Narcotráfico
A diez años de la caída del "Chapo" Guzmán, el agonizante cisma y la guerra en el cártel de Sinaloa
Hace una década la captura de Joaquín el “Chapo” Guzmán desató la fractura en el cártel de Sinaloa. Hoy, la guerra entre los Chapitos y la Mayiza redibuja el narcotráfico en México, con el Cártel Jalisco Nueva Generación expandiéndose.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Hace 10 años Joaquín el Chapo Guzmán fue reaprehendido; una década después, aquel evento no significó el desmantelamiento del Cártel de Sinaloa, sino el inicio de un lento, pero inexorable cisma que hoy redibuja el mapa de la violencia y el narcotráfico en México.
El 8 de enero de 2016 el presidente Enrique Peña Nieto anunció en sus redes sociales: “Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido”.
La tercera caída del Chapo fue el detonante de una implosión. El cártel se fracturó y hoy vive una guerra fratricida entre sus herederos: los Chapitos –que son los hijos de Guzmán Loera– y la facción leal de su compadre, Ismael el Mayo Zambada.
Los efectos inmediatos de la recaptura del Chapo fueron un espejismo de estabilidad. En 2016-2017 el Cártel de Sinaloa, bajo el control del Mayo, mantuvo su dominio en rutas clave de fentanilo y metanfetaminas hacia Estados Unidos.
Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido.
— Enrique Peña Nieto (@EPN) January 8, 2016
Sin embargo, el quiebre llegó en julio de 2024, cuando Zambada fue arrestado en El Paso, Texas, junto a Joaquín Guzmán López, uno de los hijos del Chapo.
No fue una traición fortuita: documentos judiciales revelan que Guzmán López, bajo presión de cargos por tráfico de fentanilo, secuestró y drogó al Mayo llevándolo como ofrenda de cooperación para el gobierno de Donald Trump.
Ese “golpe de Estado narco” desató la tormenta. La facción de los Zambada –la Mayiza–, leal a su hijo Ismael el Mayito Flaco y compuesta por veteranos de los noventa, vio en los Chapitos a “traidores ambiciosos”. Lo que empezó como escaramuzas por zonas de Culiacán y Badiraguato escaló a una guerra civil que en 2025 cobró cerca de dos mil vidas sólo en Sinaloa.
“Es una guerra de sucesión medieval: los Chapitos reclaman el trono por sangre, pero La Mayiza por antigüedad y lealtades”, analiza Eduardo Guerrero, director de Lantia Intelligence, en un reporte de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED, por sus siglas en inglés, que es un monitor global que recopila, analiza y mapea datos sobre conflictos y protestas.
Sinaloa controlaba 40% del mercado de opioides, con ingresos calculados en seis mil millones de dólares anuales, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas. Pero la guerra interna ha debilitado su cohesión abriendo brechas para rivales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), bajo Nemesio Oseguera, el Mencho –prófugo de la justicia y por el que EU ofrece una recompensa de 15 millones de dólares–, que ha capitalizado el caos.
“La fragmentación de Sinaloa es un regalo para Jalisco: menos competencia en el fentanilo, más control en rutas migratorias y extorsión", advierte el informe Mexico's Organised Criminal Landscape 2025, que prevé un aumento de violencia en estados como Guanajuato (con dos mil 84 asesinatos en 2025) y Tabasco, donde el CJNG impone cuotas a agricultores y transportistas.
En el terreno la reconfiguración territorial es palpable. Sinaloa, cuna del narco, se parte: los Chapitos retienen Culiacán pero pierden Badiraguato ante La Mayiza que se alía con exzetas en Chihuahua. El CJNG, con su modelo franquicia, infiltra Veracruz e Hidalgo –como reportan analistas como Ghaleb Krame– imponiendo "piso" en huertos de aguacate y rutas de combustible.
En Michoacán y Guerrero la guerra se multiplica: matanzas como la de 20 cuerpos en fosas sinaloenses en junio de 2025 ilustran un patrón nacional de 277 eventos similares en la presidencia de Claudia Sheinbaum.
Analistas como los de Crisis Group advierten en su reporte de marzo de 2025 que, sin una estrategia integral, que incluya amnistías selectivas y desarrollo rural, la violencia podría sumar 15 mil homicidios.
Diez años después de su captura, la estela criminal del Chapo no es de ruinas, sino de cenizas volátiles. Sus hijos, una vez capos intocables, ahora son testigos cooperantes en un tribunal de Manhattan “vendiendo” secretos por libertad condicional.
“El Chapo no era sólo un capo, era el pegamento ideológico del cártel”, explica Vanda Felbab-Brown, experta en crimen organizado del Brookings Institution. "Su ausencia creó un vacío que los hijos intentan llenar con violencia, no con visión”.
Liberaciones y acusaciones
La historia reciente del Cártel de Sinaloa está marcada por liberaciones que han alimentado percepciones de colusión estatal y acusaciones que han expuesto redes transnacionales.
Uno de los casos más emblemáticos es el de Ovidio Guzmán López, el Ratón, otro de los hijos del Chapo. En octubre de 2019, durante el gobierno de López Obrador, Ovidio fue capturado en Culiacán en un operativo conjunto con la DEA.
Sin embargo, ante la respuesta violenta del cártel –que incluyó bloqueos, tiroteos y la toma de la ciudad, hechos conocidos como el primer Culiacanazo– el presidente morenista ordenó su liberación para "evitar un baño de sangre". La decisión, confirmada por el propio López Obrador, fue criticada como un acto de capitulación ante el crimen organizado.
Ovidio fue recapturado en enero de 2023 en Jesús María, Sinaloa, en un operativo que costó la vida de 10 militares, y extraditado a Estados Unidos en septiembre de ese año. Actualmente enfrenta cargos por tráfico de fentanilo y otros narcóticos, y ha negociado un acuerdo de culpabilidad que incluye protección para 17 familiares.
En contraste, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, los otros Chapitos, permanecen prófugos, con recompensas de 10 millones de dólares por cada uno ofrecidas por el gobierno de Donald Trump.
La fractura del Cártel de Sinaloa se consolidó en 2024 tras la captura del Mayo, pero 2017 destaca por las disputas entre Los Chapitos y los aliados de Zambada.
En septiembre de 2024 el conflicto estalló en Culiacán con narcobloqueos, tiroteos y profanaciones de tumbas. Un año después, en 2025, se reportaron más de mil 800 muertes, cientos de desaparecidos y comunidades convertidas en pueblos fantasma.
Zambada, por su parte, se declaró culpable en 2025 de cargos de narcotráfico y enfrenta cadena perpetua. Su captura, orquestada por Guzmán López, expuso traiciones internas y acusaciones de colusión con el gobierno mexicano.
Otros implicados en esta guerra fratricida incluyen a Dámaso López Núñez, el Licenciado, quien negoció liberaciones pasadas, y a Fausto Isidro Meza Flores, el Chapo Isidro, capo que creció bajo la mirada del Ejército y ahora disputa territorios.
En ese contexto México extraditó en 2025 a 26 narcotraficantes incluyendo yernos de Zambada y operadores de Los Chapitos, como Kevin Gil Acosta y Martín Zazueta.
La fractura sinaloense ha redibujado el mapa criminal mexicano, creando vacíos que el CJNG explota para expandirse. Considerado por el Departamento de Justicia como una de las organizaciones más peligrosas, el CJNG controla seis estados y tiene presencia en 20, enfocándose en puertos como Manzanillo y rutas hacia Zacatecas.
Diez años después de la captura del Chapo, el Cártel de Sinaloa fracturado ilustra el fracaso de estrategias reactivas. Liberaciones como la de Ovidio y acusaciones contra líderes han alimentado divisiones, reconfigurando un mapa donde el CJNG domina.