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“Martin supremo”

La historia de "Martin supremo" se halla inmersa en la cultura neoyorquina. Josh Safdie rinde culto a lo largo de la película a maestros del cine de Nueva York con apariciones y cameos como Abel Ferrara o David Mamet, entre otros.
sábado, 17 de enero de 2026 · 08:21

Los colaboradores de la sección cultural de Proceso, cuya edición se volvió mensual, publican en estas páginas, semana a semana, sus columnas de crítica (Arte, Música, Teatro, Cine, Libros). 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Inspirado libremente en la vida y la personalidad de Marti Riseman, un campeón de tenis de mesa americano de los años 50 -tipo extravagante, apostador, tramposo-, Josh Safdie propone una biografía, un biopic nada edificante, un relato a contrapelo del moralismo del héroe del Hollywood soleado. Martin supremo (Marty Supreme; E.U., 2025) viene apoyada por A24, la exitosa productora de cine independiente que se ha propuesto rescatar talentos que germinan por la costa Este. 

La historia de Martin supremo se halla inmersa en la cultura neoyorquina. Safdie rinde culto a lo largo de la película a maestros del cine de Nueva York con apariciones y cameos como Abel Ferrara (El rey de Nueva York, 1990) o David Mamet, entre otros. 

Timothée Chalamet, quien acaba de recibir el prestigiado Globo de Oro por su actuación en esta cinta, encarna a Marty Mauser, un joven judío que trabaja en una zapatería, dispuesto a todo por triunfar no sólo en el deporte, sino en el glamur que otorgan la fama y los negocios, en las conquistas amorosas; sin escrúpulos, como para embarazar a su novia de adolescencia, Rachel (Odessa A’zion), ya casada con otro. En la lista de desatinos está seducir a una actriz otoñal, Kay (Gwyneth Paltrow), robarle un collar, aprovechar la relación con el esposo para especular en el negocio. De igual forma, sacar dinero de la caja fuerte del tío, el dueño de la zapatería, para financiar su viaje a una competencia en Londres. 

Marty es el hombre de los despropósitos, tales como gritar que va a dejar a su contrincante, un judío húngaro, peor de lo que lo dejó Auschwitz; ante el escándalo que provoca, se defiende simplemente con un comentario: “Puedo decirlo porque soy judío”. Josh Safdie es también judío, el humor de su cine es ácido, y al igual que varios de los realizadores apoyados por A24, no hay tabú que valga. Marty Supreme es la primera cinta, ya en grande, que dirige sin su hermano Benny, con quien hizo la estupenda Uncut gems (2019); sus personajes desbordan vitalidad, y sin ser propiamente inmorales, caminan por una línea sobre la que es difícil definir si corresponden al camino correcto. 

Chalamet se entrenó en el tenis de mesa por años para cumplir con el papel; por primera vez se transforma en el personaje que encarna, deja de ser el principito irritante de varios de sus trabajos anteriores; el Globo de Oro es el premio a una apuesta arriesgada, la de seducir a un público que se muestre dispuesto a perdonar la amoralidad del personaje, el famoso underdog del cine americano (aunque ha habido quien se rasga las vestiduras) que corresponde al cine negro de los 50. 

En realidad, Marty es un pícaro, término que parece haber caído en desuso -ese arquetipo mercurial que creó la literatura española del Siglo de Oro-, personaje dispuesto a todo para sobrevivir y sacar lo mejor de la existencia, y que aparece en momentos sociales de crisis muy profundas, antihéroe que pone en evidencia la corrupción social y la mala fe de individuos con los que se topa, que se cubren de respetabilidad. Si Marty le roba al tío es porque éste, explotador, se rehúsa a pagarle lo que le corresponde, o el magnate esposo de Kay, tramposo apostador que lo financia a condición de perder un juego; la misma Kay se deja engañar con tal de romper la rutina de un matrimonio de mero interés. 

Con Marty, Safdie actualiza en el cine una serie de malestares no nada más en la sociedad, sino en la cultura cinematográfica empantanada en la mera acción o en la fábrica de héroes virtuales; mezcla de Grucho Marx, y parodia del cliché del joven del cine de superación personal, un verdadero ambicioso que por lo menos suda para ocupar un lugar en la escala social. 

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