Mundial 2026
República Democrática del Congo, en busca de una hazaña colosal
El Congo Democrático, un país rico en minerales críticos que fue expoliado por el colonialismo europeo y hoy se desangra ante la proliferación de diversos grupos armados en su territorio, busca un histórico pase al Mundial en el repechaje internacional que tendrá lugar en Guadalajara.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En una de las reivindicaciones más emocionantes que han tenido lugar en un campo de futbol, un aficionado congoleño personificó, durante la pasada edición de la Copa Africana de Naciones, a Patrice Lumumba, el gran mito independentista de la República Democrática del Congo.
El acto, dotado de un simbolismo arrollador en términos de resistencia frente a la herencia del colonialismo depredador, permitió encadenar el relato con los gestos protagonizados por algunos de los futbolistas de la selección congoleña, que se han manifestado ante el mundo apuntando a la sien con una mano y tapándose la boca con la otra, en alusión a la invisibilización del conflicto que hoy está desangrando a un país que ha sido vejado sin reparo a lo largo de su historia.
La crisis de gobernabilidad y violencia a lo largo del territorio congoleño ha permitido la irrupción de una milicia dominante dentro una salvaje proliferación de diversos grupos armados: los rebeldes del M23, conformados principalmente por miembros de la etnia tutsi, las grandes víctimas del genocidio en Ruanda de 1994, que desde enero del año pasado tomaron, oficialmente, la ciudad de Goma, en la frontera oriental con Ruanda, desde donde controlan las rutas clandestinas de cobalto y coltán, minerales críticos dentro de la transición energética, tecnológica y militar en todo el mundo.
Cédric Bakambu, futbolista franco-congoleño del Real Betis de España y una de las mayores certezas competitivas del equipo que está por disputar la final del repechaje internacional en el estadio Guadalajara, se sinceró el año pasado en una entrevista con El País, arguyendo que “todo el mundo es consciente de lo que pasa y mira para otro lado cuando hay miles de muertos. A todos les da igual con tal de tener un teléfono móvil. No les importa el trasfondo de saber de dónde viene esto y cómo están pasando las cosas. Lo que me enfada es la hipocresía de que se mire para otro lado y que nadie diga nada”.
Lo anterior se enmarca en una larga y dolorosa tradición de expolio de un país que ha sido fuente inagotable de recursos como marfil, caucho, coltán y cobalto; circunstancia que lo ha condenado, paradójicamente, a ser una víctima perenne de diversas formas de explotación.
La herida abierta del Congo Belga
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX el rey Leopoldo II de Bélgica, hermano mayor de Carlota, emperatriz consorte durante el Segundo Imperio Mexicano, fue responsable del exterminio de por lo menos 10 millones de nativos congoleños, una de las huellas más atroces del colonialismo europeo en África Central.
La megalomanía de Leopoldo II, bajo el manto del falso progreso y la misión civilizadora, exigió que lo que hoy conocemos como República Democrática del Congo se convirtiera en la única colonia de dominio privado en el mundo.
Para entonces, los grandes objetos del deseo del imperio belga y otras potencias colonias en la selva ecuatorial eran el marfil y el caucho. El expolio impune, el establecimiento de un estado esclavista y el genocidio perpetrado contra la población local causaron una crisis humanitaria que, de manera incomprensible, siempre permaneció bajo la sombra.
La pesadilla del Congo belga terminó, en gran parte, gracias a la lucha antiimperialista de Patrice Lumumba, el primer ministro de la República Democrática del Congo tras el proceso de independencia que se consumó en 1960. Lumumba, un panafricanista y socialista de convicciones, pasó a convertirse en un mártir de la resistencia frente al colonialismo tras ser asesinado un año después en una operación furtiva que incluyó la cooperación del gobierno belga y la CIA estadunidense.
Años de dictadura
El asesinato de Lumumba provocó una guerra civil que derivó, varios años después, en el golpe militar orquestado por Joseph-Désiré Mobutuu, posteriormente autodenominado Mobutu Sese Seko, y financiado por la CIA en 1971. Por aquellos años Mobutu idealizó el futbol como mecanismo estabilizador y legitimador, y promovió el arribo de dos entrenadores europeos que serían clave en el desarrollo estructural de la antigua República del Zaire: el húngaro Ferenc Csanádi y el yugoslavo Blagoje Vidinic.
Zaire, sede de aquella legendaria pelea entre Muhammad Ali y George Foreman barnizada de épica en El combate, de Norman Mailer, protagonizó una de las campañas mundialistas más exóticas de la historia durante Alemania 1974, con amenazas de muerte, supuestas sesiones de brujería y un intervencionismo cínico y beligerante a cargo de Mobutu de por medio.
Mobutu, enemigo confeso del incipiente socialismo africano, gran aliado de las potencias occidentales durante los tiempos más convulsos de la Guerra Fría e impulsor del genocidio tutsi en la vecina Ruanda, permaneció en el poder hasta 1997, cuando las tropas rebeldes comandadas por un guerrillero que había transitado vertiginosamente del marxismo maoísta y guevarista a la socialdemocracia, Laurent-Désiré Kabila, tomaron el poder para dar carpetazo, simbólicamente, a la Primera Guerra del Congo.
La estabilidad, como era de esperarse, se dinamitó en los meses subsecuentes, lo que dio pie a la Segunda Guerra del Congo, un conflicto que involucró hasta nueve países africanos y que podría considerarse como el germen del surgimiento del M23, que, aunque fundado oficialmente en 2012, responde a los sucesos derivados del asesinato de Laurent-Désire Kabila y la posterior etapa de transición con Joseph Kabila, su hijo y actual senador vitalicio, como presidente del país.
El Mundial como altavoz
Cuando un futbolista como Bakambu pide tomar conciencia de lo que supone que las baterías de los dispositivos electrónicos que utilizamos todos los días estén bañadas de sangre congoleña, considerando que la República Democrática del Congo aglutina más del 74 por ciento del cobalto y el coltán de todo el mundo, no alude a una metáfora, sino a la deshumanización inherente al tráfico ilegal de minerales que hoy gestiona el M23, con la complicidad del gobierno de Ruanda, que, a su vez, ha buscado lavar su imagen mediante patrocinios comerciales con clubes de élite como el PSG, Arsenal y Atlético de Madrid.
El hecho de que la tercera ciudad más grande del país, enclavada en la frontera con Ruanda y a orillas del lago Kivu, esté tomada por un grupo rebelde que se ha beneficiado del reclutamiento infantil forzado y que ha perpetrado atrocidades contra grupos vulnerables durante sus enfrentamientos con el ejército congoleño y el centenar de grupos armados que proliferan en la zona, es la enésima señal de alerta de un territorio plagado de recursos que, hasta el año pasado, sumaba más de siete millones de desplazados por violencia.
El 31 de marzo, en la también convulsa Guadalajara, la selección de futbol de Congo buscará un lugar en la próxima Copa del Mundo ante Jamaica. El solo hecho de que estén tocando la puerta a la máxima competición de selecciones supone una hazaña colosal. Como sugiere Cédric Bakambu, uno de sus referentes, mirar para otro lado ya no debería ser opción.