Opinión

El frágil cese al fuego en Líbano

El ministro de la Defensa, Israel Katz, recientemente ha afirmado que si Hezbolá no está desarmado al finalizar el año, podrá intervenir con fuerza en Líbano, porque no cree que se desarmará por su propia voluntad.
domingo, 30 de noviembre de 2025 · 07:00

Los cristianos del sur de Líbano rezan para que la visita del papa León XIV a su país al fin de noviembre les traiga la paz. Así lo piensan sobre todo los que habitan la región fronteriza con el norte de Israel. Rmeich es un poblado pequeño situado en el distrito de Bint Jbeil con más del 90% de población maronita. Se encuentra rodeado por puestos militares israelíes al sur y al norte por aldeas predominantemente musulmanas chiitas, acotadas por los bombardeos de Israel desde hace varios meses, donde el cese al fuego acordado el 10 de octubre pasado entre Israel y Hezbolá no ha tenido vigencia. Además de los muertos de estos tiempos, recuerdan los de los ataques de Israel en 1996 y 2006 que acabaron con la vida de decenas de personas.

Más al norte, a 22 kilómetros, en la ciudad de Dardaghiya, el reverendo Elia Kamel vio indignado las ruinas de la destrozada iglesia melquita cuando el 9 de octubre de 2024 un avión israelí envió un misil. Lo que demuestra las constantes incursiones de la armada del vecino país que no necesita tener en la mira ningún objetivo militar para disparar.

En un reciente bombardeo, no en la frontera, sino en Beirut, la capital del país, en uno de sus barrios de Dahiye, se escuchó un gran estruendo que dejó en ruinas una calle con todo y autos destruidos. Era el 23 de noviembre, al día siguiente del festejo de la fiesta de independencia del país. Las primeras reacciones fueron que Israel había matado a uno de los personajes importantes de Hezbolá que siempre encuentra. Y en efecto, unas horas después anunció la muerte del líder Ali Al-Tabatabai, a quien atribuyó el cargo en “jefe de Estado mayor” de Hezbolá, poco claro dada la situación actual del partido diezmado en los últimos tiempos.

Días atrás, el 14 de noviembre, la fuerza área de Israel atacó el campo de refugiados Ain al-Hilweh, situado en las proximidades de Sidón, una ciudad patrimonio de la humanidad. Allí las víctimas fueron 21 muertos y 94 heridos. Informes contradictorios dijeron que se trató de acabar con miembros de Al-Fatah, el organismo de la Autoridad palestina que gobierna Cisjordania y fue reconocido formalmente en Oslo, o que se trataba de un complejo de Hamás, la fuerza con la que se ha enfrentado Israel desde el asalto del 7 de octubre, según divulgó el canal 12 de la TV israelí.

Civiles, el "daño colateral". Foto: Mohammed Zaatari / AP.

Después se aclaró que el blanco era una reunión en la que participaban delegados de ambas organizaciones políticas que preparaban su agenda de punto a discutir en la reunión que tendría lugar al día siguiente en Turquía, encabezada por Steve Witkoff, enviado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convocante de la reunión de paz siguiendo su plan de los 20 puntos. El ataque no tocó a ninguno de los representantes, porque todas las víctimas eran civiles.

El hecho recuerda otras acciones militares de Israel para acabar con los negociadores, los cuales son necesarios para que haya acuerdos. Tal como sucedió con el asesinato de Ismail Haniya, sorprendido en Teherán el 31 de julio de 2024. Quien fuera primer ministro de Gaza y líder político de Hamás, se le atribuía en Catar ser un mediador entre las partes y haber avanzado en lo relativo a un cese al fuego y en el regreso de los rehenes israelíes. Se le atribuyó una posición en la que estaba por la creación del Estado palestino y el reconocimiento por parte de los árabes del Estado de Israel.

Su asesinato se suma a las 350 personas que han sido víctimas, de las cuales cien eran civiles, junto a cientos de heridos, a poco más de un mes desde que supuestamente se acordó el cese al fuego entre Hezbolá e Israel.

Ali Daamouch, jefe del consejo ejecutivo (sucesor de Hachem Saffieddine, a su vez, sucesor de Hassan Nasrallah, el jefe del Partido de Dios, asesinado justo hace un año) advierte que habrá una respuesta tarde o temprano. Y al parecer es una provocación para encontrar una respuesta lo que pretende el gobierno de Netanyahu. Según advierte el dignatario chiita independiente, el sheik Abbas Jawhari, el primer ministro “busca a toda costa atraer a Hezbolá a la trampa de la guerra”, para de paso golpear a Irán e impedirle negociar con Washington.

El ministro de la Defensa, Israel Katz, recientemente ha afirmado que si Hezbolá no está desarmado al finalizar el año, podrá intervenir con fuerza en Líbano, porque no cree que se desarmará por su propia voluntad. Y según el gobierno israelí, a él y a nadie más corresponde fijar la fecha para completar el desarme y no a Estados Unidos. El gobierno de Nawaf Salam, de Líbano, se comprometió a contener a la organización y se le ha visto acabando en algunos sitios con reservas de explosivos, aunque no parecen ser muy importantes. Lo inexplicable de todo el proceso para limitar a Hezbolá es que en los acuerdos no se establece compromiso alguno de parte de Israel.

El asedio de Israel del sur de Líbano continúa, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (FPNUL) afirma que, según estudios recientes, Israel está construyendo un muro fronterizo, para lo cual cruzó la línea azul, reconocida por la ONU después de varios conflictos suscitados desde hace años en ese espacio. El estudio del muro de hormigón en forma de T, construido por la armada israelí, ha dejado más de 4 mil metros cuadrados de territorio libanés inaccesible para los libaneses. La FPNUL pidió a Israel retirar esos muros porque violan la resolución 1701 del Consejo de seguridad y de la soberanía e integridad territorial de Líbano. Pero nada, nadie, ni las convenciones u organizaciones internacionales logran establecer reglas que obliguen a Israel a respetarlas.

Comentarios