurso que no ve la realidad, que dice que no hay violencia y muertos de los grupos delincuenciales. Parece que es un ‘juego de percepciones’. La violencia estructural o cualquier expresión por mínima que esta sea debe llamarnos a toda la sociedad a ser constructores de paz. Para cambiar una realidad debemos aceptarla no negarla.
–¿Qué ha hecho la Iglesia católica para blindarse de la delincuencia organizada?
–En realidad no ha hecho nada oficial. Hay situaciones que la Iglesia va atendiendo dependiendo de los diferentes lugares y de la manifestación de la delincuencia organizada, pero en realidad un blindaje o una estrategia de la Iglesia, no.
El arzobispo plantea que el espacio público (calles, plazas, universidades) deben ser epicentro del debate sobre la paz. “Para los católicos y otras expresiones de fe, los templos y los espacios de culto no son suficientes para debatir, dialogar y construir la paz. El gobierno, instituciones, familia y sociedad debemos aprender a escuchar a dialogar”.
Subraya: “Debemos hacer un espacio para dialogar y aceptar la posible conversión de todos, incluidos los delincuentes. Porque no hay perdón ni reconciliación sin diálogo. Pero también debemos acompañar y estar del lado de los que sufren a causa de la violencia”.
–¿Qué acciones están en manos de la Iglesia católica mexicana ante los amagos de Trump de intervenir en México?
–Sólo dar opiniones. La Iglesia va a dar su parecer porque no hay nada sistematizado de parte de la institución. Tampoco hay un diálogo directo con la Conferencia del Episcopado de Estados Unidos con México ni una relación institucional sistematizada. Existen reuniones entre los obispos de la frontera de Norteamérica con los obispados mexicanos del norte del país para temas comunes.
Trump es un presidente que puso a girar al mundo en una dinámica que no conocíamos. Es gravísimo que Trump y su equipo estén pensando en intervenir en el país contra posiciones de los narcos. No sólo es un tema de soberanía es la ruptura del derecho internacional, del respeto y del diálogo entre las naciones.
–¿Cómo explica la insistencia de la presidenta Claudia Sheinbaum para que el papa León XIV venga a México? ¿Busca tener un mayor impacto social con la población y cree que la visita del Papa va a ayudar?
–Yo la explicaría de la manera más sencilla: el pueblo de México siempre va a recibir al Papá con muchísima alegría y con muchísima esperanza. Y, entonces, si la presidenta, si ahorita que acaba de estar allá el cardenal Aguiar se le insiste en la invitación al Santo Padre, es por entender la euforia que se suscitaría en México con la venida del Papa.
“Se hace muy significativo que el cardenal Aguiar esté insistiendo y que la vinculen con esta venida del papa a Estados Unidos, que se puede conjugar muy bien las dos visitas, pero esa parte es ya como algo más coloquial, pero el cardenal Aguiar, como arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de México, siempre va a estar muy contento y eufórico de que pueda venir el Santo Padre y lo mismo la presidenta antes de que se vaya ésta también”.