Opinión
Omar García Harfuch, factor de gobernabilidad
Falta mucho tiempo para definir a quienes serán las corcholatas de 2030, no obstante, hoy en día a García Harfuch se le menciona dentro y fuera del país, sobre todo en Estados Unidos, como uno de los posibles sucesores de Claudia Sheinbaum.Omar Hamid García Harfu se ha convertido en un factor político de gobernabilidad. Su tarea al frente de la Secretaría de Protección Ciudadana lo ha puesto en primera fila del escenario político y su cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum en un personaje incómodo para muchos de los integrantes de Morena, incluyendo al fundador Andrés Manuel López Obrador.
Es consabido que García Harfuch, nieto de personajes polémicos como Javier García Paniagua y Marcelino García Barragán no es ni ha sido del agrado de López Obrador. De hecho, cuando este último era presidente lo descartó como próximo jefe del gobierno de la Ciudad de México como lo propuso Claudia Sheinbaum y que como senador tampoco lo quiso en las listas plurinominales.
Menos aún es del agrado de López Obrador por las indagaciones que desde la Secretaría de Seguridad Pública y de la Fiscalía General de la República hay sobre sus hijos y personajes que forman parte de su primer círculo.
Peor es ahora cuando, gracias a la exposición mediática que tienen sus constantes operativas contra jefes de los grupos criminales, así como decomisos de armas y droga, García Harfuch aparece en el imaginario social como uno de los fuertes aspirantes a la candidatura presidencial en 2030.
Entre los duros de Morena, los que se dicen “puros” como si fuera una raza pura, la sola mención de García Harfuch como presidenciable causa escozor, molestia, enojo y rechazo. De ahí que no sólo lo rechacen, sino que hagan campaña en su contra.
Desde hace medio año en encuestas Omar García Harfuch, goza de una alta tasa de conocimiento y una fuerte aprobación por su gestión con casi el 80 por ciento. Muy abajo se encuentras figuras del partido o del gobierno como Andrés Manuel López Beltrán, Luisa María Alcalde, Marcelo Ebrard o Rosa Icela Rodríguez.
Esa presencia mediática, las acciones policiales que impactan en la percepción social, incluida la estadunidense, y sus amplias redes de amistades con representantes de medios de comunicación -habría que recordar su relación con Ninfa Salinas, hija de Ricardo Salinas Pliego-, están siendo opacadas por las quejas que hay en contra de miembros de su equipo y por la propia ascendencia de García Harfuch como parte del equipo de Genaro García Luna.
De su actual equipo en la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de la gente que tiene en la Procuraduría General de la República ya hay quejas internas de abusos y de corrupción. “Está peor que los de antes” es la frase que más de escucha. Mientras que de su pasado, no se borra de su expediente su presencia en el caso de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en su labor como coordinador estatal de la Policía Federal en Guerrero.
Esas quejas internas no tardan en salir y serán un botín para sus adversarios políticos que tratarán de minar la imagen de impoluta eficiencia y credibilidad que externa su perfil.
Falta mucho tiempo para definir a quienes serán las corcholatas del 2030, no obstante, hoy en día a García Harfuch se le menciona dentro y fuera del país, sobre todo en Estados Unidos, como uno de los posibles sucesores de Claudia Sheinbaum.
Y eso ya se convirtió en un factor de gobernabilidad en un juego político que da la imagen de la Casa del Jabonero, donde el que no cae, resbala.
Por cierto, de estas caídas y resbalones esta semana ha habido varias que han sido una exhibición mediática más próxima al espectáculo vodevil que generan los propios personajes, que el político y social que se requiere: el salón de belleza en el Senado y la limpieza del calzado del presidente de la Corte.