Cuba
Cuba: El régimen en su laberinto
Mientras los cubanos sufren las peores penalidades desde que triunfó la revolución en 1959, el régimen castrista maniobra para evitar su derrumbe. Anuncia medidas para abrir la economía y adelanta contactos con Estados Unidos, pero sin renunciar a su discurso.CIUDAD DE MÉXICO (apro).-El experimento revolucionario que por casi 70 años sacudió al continente, inspiró artistas, y sirvió de ejemplo a políticos e intelectuales, se hunde y arrastra consigo a sus ciudadanos. La terquedad y corrupción interna, sumadas a la llegada al poder en Estados Unidos de un Donald Trump hambriento de conquistas geopolíticas, se han transformado en un cóctel de desgracias.
Pero no hay que engañarse, advierten tres periodistas cubanos entrevistados por CONNECTAS para este artículo. Aunque la dictadura castrista haya encontrado en Trump, con quien ahora negocian, la excusa perfecta para achacarle todos sus problemas, la crisis siempre ha formado parte de la vida de los cubanos. “Han existido desde el mismo 1959 (año en que los revolucionarios conquistaron el poder)”, dice la periodista del medio El Toque, Melissa Cordero Novo. “Son crisis cíclicas y que se derivan fundamentalmente de una economía estatal que solo ha llevado a la ruina al país y un modelo político ideológico que se sostiene a base de represión y miedo”, asegura.
A fines de 2024, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información publicó que Cuba tenía 9.748.000 habitantes, es decir, más de un millón menos que en 2020. Y cada vez más cubanos emigran, asfixiados por las medidas de Trump en los últimos meses. Es que si antes los apagones se extendían por tres horas, ahora es ese el tiempo que dura la energía eléctrica en un día. A esto se suma que, como están mostrando los youtubers desde la Isla, cada vez hay menos automóviles en las calles y la gente debe caminar largos trayectos para comprar comida o útiles de aseo. El país está paralizado.
Pero el régimen sigue empeñado en mantenerse en el poder y lanzó, el 16 de marzo, una serie de reformas económicas que intentan captar inversión extranjera. El encargado de dar a conocer las medidas fue el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro. Un símbolo en un régimen que se jactó de buscar la igualdad social, pero que mantiene una serie de personajes que caen en la categoría de “nepo babies” revolucionarios.
Pérez-Oliva Fraga hizo el anuncio en “Mesa Redonda”, un añoso programa de la televisión oficial dedicado al debate político en un país donde no se permite la disidencia. Pero en medio de los constantes apagones, muy pocos lo vieron, así que grabó un audio que circuló por redes sociales. En lo principal, la reforma permitiría a los cubanos residentes en el exterior invertir y poseer negocios en la Isla, incluidos los que viven en Estados Unidos, el principal destino de su diáspora. Parece normal, pero es una medida que contradice décadas de seguir casi estrictamente una economía centralizada y estatizada, un marxismo al estilo soviético. Pero por lo que parece, no hay mucha sinceridad en la decisión.
“Son una mera compra de tiempo por parte del régimen” dice Pablo Díaz Espi, director de El Diario de Cuba. Para el periodista exiliado en España, las medidas llegan tarde, son escasas y vienen de un gobierno que no es confiable. “Es un estado que a lo largo de las décadas una y otra vez ha prometido reformas y libertades económicas; y una y otra vez las ha vuelto atrás. Prácticamente ha robado cualquier riqueza y cualquier iniciativa a la sociedad cubana”, agrega.
El experimento revolucionario que por casi 70 años sacudió al continente, inspiró artistas, y sirvió de ejemplo a políticos e intelectuales, se hunde y arrastra consigo a sus ciudadanos. La terquedad y corrupción interna, sumadas a la llegada al poder en Estados Unidos de un Donald Trump hambriento de conquistas geopolíticas, se han transformado en un cóctel de desgracias.
Pero no hay que engañarse, advierten tres periodistas cubanos entrevistados por CONNECTAS para este artículo. Aunque la dictadura castrista haya encontrado en Trump, con quien ahora negocian, la excusa perfecta para achacarle todos sus problemas, la crisis siempre ha formado parte de la vida de los cubanos. “Han existido desde el mismo 1959 (año en que los revolucionarios conquistaron el poder)”, dice la periodista del medio El Toque, Melissa Cordero Novo. “Son crisis cíclicas y que se derivan fundamentalmente de una economía estatal que solo ha llevado a la ruina al país y un modelo político ideológico que se sostiene a base de represión y miedo”, asegura.
A fines de 2024, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información publicó que Cuba tenía 9.748.000 habitantes, es decir, más de un millón menos que en 2020. Y cada vez más cubanos emigran, asfixiados por las medidas de Trump en los últimos meses. Es que si antes los apagones se extendían por tres horas, ahora es ese el tiempo que dura la energía eléctrica en un día. A esto se suma que, como están mostrando los youtubers desde la Isla, cada vez hay menos automóviles en las calles y la gente debe caminar largos trayectos para comprar comida o útiles de aseo. El país está paralizado.
Pero el régimen sigue empeñado en mantenerse en el poder y lanzó, el 16 de marzo, una serie de reformas económicas que intentan captar inversión extranjera. El encargado de dar a conocer las medidas fue el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro. Un símbolo en un régimen que se jactó de buscar la igualdad social, pero que mantiene una serie de personajes que caen en la categoría de “nepo babies” revolucionarios.
Pérez-Oliva Fraga hizo el anuncio en “Mesa Redonda”, un añoso programa de la televisión oficial dedicado al debate político en un país donde no se permite la disidencia. Pero en medio de los constantes apagones, muy pocos lo vieron, así que grabó un audio que circuló por redes sociales. En lo principal, la reforma permitiría a los cubanos residentes en el exterior invertir y poseer negocios en la Isla, incluidos los que viven en Estados Unidos, el principal destino de su diáspora. Parece normal, pero es una medida que contradice décadas de seguir casi estrictamente una economía centralizada y estatizada, un marxismo al estilo soviético. Pero por lo que parece, no hay mucha sinceridad en la decisión.
“Son una mera compra de tiempo por parte del régimen” dice Pablo Díaz Espi, director de El Diario de Cuba. Para el periodista exiliado en España, las medidas llegan tarde, son escasas y vienen de un gobierno que no es confiable. “Es un estado que a lo largo de las décadas una y otra vez ha prometido reformas y libertades económicas; y una y otra vez las ha vuelto atrás. Prácticamente ha robado cualquier riqueza y cualquier iniciativa a la sociedad cubana”, agrega.
https://www.youtube.com/watch?v=xIGq4zQvmcg
En medio de todo, algunos dirigentes de la izquierda de varios países viajaron a La Habana
como parte de una flotilla llamada “Nuestra América”, con 20 toneladas de ayuda en alimentos, medicamentos y productos de higiene. Uno de ellos, el exvicepresidente español Pablo Iglesias, afirmó luego de reunirse con dirigentes del Partido Comunista Cubano, que la “situación es ciertamente difícil, pero tampoco como se está presentando desde afuera”.
Esa visita subraya la nostalgia por un régimen que ilusionó por años a muchos alrededor del mundo, pero que hoy se ve abrumado por su incapacidad para sobrevivir sin ayuda. Para el periodista cubano Jesús Arencibia, doctor en Literatura Latinoamericana, el régimen es “una dictadura maquillada de poesía”. Arencibia sostiene que el discurso antiimperialista es sólo “un cuento que quieren creer los intelectuales. Hay un deseo de mantener ese mito, pero nadie que esté medianamente informado lo puede creer”.
¿El punto de inflexión?
Los periodistas cubanos coinciden en que la crisis cubana parece más allá del punto de no retorno en esta crisis que comenzó con la caída de la Unión Soviética en 1991. Pero también reconocen que el régimen ha sido muy hábil para salir de situaciones que parecían insuperables. “Es que ni siquiera se ve si hay fisuras entre los mismos militares, por ejemplo. Siempre me recuerda mucho a la película ‘La vida de los otros’. Es un sistema en que todos los compañeros se vigilan entre sí. Cualquier disidencia la logran cortar en estado embrionario”, dice Arencibia.
Para estos periodistas, el castrismo supo mantener su mito, con una hábil diplomacia, y unos gestos de apertura asumidos en momentos justos, como en la época de Obama. “Pero finalmente su principal habilidad ha sido la de mantenerse monolíticos”, agrega Arencibia.
Esa misma intransigencia está empujando a la sociedad cubana a exigir un cambio, algo que en todas esas décadas de control absoluto del estado había ocurrido muy pocas veces. Las primeras grandes protestas se produjeron en julio de 2021, bajo el lema “Patria y Vida”. El Gobierno las reprimió con dureza y calificó a los participantes como “contrarrevolucionarios” mientras bloqueaba internet, apresaba manifestantes y perseguía a periodistas.
Lo de ahora es más profundo, porque la falta de electricidad y alimentos también es más intensa. Los cacerolazos suceden todas las noches e incluso en Morón decenas de personas atacaron una sede del Partido Comunista, un acto inusual en un país en que ese es el máximo símbolo del poder.
https://x.com/diariodecuba/status/2036201911649546367
Pero la situación no deja de ser insólita, porque mientras el régimen se apoya en las amenazas de Trump para apegarse a su discurso antiimperialista, sabe que el propio magnate puede ser su tabla de salvación. Lo cual no le impide desarrollar su vieja retórica. El viceministro de Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, dijo que se están preparando para una agresión militar e incluso el casi octogenario cantautor Silvio Rodríguez,recibió un fusil por su “patriótica disposición” para defender el país.
En estas circunstancias, la influencia de Donald Trump genera sentimientos encontrados a los cubanos en el exilio, que esperan un cambio democrático pero desconfían de las intenciones del mandatario estadounidense. “Uno quisiera llegar al mismo objetivo, pero no con los mismos medios, y no ayudado por estas mismas personalidades. Sabemos que Trump es el ególatra que es y que le interesa únicamente pavonearse y ostentar su poder. Pero al mismo tiempo creo que, quizás por ironías de la vida, le vamos a deber un empujón hacia una Cuba distinta”, dice Arencibia. Recalca que fue la propia dictadura castrista la responsable de que la isla esté prácticamente en manos de Trump.
Para Melissa Cordero Novo, en tanto, hablar de Cuba y su tránsito a la democracia solo en perspectiva de su relación con Estados Unidos “hace un daño terrible. En Cuba hay un régimen dictatorial opresivo, hay miles de presos políticos y hay desgracia y sufrimiento. Eso debería ser por sí solo de interés internacional, sin importar que Estados Unidos esté en la ecuación”. No olvida que sus primeros 60 años de vida ‘independiente’, Cuba fue prácticamente un protectorado de Washington. ¿Volverá a serlo?