Ayotzinapa
De Lucio Cabañas a los 43: la Normal Rural que desafió al poder cumple cien años
Fundada en 1926 en Tixtla, la Normal Rural de Ayotzinapa combinó educación laica, oficios agrícolas y formación ideológica, convirtiéndose en símbolo de justicia y memoria en México. La tarea, dicen veteranos, es esclarecer el asesinato de los 43.CHILPANCINGO, Gro. (Proceso).- En sus 100 años, la Normal Rural de Ayotzinapa ha formado a maestros y líderes sociales. El perfil ha chocado con el clero, caciques y gobernantes que la han intentado cerrar.
Desde Lucio Cabañas hasta los 43, los alumnos que han pasado por sus aulas impulsaron cambios relevantes como la autonomía de la universidad de Guerrero, sacar a generales de la gubernatura y hasta la caída del PRI en 2018, aseguran egresados.
Pero a la distancia, reflexionan, la lucha social de la Normal se desvinculó de sectores populares, en la Universidad Autónoma de Guerrero se desmanteló el espíritu combativo y la democracia, además el nuevo régimen de Morena no ha resuelto el caso Ayotzinapa.
El 2 de marzo de 1926, en la ciudad de Tixtla, un grupo de profesores encabezados por Rodoldo Alfredo Bonilla Cortés, fundó la Escuela Normal Regional “Conrado Abundes”.
Funcionó en locales con materiales donados por escuelas públicas. En los años siguientes la Junta de Beneficencia de Tixtla donó seis hectáreas de una antigua hacienda llamada Ayotzinapa, afuera de la ciudad.
Con ayuda de alumnos, padres y maestros se demolieron partes de la construcción y se construyeron los cimientos de la nueva institución. A partir de 1930 empezó a laborar la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, en Ayotzinapa, con aulas propias y tierras de cultivo.
La Normal de Ayotzinapa es parte de las escuelas rurales regionales que adoptaron el modelo de educación socialista propuesto por el gobierno de Lázaro Cárdenas en 1934.
La formación
Félix Bautista Marías y Arturo Miranda Ramírez, compañeros de generación de Lucio Cabañas, fueron consultados acerca de la formación de la Normal y la represión histórica.
Félix Bautista manifiesta una nostalgia al recordar a su alma máter que lo hizo maestro rural y lo formó política e ideológicamente para la lucha social. Perteneció a la generación del líder guerrillero de 1959 a 1963.
La formación magisterial de ese momento, dice, fue sólida y consistente. Había disciplina y orden.
Era importante instruir en agricultura, apicultura, talabartería, electricidad y en el manejo de una cooperativa porcina. Los oficios y las técnicas para mejorar los cultivos eran llevados a los hijos de campesinos.
A la par, los estudiantes participaban en competencias deportivas a nivel nacional. En Ayotzinapa se preparaban corredores, futbolistas, basquetbolistas, lanzadores de disco, jabalina y bala. Otro aspecto fue el arte por medio de la danza folclórica.
Se constituyó el Comité de Orientación Política e Ideológica (COPI), donde se preparaba a los estudiantes leyendo y analizando teoría de autores enfocados al socialismo y la lucha de clases.
Recibían, entre otros materiales, el boletín de la embajada de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), así como los discursos de Fidel Castro y el Che Guevara acerca de la revolución cubana, recuerda Bautista Matías.
“Es un internado, se permite la vida en común, se reflexiona sobre problemas de la escuela, del estado y del país. Y sobre eso se va haciendo una discusión, un análisis y una reflexión política”, agrega.
Entre los compañeros destacados de su generación, recuerda a Vicente Estrada Vega, que dirigió al grupo guerrillero Frente Jaramillista Morelense, y Julián Castillo Navarrete, primo de Lucio y exsecretario general del Comité Estudiantil de la Normal Rural de Ayotzinapa.
También citó a Inocencio Castro Artega, enlace entre el senador del PRI Rubén Figueroa y Lucio Cabañas, que terminó en el secuestro del cacique y desencadenó la Guerra Sucia; Carmelo Cortés, fundador de la guerrilla urbana Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y Jacob Nájera Hernández, integrante del Movimiento Revolucionario del Magisterio. Los tres fueron desaparecidos en la etapa también llamada “terrorismo de Estado”.
Fue parte de la generación César Núñez Ramos, dirigente magisterial y fundador de Morena en Guerrero.
Félix Bautista se unió a las filas de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres de Lucio Cabañas.
Arturo Miranda explica que, en la etapa de la Guerra Sucia, los maestros fueron hostigados y señalados de comunistas y guerrilleros por el Estado, aunque no lo fueran.
En su caso se integró a la Asociación Cívica Guerrerense (ACG) de Genaro Vázquez y fue encarcelado por cuatro años, acusado de realizar acciones guerrilleras y portar armas de origen alemán.
Por esa razón, asegura, muchos compañeros de la Normal terminaron siendo integrantes de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, fundado por Lucio Cabañas, justifica.
“Lo característico era que la mayoría de los maestros normalistas que trabajaban en la Costa y la Montaña pertenecían al Partido de los Pobres. Y los que estaban en la zona Norte y Tierra Caliente estaban vinculados con Genaro Vázquez”.
La vinculación a la lucha
La persecución no es nueva contra los normalistas de Ayotzinapa, dice Arturo Miranda Ramírez. En 1941, el gobierno de Manuel Ávila Camacho acusó a normalistas de violentar los símbolos patrios al bajar, pisotear y romper la bandera nacional para poner en su lugar la bandera comunista.
La acusación sirvió para que 25 estudiantes permanecieran tres años presos.
Miranda Ramírez ingresó a la Normal de Ayotzinapa en 1956. En ese tiempo se cursaba tres años de nivel secundaria y otros tres para ser maestro de educación primaria. La lucha, recuerda, era contra la corrupción en el manejo del presupuesto y los apoyos para la alimentación y mantenimiento del internado.
Tiene claro cómo la escuela se sumó a la lucha por la autonomía de la universidad de Guerrero.
A nivel estatal en 1959, dice, había una gran indignación por el nepotismo y la represión contra opositores del gobierno del general Raúl Caballero Aburto.
Era frecuente que en las parotas —cerca de la brecha que unía la carretera federal con Atoyac— aparecieran colgados cuerpos de campesinos inconformes. En Taxco los cadáveres de luchadores sociales eran arrojados al pozo Meléndez, de 150 metros de profundidad.
En ese contexto, Genaro Vázquez fundó la Asociación Cívica Guerrerense (ACG) que aglutinó a campesinos, copreros, caficultores y ajonjolineros, víctimas de despojo e injusticias.
A la par, el 21 de octubre de 1960, estudiantes se declararon en huelga para exigir la autonomía de la universidad y que se le asignaran las tierras cerca de su edificio docente.
Para el gobernador las demandas eran un delito, expone.
Los dirigentes, entre ellos Jesús Araujo Hernández, acudieron a la Normal para pedir apoyo. Lucio Cabañas, secretario general de Comité Estudiantil Ricardo Flores Magón, convocó a sus compañeros para informar la petición y que conocieran de voz de los universitarios las causas de la huelga. Por unanimidad se decidió apoyar el movimiento.
El mismo mes, cientos de normalistas marcharon más de 15 kilómetros desde su escuela en Tixtla hasta Chilpancingo como muestra de apoyo.
La ACR y Ayotzinapa se fusionaron con el movimiento estudiantil universitario que adquirió más fuerza, pero la acción provocó que el gobierno estatal intentara cerrar la escuela Normal Rural.
El estigma
En sus inicios, la Normal Raúl Isidro Burgos también fue internado para hijas de campesinos. Las estudiantes vestían overol y usaban el cabello corto.
La escuela estaba en el centro de la ciudad, frente a la iglesia. Los fines de semana las normalistas salían a limpiar el parque.
“Desde el púlpito, dentro de la iglesia, los sacerdotes decían 'vean para allá afuera. A esas viejas calzonudas las habían de desterrar porque son un mal ejemplo para los jóvenes'”, asegura Arturo Miranda.
Desde los primeros años, agrega, la Normal se vio involucrada en el rechazo, pero no del pueblo, sino de algunos feligreses manipulados por el clero.
Otro motivo del rechazo fue que en la escuela de maestros se practicaba la educación laica como lo estableció la Constitución de 1917, algo a lo que la Iglesia se oponía.
“Se arreció un rechazo contra los normalistas y corrían el riesgo de ser asesinados. Muchos maestros fueron atacados cuando iban regresando a la normal o se dirigían cuando iban rumbo a su trabajo a la montaña”.
A los futuros mentores también se les enseñaba a promover la distribución de las tierras para la conformación de los ejidos.
“Los caciques, el pan de cada día en el estado, veían a los maestros y a la Normal como enemigos, al sentir que sus latifundios serían repartidos entre los campesinos. En los caminos y las brechas los profesores eran presa fácil”.
En la historia reciente han sido asesinados 11 normalistas de Ayotzinapa, uno permanece en estado vegetativo y otros 43 fueron desaparecidos.
La influencia
Para Bautista, la generación de Lucio y otras de estudiantes líderes contribuyeron en los cambios sociales desde las luchas populares que encabezó Genaro Vázquez y las magisteriales que impulsó Othón Salazar Ramírez.
Sentaron las bases para un cambio en el estado que destacaba por tener regímenes autoritarios; quienes gobernaban eran jefes militares como Alejandro Gómez Maganda, Raúl Caballero Aburto y Baltazar R. Leyva Mancilla, expresa.
“Hay que reconocer el aporte de los líderes estudiantiles que tuvieron un gran respaldo popular para transformar el colegio del estado de Guerrero en la Universidad Autónoma de Guerrero”.
El costo fue de al menos 19 estudiantes y ciudadanos asesinados el 30 de diciembre de 1960 por soldados del Ejército. Caballero Aburto renunció al cargo, pero nunca fue castigado por la justicia.
Por su parte, Arturo Miranda reflexiona que en el 60 se hacían inmensas movilizaciones donde a los normalistas y universitarios se les tenía como héroes.
Ahora, observa, se hacen con puros normalistas, sin vincular a los sectores sociales, lo que explicaría la satanización.
“Si se siguieran vinculando con campesinos, colonos y obreros seguramente se demostraría que los normalistas hoy y siempre han sido partidarios de luchar con el pueblo y no distanciados”.
También se perdió la mística con la que eran formados para ser profesores, dice.
“El surgimiento de las normales, entre ellas la de Ayotzinapa, tenía la orientación de formar maestros líderes, porque a la vez alfabetizaban, enseñaban a mejorar cultivos de maíz y a realizar instalaciones eléctricas. Se formaba con planes y programas de estudios acordes con las comunidades, por eso era escuela rural. Ahora los planes de las normales urbanas son los mismos para las normales rurales”.
Los 43
El periodista Kau Sirenio ha dado cobertura al movimiento de protesta por los 43 normalistas desaparecidos. Considera que el caso provocó un cambio sustancial en Guerrero y el país con la caída del régimen del PRI.
Reforzando la estrategia de contrainsurgencia del peñismo, recuerda, en el gobierno estatal de Ángel Aguirre ya se había asesinado a 12 líderes de organizaciones sociales y se había encarcelado a otros 10.
“Ayotzinapa era una de las últimas llamas que ardían en el país, porque las organizaciones sociales estaban desarticuladas por los crímenes y la entrega de dádivas”.
El brutal ataque y la desaparición de los normalistas en el 2014, considera, fue contrainsurgencia, porque representaba el último bastión de la resistencia social.
El periodista considera que el movimiento de Ayotzinapa, tras la desaparición de 43 de sus alumnos, generó un cambio social y político profundo en el país.
“El primero en caer fue el gobernador Ángel Aguirre, responsable de la muerte de una docena de activistas, entre ellos dos normalistas de Ayotzinapa. Además, encarceló a Nestora Salgado, Gonzalo Molina, Arturo Campos, Bernardino Francisco y Marco Antonio Suástegui”.
En efecto dominó, a nivel nacional cayó el PRI y su sistema político caduco, apunta Kau Sirenio.
La tarea, dice, es seguir exigiendo justicia y que la presidenta Claudia Sheibaum cumpla, porque para que Morena llegara al poder con Andrés Manuel López Obrador hubo sangre y desapariciones.
“Debe cumplir su palabra de encontrar a los estudiantes, presentar y castigar a los culpables, porque Ayotzinapa ya puso sangre”.