Internacional

Trump doblega a la izquierda latinoamericana: del antiimperialismo a la subordinación

El pragmatismo de la nueva doctrina de seguridad de EU redefine la relación con la izquierda en AL. México, Venezuela, Colombia y Brasil ajustan sus agendas ante la presión de Trump. Analistas consultados por Proceso advierten que la región enfrenta un ciclo de extrema vulnerabilidad.
sábado, 14 de febrero de 2026 · 06:55

BOGOTÁ (Proceso).– Un rasgo central de la nueva doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos bajo Donald Trump es el pragmatismo. Para el mandatario estadunidense la ideología es un asunto secundario cuando se trata de lograr sus objetivos económicos y geopolíticos.

Y si bien suele intervenir en asuntos internos de otros países, para favorecer a políticos de ultraderecha –como lo hizo en Argentina, Brasil y Honduras–, también ha demostrado que puede trabajar con gobiernos de izquierda, siempre y cuando estos se sometan a su voluntad.

En Venezuela EU tiene al régimen chavista encabezado por Delcy Rodríguez siguiendo al pie de la letra sus dictados. 

En Colombia el presidente Gustavo Petro abandonó su tono confrontacional y antiimperialista con Trump y hoy acepta operativos conjuntos con tropas del Pentágono, para combatir a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a otros grupos que Washington considera “narcoterroristas”.

Y en México, la presidenta izquierdista Claudia Sheinbaum acepta la presencia en territorio mexicano de militares estadunidenses, aviones de guerra del Pentágono y agentes de la DEA y FBI que han participado en capturas y en operativos de interdicción de drogas en territorio mexicano.

Esa colaboración de la izquierda latinoamericana con Washington era impensable en el orden de la Guerra Fría, cuando la disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética no sólo era geopolítica, sino también ideológica.

Venezuela. Uso de la fuerza letal de EU para secuestrar a Maduro. Foto: AP

Pero en la segunda administración Trump, gobiernos de la región que se autodefinen de izquierda pasaron en cuestión de meses de las aguerridas consignas antiimperialistas a una relación de colaboración total con Washington y con las agencias más detestadas por los antiimperialistas del mundo: la CIA y la DEA.

“Trump puso a los gobiernos latinoamericanos de izquierda a administrar la intervención, desde Venezuela hasta México, pasando por Brasil”, dice a Proceso la especialista en geopolítica hemisférica, Estefanía Ciro.

De acuerdo con la doctora en sociología de la UNAM, en la nueva política de seguridad de Trump, “o te alineas, o te alineas, y ahí no importa si eres de derecha, de izquierda o lo que sea, mientras te alinees”. Y esto es especialmente claro en América Latina, una región que el mandatario republicano considera su “espacio vital”.

Claudicación

El internacionalista mexicano Octavio González Segovia dice que observa una región débil y dividida en la que los principales presidentes “no logran pintar líneas rojas ante Trump, sino todo lo contrario: claudican ante él”.

En el grupo de los que “claudican”, el académico incluye al régimen chavista venezolano que encabeza Delcy Rodríguez, y a los presidentes Petro, Lula y Claudia Sheinbaum.

Ciro. "América Latina administra la  intervención". Foto: Especial

De acuerdo con González Segovia, un posdoctor en relaciones internacionales de la UNAM: 

Lo más grave en el ámbito latinoamericano y mexicano es la docilidad con la que nuestros presidentes y nuestros cancilleres, incluso los de izquierda, están enfrentando a Estados Unidos.

La politóloga brasileña Ana Tereza Duarte dice que, aunque los gobiernos izquierdistas de América Latina ejecutan elementos de la agenda de Trump, “los grados de autonomía y las motivaciones varían significativamente”, por lo que no se puede hablar de una “capitulación uniforme”, sino de “una adaptación diferenciada ante el poder asimétrico desplegado por Washington en la región”.

El mejor ejemplo sobre cómo el presidente estadunidense ha doblegado a la izquierda latinoamericana mediante la intimidación y el uso de la fuerza militar es el chavismo.

Y es que, en las últimas semanas, Trump ha demostrado que tenía algo de razón cuando dijo el 3 de enero último, luego de atacar Venezuela, que él gobernará ese país. Lo que a primera vista pareció una ligereza más del gobernante republicano, muy pronto se confirmó en los hechos.

A la vista de todo el mundo, el nuevo régimen chavista, que encabeza Delcy Rodríguez, está siguiendo al pie de la letra el guion que le dictan desde Washington. 

La presidenta encargada opera con eficacia el plan de Trump para que las petroleras estadunidenses exploten las enormes reservas de crudo de su país. La Asamblea Nacional, que controla su hermano Jorge Rodríguez, ya aprobó una reforma de ley para que esas compañías puedan explotar y comerciar el crudo, lo que sólo estaba permitido a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Rodríguez. Seguir la partitura de Washington. Foto: Pavel Golovkin / AP

Rodríguez también ha comenzado a bajar la intensidad de las relaciones con China, Rusia e Irán, y el mes pasado recibió al director de la CIA, John Ratcliffe, con quien sentó las bases de un convenio de colaboración luego de que 13 días antes ese funcionario había sido uno de los estrategas del ataque de Estados Unidos a Caracas para “extraer” al chavista Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.

Las presiones de Washington también han servido para que el régimen comience a liberar a cientos de presos políticos entre quienes figuran dirigentes opositores, activistas de derechos humanos, periodistas independientes y militares cuya lealtad al chavismo fue puesta en duda. 

Este proceso deberá concretarse una vez que la Asamblea Nacional apruebe una Ley de Amnistía auspiciada por el Departamento de Estado estadunidense.

“El chavismo está gestionando la intervención de Trump y abaratándole los costos a Estados Unidos para controlar el territorio y los recursos naturales”, sostiene el profesor del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Manuel Sutherland.

¿Dónde quedó el antiimperialismo?

Mientras tanto, en Colombia, el presidente Petro, que en septiembre último pidió en la ONU procesar a Trump en la Corte Penal Internacional por las “ejecuciones extrajudiciales” de decenas de tripulantes de las lanchas atacadas por Estados Unidos en el Caribe y en el Pacífico, hoy se muestra dispuesto reanudar, como quiere Washington, las fumigaciones con glifosato –un herbicida potencialmente cancerígeno– de los cultivos de hoja de coca. 

Sheinbaum.  El doble juego de Palacio Nacional. Foto: Montserrat López

Tras casi un año de duros ataques en redes sociales, Petro y Trump se reunieron el 3 de febrero último en la Casa Blanca y, desde ese encuentro, el mandatario colombiano se ha plegado a la política antidrogas de Trump, incluso con operativos conjuntos para perseguir embarcaciones cargadas con cocaína en aguas territoriales de Colombia.

En México la presidenta Claudia Sheinbaum no sólo coopera en los términos que exige Trump con el control de la migración y el combate a los cárteles de la droga, sino que ya normalizó la llegada de instructores y equipo militar estadunidenses a territorio mexicano.

Sheinbaum desarrolla un doble juego: por un lado, tiene una narrativa oficial de defensa de la soberanía y de rechazo a tropas extranjeras; pero, por otro, ha aceptado una cooperación militar y de seguridad muy intensa con Washington, y eso puede incluir operaciones conjuntas para la captura de capos de la droga –dice la internacionalista María Zuluaga–.

En Brasil el presidente Luiz Inácio Lula da Silva abandonó el tono confrontacional con Trump –de quien llegó a decir que jamás permitiría que ese “gringo” le diera órdenes— y optó no sólo por la cautela, sino por el silencio frente al intervencionismo del gobernante republicano en la región. 

Además, le ofreció a su homólogo estadunidense cooperación en dos temas que resultan centrales para la nueva agenda de seguridad nacional de Washington: explotación de tierras raras en Brasil y lucha conjunta contra el crimen organizado.

“El resultado es un mapa político regional inesperado, en el que gobiernos de izquierda han optado por administrar la intervención de Trump o han adaptado sus agendas a las prioridades de la Casa Blanca”, asegura la experta en geopolítica hemisférica y en política de drogas Estefanía Ciro.

Hasta Cuba, el país latinoamericano que ha hecho del antiimperialismo yanqui su núcleo existencial, ha optado por la prudencia frente a Trump, quien ha prohibido a Venezuela y a México abastecer de petróleo a la isla, lo que ha causado una crisis energética sin precedentes en la isla.

La respuesta del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, fue que su país está “dispuesto al diálogo” con Washington sobre la base del respeto mutuo.

La politóloga brasileña Ana Tereza Duarte afirma que el poder de Trump sobre los gobiernos latinoamericanos de izquierda tiene diferentes matices: en Venezuela, señala, el chavismo ha sido forzado, mediante una acción armada, a convertirse en el administrador de la intervención, mientras que México y Colombia han optado por una “cooperación pragmática” para evitar un ataque militar. Y Cuba responde a un escenario “de máxima presión”.

En el caso de Brasil, indica, el presidente Lula defendió públicamente la soberanía de su país cuando Trump le impuso aranceles de 50% a los productos brasileños por el juicio contra su amigo, el exmandatario golpista de extrema derecha Jair Bolsonaro, quien recibió una condena de 27 años de prisión. 

Lula también ha calificado el ataque de Estados Unidos a Venezuela y la “captura” de Maduro como “otro capítulo lamentable de la continua erosión del derecho internacional y del orden multilateral establecido después de la Segunda Guerra Mundial”.

González Segovia. Señalamientos sobre la tibieza de México y Brasil ante EU. Foto: Especial

Duarte, doctora en ciencias políticas de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), afirma que esa posición refleja la tradición diplomática brasileña de no intervención, pero explica que el intervencionismo de Trump ha exacerbado la polarización interna.

Dice que mientras sectores ultraderechistas del bolsonarismo responsabilizan a Lula por el deterioro de las relaciones con Estados Unidos, grupos progubernamentales elogian la defensa de la soberanía nacional ante injerencias externas.

Para la politóloga brasileña, lo más peligroso del ataque de Trump contra Venezuela es que demostró que el uso de la fuerza militar puede lograr en días lo que muchos años de sanciones contra ese país no consiguieron: la alineación del chavismo con los intereses de Estados Unidos y el desplazamiento de la influencia de China, Rusia e Irán en esa nación petrolera.

Asunto de supervivencia 

Para el economista y analista político venezolano Manuel Sutherland, el chavismo se ha adoptado rápidamente a la nueva situación porque no es un proyecto que tenga como prioridad el desarrollo social del país, sino que se trata de una “camarilla” aglutinada en torno de un proyecto de poder y enriquecimiento personal con los recursos públicos y las actividades criminales.

El chavismo –señala– básicamente se centra en ser gobierno para siempre, en manejar en forma totalitaria y absoluta todas las instituciones públicas y en aplastar cualquier tipo de oposición que no pueda ser cooptada.

Y, en ese sentido, lo que estaría buscado el régimen encabezado ahora por Delcy Rodríguez es tratar de extender este periodo lo más posible y esperar a que el Partido Republicano de Trump pierda las elecciones legislativas de este año y a que el mandatario ultraconservador concluya su periodo de gobierno, en 2029.

De acuerdo con Sutherland, es una incógnita si las presiones de Trump van a hacer que el chavismo convoque a elecciones libres en un periodo razonable –uno o dos años– y si está dispuesto a desmantelar al aparato represivo y de control político y social, que “sigue intacto”. 

Estefanía Ciro dice que la decisión de Trump de trabajar con el chavismo y con los gobiernos latinoamericanos de izquierda que le garanticen el control de la migración, la apropiación de los recursos naturales y una lucha a fondo contra el crimen organizado, es un elemento “absolutamente novedoso” en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos.

Y esto ocurre, señala, porque las izquierdas han cambiado y ya no son, como en la Guerra Fría, prosoviéticas o prochinas, sino que tienen agendas menos ideologizadas y más sintonizadas con el progreso social.

Tereza Duarte. El chavismo como ejemplo de capitulación. Foto: X / @anaterezaduarte 

Estas izquierdas, afirma, son más pragmáticas y menos ideológicas y Trump “está negociando con ellas”.

El internacionalista mexicano Octavio González Segovia plantea la necesidad de tener, como región, respuestas más firmes frente a la “voracidad” de Trump.

Dice que, antes del ataque a Venezuela, el mandatario estadunidense “ya había invadido el espacio aéreo mexicano (en vuelos de reconocimiento el año pasado), había invadido el espacio marítimo colombiano (con los ataques a lanchas que supuestamente transportaban droga), y había acabado de facto con la zona de paz que representa o representaba América Latina”.

Y ni México ni Brasil, los dos países latinoamericanos de mayor peso, dieron “la respuesta que debían haber dado; fueron tibios”.

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