educación sexual

Educación sexual también ocurre frente a una pantalla

En muchos casos, los contenidos  abordan el tema de manera fragmentada: hablan de relaciones, escándalos, estereotipos o sexo. Rara vez profundizan en aspectos como el consentimiento, la  diversidad y sobre todo, de educación en sexualidad con un enfoque de derechos humanos.
sábado, 21 de marzo de 2026 · 07:56

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-En un contexto donde niñas, niños y adolescentes consumen cada vez más contenidos digitales, los medios de comunicación —muchas veces sin proponérselo— se han convertido en una fuente clave de información sobre sexualidad. La escasez o incomodidad para hablar del tema en los hogares, sumada a la limitada educación sexual en las escuelas, ha hecho que estos ocupen un lugar relevante en la construcción de ideas sobre sexualidad humana, aunque su papel en este proceso pocas veces es reconicido de manera explícita.

Cuando se menciona el tema de educación sexual, lo primero que viene a la mente de Victoria, de 13 años, es la visita de una conocida marca de toallas sanitarias a su secundaria. En la actividad, les mostraron a las alumnas distintos productos que podían usar durante la menstruación, mientras que los chicos fueron enviados a otro espacio.

Gran parte de lo que ha aprendido Vico —como le dicen en casa—sobre ese tema, y otros relativos a esa gran área del ser humano, con la que se nace y muere, no ocurrió solo en la escuela. También aprendió sobre sexualidad en espacios mucho más cotidianos: conversaciones con su mamá, series de televisión, internet y, más recientemente, influencers en redes sociales.

Sin embargo, la información que circula en los espacios mediáticos no siempre ofrece una visión completa de la sexualidad. En muchos casos, los contenidos  abordan el tema de manera fragmentada: hablan de relaciones, escándalos, estereotipos o sexo. Rara vez profundizan en aspectos como el consentimiento, la  diversidad y sobre todo, de educación en sexualidad con un enfoque de derechos humanos.

Frente a ese panorama, especialistas en educación señalan la importancia de la educación integral en sexualidad (EIS), la cual busca ofrecer información científica, laica y adecuada a cada etapa de desarrollo. Esta aborda la sexualidad no solo desde la biología, sino también desde sus dimensiones emocionales, afectivas, sociales, culturales y éticas.

De esta forma, la joven, de más de 1.60 metros de estatura, cuyos gestos y movimientos reflejan la gracia de su edad, cuenta que con su mamá ha sostenido las conversaciones más significativas sobre sexualidad. Estos diálogos comenzaron cuando empezó a bañarse sola y se centraron, sobre todo, en el autocuidado y el reconocimiento de su propio cuerpo. Desde entonces, Mariana, ha respondido a sus inquietudes conforme han surgido, procurando no darle más información de la que consideraba necesaria. También le advirtió que tuviera precaución con lo que buscaba en internet: ahí podía encontrar mucho, pero no siempre algo que realmente le ayudara. Con su papá, la conversación no ha ido más allá de una advertencia: debía cuidarse cuando decidiera tener relaciones sexuales.

Vico recuerda que cuando era más pequeña le encantaban las sirenas, por lo que veía una serie estadounidense sobre estos personajes. Un día, mientras estaba en la sala de su abuela paterna siguiendo el programa, apareció un beso. Eso bastó para que la mujer la reprendiera, tanto a ella como a su papá, por permitirle ver ese tipo de contenido. Aun así, la hoy adolescente asegura que no era la primera vez que veía algo parecido y que, en realidad, “no era para tanto”. Cuenta que en los programas que solía ver en televisión, cuando ocurría algo más explícito, la escena simplemente cambiaba. Esa forma de mostrar —o de ocultar— también transmite mensajes sobre la sexualidad.

De igual forma, su mamá platica que en sexto de primaria le hablaron a Vico de la diversidad humana. Paralelamente, en casa de los abuelos maternos, donde pasó casi toda la pandemia por covid 19 al lado de sus primos  —de ahora 18 y 12 años — la mayor veía una serie inglesa sobre dos chicos que se enamoraban, de la cual ella también se hizo fan. A través de esa historia descubrió que las relaciones homosexuales, de las cuales sabía casi nada, podían ser también tiernas y atravesar los mismos problemas que enfrenta cualquier joven.

Con el tiempo, Vico también ha ido incorporando nuevos términos y formas de entender las relaciones afectivas —que forman parte de la sexualidad— a partir de lo que ve en redes sociales. En plataformas como TikTok, explica, aprendió expresiones como pick me girl, que se usa para referirse a chicas que buscan la aprobación masculina. Las redes, además, la mantienen al tanto de polémicas y romances entre celebridades e influencers. Episodios que, como muchos otros circulan en línea y terminan convirtiéndose en tema de conversación entre jóvenes de su edad.

Ante el panorama, para instituciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), es necesario que todos los actores sociales que conforman el proceso educativo sobre sexualidad, lo hagan de forma responsable. Señala que los medios de comunicación son actores importantes para la enseñanza de estos temas.

Los medios modernos, en especial los teléfonos inteligentes y el internet, son fuentes de información importantes sobre la sexualidad y la salud sexual. No todos los mensajes que brindan son correctos o positivos, aunque existe un amplio acuerdo respecto a que el impacto de los medios de comunicación en el desarrollo sexual de los y las jóvenes es lo suficientemente relevante para incluir un análisis crítico de los medios en los programas y planes de estudi sobre EIS.

En el país, desde el 2014, con la Ley General de Niños, Niñas y Adolescentes, la educación integral en sexual integral (EIS) es un derecho, en el que los diferentes actores sociales que conforman el proceso deben tomar cartas en el asunto; sin embargo, en las escuelas, esta ha sido calificada de deficiente, por su enfoque biologicista y moralizante, principalmente. Asimismo, en una encuesta nacional sobre EIS del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, se muestra que 66% de las y los jóvenes encuestados (as) no tenía acceso a esta fuera de la escuela y solo 16% de los que sí, la recibían en casa.

Ese desfase resulta relevante si se considera que aunque dichas vías de difusión masiva tienen una importante presencia en los hogares mexicanos, muchas veces, los familiares desconocen a detalle lo que ven las y los menores de edad ahí.

Todas las personas, desde la primera infancia hasta la edad adulta, reciben información en sexualidad de manera explícita o implícita, a través de las escuelas, de sus familias y de los medios de comunicación, entre otros; sin embargo, esta información puede ser falsa, incompleta o negativa, llevándolos a enfrentar riesgos por la falta de información veraz y adecuada para su edad. (UNESCO, 2014, p. 48).

Pese a su gran impacto, diversos medios de comunicación, ya sea con la publicidad o su programación, han dado mensajes erróneos sobre la sexualidad, perpetuando estereotipos de género o incentivando la violencia.

Los medios de difusión —televisión, periódicos, revistas e Internet— tienen un impacto significativo en las ideas y los conceptos erróneos de las personas en relación con la EIS. A estas fuentes no siempre les preocupa el resultado de sus mensajes, y en ocasiones se centran más en la atracción del público que en la promoción de una sexualidad saludable. Es importante que los medios tengan acceso a una información con base en la evidencia para ayudar a comunicar mensajes correctos (UNESCO, 2018).

Para Vico, como para muchos otros jóvenes, el consumo de medios comenzó desde muy pequeña. Recuerda que uno de los programas que veía con más frecuencia era protagonizado por una famosa cerdita rosa. El personaje, dice, le parecía “muy femenina, como en casi todos los programas de animación, ¿no? O sea, con mucha figura, con una vibra muy bonita”, explica la joven.

Aunque en ese momento no lo pensaba demasiado, ahora reconoce que muchos de los personajes femeninos que veía en televisión compartían rasgos similares: cuerpos estilizados, gestos delicados y una estética asociada a la belleza y la dulzura. Para especialistas en educación y género, este tipo de representaciones forma parte de los mensajes que los medios transmiten sobre cómo deben verse o comportarse las mujeres. Es en este marco que los organismos internacionales se han dado a la tarea de emitir recomendaciones a los mass media, en aras de que examinen las consecuencias de la reproducción de estereotipos sexistas en su programación, incluidos aquellos contenidos en los anuncios publicitarios que promueven la violencia y la discriminación de género.

Porque la cultura no solo se consume, sino que moldea la forma en que percibimos la realidad, es relevante generar una conciencia crítica acerca de la responsabilidad que tienen las instituciones mediáticas en la promoción de imágenes no estereotipadas de mujeres y hombres. De igual forma, de eliminar los modelos de conducta generadores de violencia que en ellos se presentan, así como de alentar a las personas responsables de producir los contenidos a que establezcan directrices y códigos de conducta profesionales.

De hecho, el papel de los medios de comunicación en los procesos educativos ha cobrado tal relevancia en los últimos tiempos que la Ley General de Educación, reformada en 2019, respaldó su participación dentro de la responsabilidad social de educar. La norma ahora establece que los medios de comunicación deberán contribuir al cumplimiento de los fines educativos del país, entre ellos promover el enfoque de derechos humanos, la igualdad sustantiva y el conocimiento, respeto y ejercicio de los derechos. En este marco también se vuelve visible el derecho de niñas, niños y adolescentes a recibir educación sexual integral, reconocido desde 2014 en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Hoy, cuando habla de sexualidad, Vico menciona muchas más cosas que aquella charla escolar sobre menstruación. Recuerda conversaciones con su mamá, escenas de series, videos que aparecen en su celular y discusiones con amigos. Como para muchos jóvenes de su generación, su educación sexual no se construye solo en el aula o en el hogar. También ocurre —muchas veces sin que nadie lo planee— frente a una pantalla.

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