Internacional
Vladimir Villegas: “Hoy fue Venezuela, pero mañana puede ser cualquier país latinoamericano”
Vladimir Villegas, exembajador de Venezuela en México, advierte que Latinoamérica, dividida y débil, carece de una respuesta articulada frente al intervencionismo de Trump. Critica la retórica sin acciones concretas y urge a activar mecanismos como la Celac.BOGOTÁ (Proceso).– El exembajador de Venezuela en México Vladimir Villegas dice a Proceso que, luego de la agresión del mandatario estadunidense Donald Trump contra su país, América Latrina luce dividida, fragmentada, débil y sin capacidad para reaccionar de manera articulada frente a la política intervencionista del gobernante republicano.
Tan es así, que Villegas ha recordado por estos días una frase del fallecido expresidente uruguayo Pepe Mujica: “La retórica, sin hechos, no sirve de nada”.
Y es que “hoy es Venezuela la agredida, pero mañana puede ser cualquiera de los otros países latinoamericanos”, y “si actuamos individualmente, por pedacitos, a pedacitos nos van a comer y la posibilidad de éxito va a ser absolutamente nula”.
Lo que hay que hacer, dice, es “crear un muro de contención frente a esta política” estadunidense.
Pero, por lo pronto, ha prevalecido la retórica latinoamericanista sobre los hechos, según dice el exembajador, exvicecanciller, exchavista y crítico del rumbo que tomó Venezuela desde 2007, primero con Hugo Chávez y después con Nicolás Maduro, quien fue secuestrado por comandos estadunidenses en un ataque relámpago en Venezuela el 3 de enero último.
Maduro, explica Villegas, era un gobernante autoritario; y si hubiera llegado al poder en un proceso democrático, “le habría costado mucho más a Estados Unidos tener una intervención”. Es válido, por tanto, preguntarse “en qué medida el autoritarismo termina siendo combustible para el intervencionismo”, asegura.
Pero al exembajador, como a la mayoría de los ciudadanos y gobiernos del mundo, le parece inadmisible que un presidente –en este caso Trump– pase por alto el derecho internacional y ataque a un país –en este caso Venezuela– con el propósito manifiesto de asumir el control de su petróleo.
Por eso plantea:
¿En qué medida nosotros, como región, como latinoamericanos, podemos hacer algo para evitar esta debacle? ¿O estamos resignados a no hacer nada?.
Los gobiernos de la izquierda democrática en la región –México, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay– han dicho por separado, y en una declaración conjunta, que el ataque a Venezuela “contraviene principios fundamentales del derecho internacional”, y han llamado con tibieza, y sin siquiera mencionar a Trump, a dejar que los venezolanos decidan su futuro sin injerencias externas y sin que otra nación busque la apropiación de sus recursos naturales.
Eso, para Villegas, es absolutamente insuficiente.
De los comunicados, señala, hay que pasar a la reactivación, con hechos, de los mecanismos regionales de integración, desde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) hasta la Organización de Estados Americanos (OEA).
Afirma que, en la OEA, organismo del que Venezuela salió en 2017, los países de la izquierda democrática latinoamericana deberían “forzar” el debate sobre la situación de la región y sobre qué tipo de normas van a regular en lo sucesivo las relaciones hemisféricas, si las que impone Trump, o las que establece la Carta Democrática Interamericana.
Falta de consensos
Envalentonado tras lograr el secuestro de Maduro en Venezuela en una exitosa operación militar, Trump dijo la semana anterior en una entrevista con The New York Times que no se siente condicionado por el derecho internacional y que los únicos límites a su poder son su propia moral y su “mente”.
También anunció el retiro formal de Estados Unidos de 66 organismos internacionales. Es decir, los organismos multilaterales no le importan al magnate republicano.
Pero de acuerdo con Villegas, ese hecho no debe ser impedimento para que los países latinoamericanos apuesten por hacer un frente común ante los desafíos que plantea a la región el unilateralismo y el uso de la fuerza del presidente de la nación más poderosa de la tierra. Al contrario.
La Celac, un foro regional del que no forma parte Estados Unidos, debe “definir su rumbo de aquí en adelante y discutir –señala Villegas– si vamos a aceptar que nuestro destino es someternos nuevamente al orden mundial que se está imponiendo” desde Washington.
La llegada de Trump a la Casa Blanca por segunda vez, considera, ocurrió en un momento en el que la región vive en franco retroceso en materia de integración, no sólo porque hay gobiernos de extrema derecha absolutamente alineados con el mandatario estadunidense, sino porque los gobiernos de la izquierda democrática han postergado esa tarea.
Señala que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que tuvo gran protagonismo a principios de este siglo, hoy es “una especie de cadáver ambulante”, y la Celac tiene la característica de que todas las resoluciones se toman por consenso, y hay gobiernos como los de Javier Milei, en Argentina; Nayib Bukele, en El Salvador, y Daniel Noboa, en Ecuador, que aplauden todo lo que diga y haga Trump.
El 4 de enero último, un día después del secuestro de Maduro, la Celac realizó una cumbre extraordinaria de cancilleres que concluyó sin consenso para emitir una declaración conjunta de condena al ataque unilateral de Trump a Venezuela. Argentina, El Salvador y Ecuador se opusieron a repudiar esa acción militar unilateral.
Para Villegas, lo que la región debe entender que hay cuestiones de principios que vale la pena defender con unidad, más allá de las ideologías de los gobiernos.
Asegura que la respuesta al intervencionismo no debe ser ni el autoritarismo de las izquierdas –como era el caso de Maduro y es el del dictador nicaragüense, Daniel Ortega– ni la actitud complaciente de la extrema derecha.
El chavismo, con los hilos del poder, pero...
Al referirse a la situación interna en Venezuela tras el ataque estadunidense del 3 de enero, el exembajador sostiene que el centro de la preocupación de los venezolanos no es lo que pasó sino lo que va a pasar.
Lo primero, para los ciudadanos –explica–, es que no haya un nuevo bombardeo, y para eso el gobierno (que hoy encabeza Delcy Rodríguez, quien fue la vicepresidenta con Maduro) tiene que hacer mucha política, mucha diplomacia, y dar señales de apertura y de su disposición a la reconciliación.
Piensa que la liberación de presos políticos –apenas medio centenar de unos 800– es un buen paso, pero debe profundizarse.
Venezuela, sostiene, no es el mismo país del 2 de enero, la víspera del ataque, y eso es natural porque el ataque militar estadunidense y el poderío que mostraron los comandos y las armas del Pentágono dejaron a los ciudadanos con una profunda sensación de vulnerabilidad.
Sobre la relación entre Estados Unidos y el gobierno de Rodríguez, considera que se encuentra en un periodo de “pragmatismo mutuo” en el que todo el entramado del poder chavista está en plena reconfiguración.
Delcy Rodríguez está ante un desafío –plantea Villegas–, y ella está caminando sobre el filo de la navaja. Por un lado, ella está al mando y pretende seguir al mando, pero tiene que manejar los equilibrios internos y a los sectores más radicales del chavismo. Por un lado, mantiene un discurso de defensa de la soberanía y antiimperialista, pero por otro no quiere generar una mayor confrontación con Estados Unidos.
Eso la ha llevado “a afinar el lenguaje y a afinar las decisiones” mientras “va generando una gobernabilidad propia”, asegura.
De acuerdo con Villegas, la presidenta encargada desarrolla un juego bastante complicado, “de filigrana”, pero la incertidumbre sobre lo que va a pasar es el sello del actual momento.
Hay hechos que preocupan especialmente al exembajador en México, como la presencia de los paramilitares “colectivos” chavistas en caravanas de motocicletas en las calles de Caracas, portando armas largas, encapuchados y haciendo rugir los motores de sus vehículos, con versiones que apuntan al poderoso ministro del Interior, Diosdado Cabello, como el jefe en las sombras de esos grupos.
Villegas no quiere personalizar, pero señala detener esas movilizaciones que intimidan a la población es decisión que deben tomar los más altos mandos del chavismo.
“Permitir que actúen (los paramilitares armados) o pararles el trote y buscarles otra ocupación, es una decisión política –señala–. Pero evidentemente ellos (los ‘colectivos’) obedecen a un liderazgo, y si el liderazgo aparece dividido, aparece titubeante, o no aparece, pues cada uno actuará de su cargo, de su parte”.
Y eso, asegura, no sirve para la estabilidad de un país.