Día Internacional de la Lengua Materna

El etnocidio lingüístico en Guerrero: de 25 lenguas originarias a sólo cuatro

En Guerrero existían unas 25 lenguas antes de la Conquista, hoy sobreviven cuatro. El académico Francisco Palemón explica que la castellanización forzosa y la evangelización constituyen un etnocidio cultural. Promotoras indígenas alertan que la ausencia de traductores vulnera derechos básicos.
sábado, 21 de febrero de 2026 · 07:00

CHILPANCINGO, Gro. (Proceso).- La educación mexicana basada en la castellanización y la religión que impuso un modelo espiritual europeo se incrustaron en las lenguas originarias, las desplazaron y las han ido desapareciendo.

El sistema educativo ha provocado incluso la negación de la lengua y del propio ser en niños y adolescentes nahuas de Guerrero en las escuelas donde sólo se permite el español, cuenta de primera mano el académico Francisco Palemón Arcos, con motivo del Día Internacional de la Lengua Materna que se celebra los 21 de febrero.

Pero la conservación o pérdida de la lengua va más allá, dicen promotoras de los derechos de las mujeres: el Estado pone en riesgo la vida de los hablantes al no contar con traductores ni personal capacitado en instituciones de salud y de impartición de justicia.

“No lo están comprendiendo las autoridades, lo peligroso que es que, a una mujer embarazada o enferma, hablante de su lengua, no le pueda entender el personal médico. Prácticamente están atentando contra su vida e integridad”, alertó Gady Dircio Chautla, coordinadora de la Casa de la Mujer Indígena (Cami) Zihuachikahuac (Mujer sana, fuerte y valiente).

Negué mi lengua y mi ser. Investigador nahua Francisco Palemón. Foto: Luis Daniel Nava.

 

Una castellanización forzosa

A los 12 años los padres de Francisco le prohibieron hablar su lengua materna, el náhuatl.  

Ellos habían padecido discriminación verbal y física en la escuela primaria: los maestros no los dejaban entrar al salón y los reprendían cuando deletreaban o no podían pronunciar las palabras. Les hicieron sentir una y otra vez que su lengua era un estorbo para entender el español.

“Tú vas a sufrir discriminación y para que no sufras aprende el castellano”.

Fue una castellanización forzosa, aunque la comunidad nahua de Acatlán vitalizó y fortaleció su lengua porque convivía a diario con sus integrantes. Por eso Francisco se hizo bilingüe.

“Aun así viví la negación de mi propia lengua, es decir, negaba mi propio ser y mi pensamiento”, cuenta Francisco Palemón.

Para estudiar la escuela secundaria se tuvo que trasladar a la ciudad de Chilapa, a la que desde 1533 una orden de frailes agustinos definió su estructura urbana y tradición católica.

“En la secundaria José de San Martín (la primera fundada en Guerrero) sentí las primeras muestras de discriminación, yo no sabía qué era eso. “Los compañeros de grupo nos decían que éramos indios, nativos, guaraníes”.

En los tres años de formación, dice, los maestros no impulsaron o recuperaron obras literarias de México, siempre era de otros países. “Todo el conocimiento era occidental, en ningún momento conocimos los saberes que tenemos en las comunidades”, recuerda.

 

Lenguas perdidas

Francisco Palemón Arcos es licenciado en Educación Indígena, maestro en lingüística indoamericana y tiene dos doctorados en desarrollo rural en la línea de educación intercultural y en educación en la línea hermenéutica (comprensión de textos) y multicultural.

Entrevistado en su oficina de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), asegura que antes de la llegada de los españoles, en lo que hoy es territorio de Guerrero existían alrededor de 25 lenguas, incluidas sus variantes, entre ellas: tolimeca, chontal, tisteco, texome, camoteco, matéame, panteco, mazateco, tepuxteco, tezcateco, chumbio y tlazihuisteco. Fueron extinguidas a partir de la Conquista en 1521, por el sometimiento y desplazamiento por el castellano, la evangelización, la violencia y el reacondicionamiento económico social. A esto se le puede considerar etnocidio, explica.

En la actualidad sobreviven cuatro lenguas maternas, el náhuatl o mexicano; tu'un savi o mixteco, que significa “palabra de la lluvia”; me'phaa, que es “gente de Tlapa”, y no'mndaa o amuzgo, que se relaciona con la “nueva palabra”.

De 3 millones 540 mil 685 habitantes que tiene Guerrero, 515 mil 487 son hablantes de alguna lengua, de acuerdo con el censo de población del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de 2020.

El 14.5% de la población guerrerense habla una lengua. El náhuatl tiene 180 mil 628 hablantes, el tu'un Savi 149 mil 600, el me'phaa 133 mil 465 y el no'mndaa 49 mil 400 habitantes. Además, hay 2 mil 394 hablantes de otras lenguas.

 

Historia de la educación

La prioridad de la educación en México, desde la llegada de los españoles hasta la actualidad, ha sido la castellanización y el desplazamiento de las lenguas, explica Palemón Arcos.

Con la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1921 y de la Universidad Autónoma de México (UNAM) el concepto del mestizaje impregnó mucho en las normales rurales del país.

“Un principio fue que todos hablaran castellano y que se prohibieran las lenguas indígenas porque eso, decían, obstruía el progreso, ésa fue la narrativa que sigue alojada. Tiene que ver con paradigmas del racismo, exclusión y discriminación”.

Al crearse el Instituto Nacional Indígena (INI) en 1948 surgen los promotores culturales con la misión de imponer una lengua y prohibir las lenguas maternas. Después se dieron cuenta de que eso iba en contra de la cultura, dice.

En 1977 el sector indígena se organizó en la Alianza Nacional de Profesionales Indígenas Bilingües (ANPIBAC), que alertó que una educación castellanizadora acababa con la cultura y eso implicaba desplazar o desaparecer su propia lengua.

Mujeres nahuas de Guerrero. Preservación de las lenguas. Foto: Luis Daniel Nava.

Por ese movimiento el Estado creó otras instituciones como la Dirección General de Educación Indígena, que se apropia del modelo de Educación Bilingüe Bicultural, pero con las mismas tendencias a la castellanización.

En los 80 y 90 el modelo educativo cambió a uno bilingüe intercultural.

“Si antes convivían dos culturas y dos lenguas, ahora tendrían que intercambiar, tendrían que respetar ese intercambio, pero en realidad lo que hay ahora es un vacío de formación, porque los maestros que trabajan en el medio indígena no están preparados para poder hacer ese intercambio, además la sociedad mestiza no hace el esfuerzo por conocer los saberes que tienen los pueblos indígenas”, comenta el investigador.

 

La discriminación en una sociedad mestiza

Para Francisco Palemón había una consigna muy fuerte desde el inicio de la Conquista. El encuentro de dos culturas que implicaba someter y perder a otra.

“Para la versión de los europeos la que se sometió fue la de los pueblos originarios. Ahí la religión influyó mucho porque no se podían hacer interpretaciones desde otras lenguas que no fueran el español o el latín.

“Influyó mucho porque la mentalidad, para efectos espirituales, tenía limitaciones para creer y pensar fuera de los que es la cosmovisión europea”.

Con la formación religiosa y la educación formal en los pueblos originarios se fue limitando a las lenguas y se las llevó a su desplazamiento.

“Todas las lenguas, incluyendo el náhuatl, tuvieron contacto con el español que poco a poco se fue incrustando y fue desplazando a las lenguas hasta llegar a la pérdida”, finaliza.

 

Su corazón latía rápido

Ana de 15 años, del pueblo nahua de Papaxtla, llevaba dos días con dolor. Ya había ido a que la sobaran y había tomado remedios tradicionales, pero las molestias continuaron. Tenía poco más de ocho meses de embarazo.

Aquella noche de noviembre de 2025, Ana y su mamá viajaron al hospital de Chilapa, donde la revisaron.

Les dijeron que la menor ya tenía trabajo de parto, que el bebé venía mal, que su corazón latía muy rápido y que era necesario intervenir con una cesárea.

Pero las mujeres no entendían el español, menos los términos médicos.

Lo único que sabían era que las cuentas no coincidían, que le faltaban días para que se aliviara.

“No, yo no quiero, falta el tiempo, le faltan tres semanas (para aliviarse), además con la operación tardan mucho en recuperarse”, respondía en náhuatl la mamá de Ana a los médicos y enfermeras, que tampoco le entendían.

“La mamá que ya tenía experiencia en partos tradicionales insistía en que a su hija le faltaba tiempo y tenía temor de que el bebé fuera a salir mal, que era mejor esperar.

“Los médicos le decían que su hija tenía una infección, mucho dolor y que el bebé estaba mal. Le decían y ella no entendía, tampoco ellos la entendían. Lo único que hizo fue ponerse a llorar ahí”, recuerda Marcelina Francisco, promotora de salud e intérprete de la Casa de la Mujer Indígena Zihuachikahuac que acudió en su ayuda.

Marcelina Francisco, promotora y traductora nahua. Foto: Luis Daniel Nava.

La promotora tradujo a las usuarias y al personal médico, habló con una trabajadora social y confirmó que el bebé estaba maduro y que podía sobrevivir. La mamá firmó para que intervinieran a su hija.

 

Una demanda añeja

La demanda de que hospitales y clínicas de salud cuenten con intérpretes y personal capacitado para una atención intercultural es una demanda que desde 1999 se ha planteado desde la desaparecida Coordinadora Estatal de Mujeres Indígenas, recuerda Isabel Dircio, promotora de la salud materna y partería tradicional en mujeres nahuas.

Gady e Isabel Dircio Chautla. Lucha por los derechos de las mujeres. Foto: Luis Daniel Nava.

Su hermana, Gady Dircio, coordinadora de la Cami Zihuachikahuac en Chilapa, asegura que a diario en zonas con población indígena llegan mujeres hablantes de lenguas maternas a los hospitales, pero no pueden comunicar sus síntomas y el servidor que las recibe no les brinda una atención adecuada porque no entiende.

“Es responsabilidad de la institución de salud contar con personal de traducción a las usuarias, sobre todo en regiones donde hay mucha población hablante de su lengua”.

Comenta que a los funcionarios de distintos gobiernos de Guerrero se les ha explicado la importancia de tener traductores y a profesionales de la salud para atender a personas que llegan de las comunidades, porque es parte de sus derechos. 

El inconveniente que siempre han planteado las autoridades estatales, afirma, es la falta de presupuesto para contratar a traductores o intérpretes.

“Eso no lo están comprendiendo las autoridades, lo peligroso que es que, a una mujer embarazada o enferma, hablante de su lengua, no le pueda entender el personal médico. Prácticamente están atentando contra su vida e integridad. La respuesta ha sido la misma, la falta de presupuesto”, lamentó Gady Dircio.

Isabel expresa que, ante la insistencia, en 2016 el gobierno de Héctor Astudillo contrató intérpretes en algunos hospitales y hasta en las fiscalías regionales, pero que meses después los corrieron bajo el argumento que no había presupuesto.

Hace un año, agrega, el gobierno federal de Claudia Sheinbaum decretó el 2025 como “Año de la mujer indígena”.

“Pensamos que se iban a implementar políticas públicas para disminuir la desigualdad de las mujeres indígenas, al menos en el tema de los intérpretes, pero ni eso fue palpable”, lamentó.

“Nos siguen viendo como parte del folclor, no como personas sujetas de derecho”.

Necesario, intérpretes en hospitales. Foto: Isabel Mateos / Cuartoscuro.

Y machacó: “Están de por medio la vida de las familias, de las mujeres, de sus hijos. En donde hay más situaciones de violencia y discriminación es en las comunidades con población indígena, y no es por hacernos víctimas, es la realidad que se vive”.

La propuesta de las seis casas de la mujer indígena: en Ometepec, Chilapa, Ayutla de los Libres, Metlatonoc, San Luis Acatlán y Acatepec, así como de las organizaciones de las mujeres, es que se legisle para contar en el estado con traductores o intérpretes en los espacios de salud y no sea voluntad de los gobernantes. 

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