Donald Trump
Un caótico primer año de Trump para el mundo
Empoderado por su narcisismo y por el hecho de que su partido, el republicano, controla las dos cámaras del Congreso federal estadunidense, Trump prácticamente hace lo que se le viene en gana.WASHINGTON (apro).-Al cumplir el primer año de su segundo periodo presidencial de cuatro, Donald Trump tiene al mundo bajo amenazas de intervenciones militares, imposiciones arancelarias, anexión a la fuerza de territorios y a su país; sumergido en violaciones constitucionales, de derechos humanos, en racismo, ostracismo y persecuciones indiscriminadas a inmigrantes indocumentados a quienes criminaliza.
Empoderado por su narcisismo y por el hecho de que su partido, el republicano, controla las dos cámaras del Congreso federal estadunidense, Trump prácticamente hace lo que se le viene en gana.

Doce meses después de su regreso triunfal a la Casa Blanca luego de haber sido derrotado por el demócrata, Joe Biden, el presidente Trump ha cumplido parcialmente las promesas que hizo a su electorado.
Lo que ensombrece al poder de Trump es la posibilidad de que la economía estadunidense no responda como él desea y que eso favorezca a los demócratas en las elecciones de medio periodo del 3 de noviembre de este año, lo que acotaría y minimizaría su agenda de poder.
Trump prometió ampliar, agudizar la criminalización y persecución de los inmigrantes indocumentados y ha cumplido. Sus tácticas de autorizar el uso de la fuerza excesiva y violencia letal a los agentes federales en las redadas antimigratorias tienen polarizados a los estadunidenses.
Al Departamento de Guerra le ha dado un presupuesto y poder inagotable que ya se reflejó en la intervención bélica que en Venezuela llevó a cabo el Pentágono para con facilidad extraer de ese país a Nicolás Maduro y a su esposa, llevándolos a Nueva York acusados de narcoterrorismo con el objetivo de apoderarse del petróleo de esa nación.
El mandatario estadunidense con el garrote del Pentágono en una mano y con las tarifas arancelarias en la otra, desea apoderarse de Groenlandia pese a las negativas de Dinamarca y de naciones europeas.
Para cumplir con su infundada ambición de anexar a Groenlandia a los Estados Unidos, Trump incluso amaga asumir una abierta actitud belicosa y todo porque a él no le concedieron el Premio Nobel de la Paz.
Al gobierno de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, Trump lo tiene en vilo con su declaración de que pronto lanzaría ataques militares en tierra contra los cárteles del narcotráfico a los que achaca sin pruebas excepto su palabra, el control de México.
Tras la destrucción en el Caribe y el Pacífico de más de una treintena de embarcaciones y la ejecución extrajudicial de más de 12 decenas de personas a las que sin evidencias y violando el debido proceso acusó de narcoterrorismo.
En el gobierno de Sheinbaum hay intranquilidad ante la posibilidad de que el presidente Trump ordene al Pentágono atacar dentro de México a los cárteles. El contexto de esta posible acción militar tiene que ver con la designación que hizo Trump al fentanilo como arma de destrucción masiva pese a científicamente está clasificado como un opioide.
Lo mismo que al de México le ocurre al gobierno de Colombia que dirige Gustavo Petro, y al de otras naciones del hemisferio occidental a las que Trump quiere doblegar y someter por medio de la resurrección de la Doctrina Monroe; actualizada por él por el Corolario Donroe.
Con potencias militares como Rusia y China, el presidente de Estados Unidos reabrió la carrera armamentista para desarrollar y fabricar armas nucleares, químicas y cibernéticas; competencia que incita a otras naciones a emular el fortalecimiento bélico; como Corea del Norte.
Apoderarse de Groenlandia con el pretexto de que eso es necesario para garantizar la seguridad nacional estadunidense, puso a Trump en plena disputa con los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), organismo al que considera obsoleto.
Para los gobiernos europeos que se oponen zarpazo territorial con claros propósitos imperialista, el presidente estadunidense les impondrá aranceles del 10 al 25%, sin importar que esto genere una nueva guerra comercial con el llamado viejo continente.
China es un caso aparte en los planes de dominación de Trump porque la potencia económica asiática ha respondido con reciprocidad a sus acciones impositivas de aranceles sin sentido, medida que lo han obligado a recular, pero otras naciones no pueden darse ese lujo.
Para América del Norte, región integrada por su país, Canadá y México en el acuerdo de libre comercio conocido como el T-MEC, el presidente Trump tiene ideas de división que solamente anularía si los dos socios comerciales renuncian a su soberanía y defensa de sus intereses.
Al T-MEC el presidente de Estados Unidos lo considera ya irrelevante, juega con las necesidades mexicanas particularmente, y advierte al gobierno de Sheinbaum que el tratado o desaparece o se remite a que sea bilateral, pero ya no trilateral.
En julio oficialmente inicia la revisión, actualización o negociación del T-MEC, no hay nada escrito en eso debido a que la Casa Blanca trumpiana esta indecisa sobre si quiere negociar de manera bilateral con Canadá y México o sí definitivamente abandona el tratado.
Con la venia de Trump el gobierno israelita de Benjamín Netanyahu, llevó y sigue llevando a cabo el genocidio de palestinos en la Franja de Gaza bajo la supuesta campaña sin tregua del combate al terrorismo internacional que profesa el grupo extremista Hamas.
Este apoyo incondicional al gobierno de Israel respecto a lo que ha hecho con los palestinos en Gaza, ha deteriorado notablemente el poco prestigio y autoridad moral que le quedaba al gobierno de Estados Unidos en materia de derechos humanos a nivel global.
En su primer año de gobierno, Trump que se autoproclamaba un pacifista y adverso al intervencionismo en asuntos de otros países, lo que han ejercido varios de sus antecesores en la presidencia de Estados Unidos, ya demostró que sus palabras en este sentido desaparecieron.
Sobre Irán ordenó un bombardeo y lo tiene amenazado con otro, primero con la justificación de prevenir que Teherán desarrolle armas de destrucción masiva con centrífugos nucleares.
La posibilidad de que Trump vuelva a jalar el gatillo contra Irán, según él, es porque el gobierno iraní ataca, asesina y viola los derechos humanos de su población a la que él mismo instó a que lo sigan haciendo con el afán de provocar un cambio de régimen.
Es muy similar lo que hace el gobierno de Irán con su población civil, guardadas las debidas circunstancias, a lo que hace Trump con los estadunidenses que se manifiestan en contra las violentas redadas anti migratorias a manos de sus agentes federales en Minnesota.
La desaforada violencia antimigratoria del gobierno federal estadunidense se materializó hace unas semanas con el asesinato a sangre fría de Renee Nicole Good, a manos de un agente de Inmigración y Aduanas (ICE).
Incrédulo el mundo entero fue testigo de cómo la Casa Blanca de Trump victimizó al victimario de Good, madre de tres menores de edad.
El auge de las manifestaciones civiles para rechazar y denunciar los actos ilegales de los agentes de inmigración en la ciudad de Minneapolis, Minnesota, ha inclinado a Trump a que evoque la instrumentación del Acta de Insurrección que data de 1807, para desplegar a soldados del Pentágono a imponer el orden, hecho que sería equiparable a momentos de guerra civil o de revolución.
Este mismo 20 de enero de 2026, fecha de plácemes para el mandatario, su gobierno puede dar a conocer que en materia migratoria alcanzó la meta de deportar de Estados Unidos a un millón de inmigrantes indocumentados en tan solo 12 meses.
La agresividad y violencia con la que los agentes de inmigración, los de la DEA, FBI y US Marshalls persiguen como a criminales de la peor calaña a los inmigrantes indocumentados, menores de edad, ancianos, mujeres y hombres, cambió el panorama de las calles de pueblos y ciudades de Estados Unidos.
Los inmigrantes indocumentados que se aferran a quedarse en un país que los odia y discrimina, se abstienen de salir de sus viviendas, ciudadanos estadunidenses por nacimiento, pero con la piel color morena o negra, han sido objetos de detenciones, golpes y encarcelamientos por parte de los agentes federales; por haber cometido el delito de que su aspecto físico los hace ver como inmigrantes indocumentados y criminales.
Esta segregación racial que Trump acentúa en Minneapolis, saco de los capítulos del pasado al vigilantismo racial para denunciar a quienes parezcan físicamente indocumentados o extranjeros, y al de la defensa de los derechos humanos y civiles; en particular al grupo afroamericano de la década de los 60’s y 70’s del siglo pasado; Las Panteras Negras.
Dueño e inflamado de poder, Trump ha criminalizado y violentado a quienes aún protegidos por el derecho constitucional e internacional de la libertad de expresión se atreven a criticarlo o poner en tela de juicio a sus acciones, aunque se pruebe que son ilegales.
Con otro zarpazo acabo con la tradición de la libertad de prensa en la Casa Blanca y técnicamente en su país.
En busca de una retribución de decenas, cientos y hasta miles de dólares, el presidente Trump demandó en su primer año de presidencia de su segundo mandato a cadenas de televisión, periódicos de talla e influencia mundial; The Wall Street Journal, The New York Times y The Washington Post, de este último rotativo, una de sus reporteras padeció hace unos días el allanamiento de su casa por parte de agentes del FBI para averiguar y descubrir a una de sus fuentes que le pasó información sobre los abusos de poder cometidos por el gobierno federal.
Respaldados por una orden de cateo, los agentes del FBI le decomisaron a la reportera del Post su computadora y teléfono celular personal y el ordenador que le para cumplir su trabajo le dio el periódico, claro, le explicaron los agentes del FBI que ella no estaba acusada de nada ni bajo investigación.
El flanco vulnerable de Trump es el destino o curso económico de los Estados Unidos. Para prevenir que un cataclismo macroeconómico contenga su ambición imperial con un triunfo demócrata el martes 3 de noviembre, ya empezó a dar pasos y tomar acciones monárquicas.
Las cortes federales que han impedido temporalmente que Trump llegue a tomar acciones sin mesura y por encima de la constitución, son a la vez las entidades de las que el presidente quiere echar mano para salirse con la suya en materia económica, fiscal y hasta criminal.
Por medio de jueces que comulgan con la ideología conservadora de él y del partido republicano y con lo que no tienen otra opción más que complacerlo porque sí no lo hacen son sujetos a campañas de desprestigio que los orillan de dimitir de su toga, el presidente tiene en proceso su estrategia de criminalizar a todos sus enemigos.
Según el presidente de Estados Unidos en su país no hay inflación, ni desempleo ni nada que no permita que la economía de su nación, sea de acuerdo a su ensimismamiento, la envidia de todos los países del mundo.
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (Banco Central) asegura todo lo contrario en materia de inflación y por ese se ha negado a ceder ante las presiones de Trump para modificar por intereses políticos y electorales a las tasas de interés interbancarias.
El pecado de Powell lo ha tenido que pagar con la demanda criminal por corrupción que el gobierno de Trump interpuso contra él ante una corte federal y a la que tendrá que responder en los próximos días.
Como a Powell, la Casa Blanca de Trump demandó judicialmente al ex director del FBI, James Comey y a la fiscal de Nueva York, Letitia James, porque se atrevieron a provocar investigaciones contra él que en el caso de la procuradora general neoyorquina se materializo en la decisión de un jurado de declarar culpable y convicto al presidente de Estados Unidos por el delito de fraude.
Tanto a Comey como a James una corte federal les anuló el proceso.
La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos en un punto aparte, la imparcialidad de esta sí está a prueba de credibilidad.
Los magistrados conservadores que son mayoría en la Suprema Corte de Justicia, de los que 3 fueron propuestos por Trump, le dieron la razón constitucional de que siga con las acciones antimigratorias y federalizando la lucha contra el crimen en varias ciudades.
Al cumplirse este primer año de mandato de Trump en su segundo periodo presidencial no consecutivo, en estos días la Suprema Corte de Justicia debe emitir su fallo con respecto a sí el presidente tiene la potestad constitucional de imponer aranceles al país que se le ocurra sin la obligación de consultar el Congreso federal.
Un fallo en contra de Trump puede poner a los demócratas en la antesala de una victoria electoral en noviembre, porque endosaría la realidad de que la economía de Estados Unidos corre riesgos muy graves por la reciprocidad de los países y por una guerra comercial innecesaria.
Los electores estadunidenses votan exclusivamente por sus intereses económicos, sí Trump pone en peligro su estabilidad la cara del Capitolio cambiara y la balanza del poder en Washington se puede hundir del lado de la Casa Blanca.
Con un Capitolio dividido entre republicanos y demócratas, el resto del mandato de Trump se enmarcaría en lo que en la jerga política de Estados Unidos se conoce como “lame duck president”, un pato cojo, que es la traducción literal de la frase y que en términos reales tendría el potencial de acotar el poder de la Casa Blanca y de hasta hacer ver a sus ciudadanos que no todo lo que brilla es oro, que puede tratarse de oropel.