Opinión

La fragilidad de la presidenta

La mandataria no tuvo más palabras que golpear la mesa en muestra de impotencia ante la decisión del Partido del Trabajo de no apoyar de manera completa su propuesta de reforma, pese a que dicho partido ha sobrevivido bajo la égida de Morena en las últimas dos elecciones presidenciales.
lunes, 30 de marzo de 2026 · 05:00

Aunque no lo consideran una derrota, el descalabro consecutivo de la reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum es una muestra de la debilidad que ella y su partido Morena tienen en el Poder Legislativo sin la alianza con los partidos Verde y del Trabajo.

La presidenta esta enojada con los dirigentes de ambos partidos a quienes acusa por falta de palabra. Su molestia es tanta que hubo manotazos en la mesa durante la reunión que sostuvo con ellos en Palacio Nacional, luego de que en la Secretaría de Gobernación dieron su palabra firmada en un documento de que apoyarían el Plan B.     

Manuel Velasco, del Partido Verde, y Alberto Anaya, del Partido del Trabajo, recibieron la ira de la presidenta Sheinbaum que, sin poder contener su cólera, les reclamó su falta de palabra dando un manotazo en la mesa al tiempo que les espetaba que habían firmado un compromiso con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez.

“Ustedes firmaron que apoyarían le reforma. Fíjense bien, están hablando con la presidenta”, les insistió con la voz en alto volumen, a lo cual el petista contestó que lo haría, pero no al artículo 35 de revocación de mandato con el cual permitiría a la presidenta aparecer en la boleta de la elección intermedia de 2027.

La mandataria no tuvo más palabras que golpear la mesa en muestra de impotencia ante la decisión del Partido del Trabajo de no apoyar de manera completa su propuesta de reforma, pese a que dicho partido ha sobrevivido bajo la égida de Morena en las últimas dos elecciones presidenciales, de 2028 y 2024.

El doble revés que tuvo la propuesta de reforma electoral no es considerado por Morena y la presidenta como una derrota, aunque en los hechos lo es. Refleja, además, una fragilidad y una debilidad del partido y del gobierno ante la necesidad de contar con los votos de sus aliados para sacar adelante reformas en la tribuna legislativa.

Anaya y Velasco. Amistad (limitada) con Morena. Foto: Montserrat López

Horas después del rechazo al Plan B de la reforma electoral en el Senado, la presidenta Sheinbaum no pudo esconder su enojo durante la conferencia matutina en Palacio nacional.

Con un gesto adusto exclamó: “El PT votó en contra, pero también los otros partidos (...)  Ya que la gente haga su valoración de los que votaron en contra”.

Y sentenció: “Más allá de la alianza o no alianza, eso va a sancionarlo la gente… La gente va a tomar su propia decisión”.

La percepción pública del revés a la reforme electoral, como la propuso originalmente con la reducción de plurinominales, financiamiento, revocación de mandato, es que la presidenta Sheinbaum no tiene la fortaleza de su antecesor Andrés Manuel López Obrador, de quien sigue dependiendo, mediante varios de los personajes amloistas para sacar adelante sus iniciativas.

Además, internamente en su círculo más cercano hay divisiones fuertes que impactan la operatividad de medios. Es pública la confrontación que hay entre Jesús Ramírez y Jenaro Villamil, quienes controlan las mañaneras y la televisión pública, con Alfonso Brito, quien se reúne con los directivos de algunos medios de comunicación y gobernadores de todos los partidos. Mientras que la vocera, Paulina Silva, ha perdido influencia tras su regreso de un permiso por maternidad.

La presidenta Sheinbaum se distingue por actuar con la cabeza fría siguiendo su formación académica, pero a la mitad de su mandato tendrá que actuar más como política para poner orden en casa, aprovechar los altos porcentajes de imagen que tiene para afianzarse y dejar su legado como primera presidenta del país y no sólo ser la continuidad del proyecto de su antecesor.

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