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Arte y ciencia: la réplica de fósiles para la divulgación científica en México
Para muchas niñas y niños, los dinosaurios —esos seres insólitos que poblaron la tierra hace millones de años para después extinguirse misteriosamente— son la chispa que enciende la curiosidad por el conocimiento, y la primera semilla del amor a la ciencia.CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En México, la divulgación científica enfrenta grandes desafíos como la falta de recursos, profesionales dedicados a esta labor, y estrategias para su difusión, a lo que se suma el desinterés social y la burocracia institucional.
Para muchas niñas y niños, los dinosaurios —esos seres insólitos que poblaron la tierra hace millones de años para después extinguirse misteriosamente— son la chispa que enciende la curiosidad por el conocimiento, y la primera semilla del amor a la ciencia.
Bajo este entendimiento nació Baak Huesos, un proyecto independiente que busca acercar el conocimiento científico a la población, a través de una técnica poco común que mezcla arte y paleontología: la réplica de fósiles.
Aprovechando sus conocimientos, Arturo Navarro, Ricardo Servín y Juan Gómez, conforman un equipo que, más allá de crear las piezas, tiene el objetivo de “hacer las cosas científicamente correctas”:
“Nosotros buscamos, a diferencia de otros colectivos de México que se dedican solamente a hacer las esculturas y venderlas, (...) que la gente realmente tenga en sus manos una réplica de algo que vivió hace millones de años, y pueda ver cómo era exactamente, sus dimensiones, hablarles de cómo vivió, de paleobiología”.
Para ellos, no basta con exponer las piezas del esqueleto, sino explicarle al público para qué servía cada tipo de dientes, cómo era su tipo de presa, los huevos de sus crías, entre otros factores clave sobre la vida de estos reptiles terrestres.
“En nuestro proyecto, además de la elaboración de esculturas de animales prehistóricos, tenemos la labor de divulgación, queremos que a donde vayamos, la gente pueda preguntar sin temor, tocar piezas, verlas, fotografiarlas, tomar videos, y que aprendan”, explicó Gómez.
Los retos de la difusión científica en México
La vocación de los integrantes de Baak Huesos se traduce en talleres, charlas y exposiciones que han llevado a eventos culturales y espacios comunitarios, muchas veces sin respaldo institucional y bajo esquemas de autogestión.
“La gente no siempre tiene la posibilidad de ir a un museo que le queda a horas, o a lo mejor están hasta en otros estados, entonces el que les llevemos una réplica de un dinosaurio, de un hueso, de un mamífero extinto, pues es algo invaluable”, explicó Servín, biólogo con especialización en paleontología.
Algunos de los lugares en los que han expuesto piezas, son el Centro Cultural Futurama, el Centro Nacional de las Artes (Cenart), Barco Utopía e Iztapasauria. Además, han llevado sus réplicas al Parque Ecológico de Xochimilco, el Parque del Pueblo en Nezahualcóyotl y el Parque Ecológico Sierra Hermosa de Tecámac, entre otros.
Navarro señaló que el panorama laboral es complicado, debido a que “el apoyo a la ciencia ha bajado bastante”.
En diciembre pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció un incremento de 7 mil millones de pesos al presupuesto de ciencia y tecnología, 32% menos que en 2015, año en que se le destinó la mayor cantidad, equivalente a 94.5 mil millones de pesos.
Además, en 2023, el Congreso modificó la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación y eliminó la meta del Estado Mexicano de invertir el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) en ciencia y tecnología. Tras la reforma ya no se define un monto mínimo específico para esta inversión, lo que debilita el financiamiento para la ciencia a largo plazo, de acuerdo con México Evalúa.
A nivel regional, América Latina destina en promedio apenas 0.56% del PIB a Investigación y Desarrollo. Brasil es una excepción, al superar el 1% del PIB con políticas de Estado orientadas al fortalecimiento científico y tecnológico.
Para 2026, México invertirá el 0.17% de su PIB en este rubro, mientras que otros países destinan un porcentaje significativamente mayor, como Israel, con más del 6% de su PIB en Desarrollo e Investigación o Corea del Sur, con más del 4%, de acuerdo con datos del 2022 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Asimismo, países como Estados Unidos, Japón y Alemania, destinan más del 3% de su PIB a la ciencia. En estas naciones, la inversión se traduce en un mayor desarrollo tecnológico, innovación y aumento de las competencias.
Aunado a esto, la divulgación científica —conjunto de actividades que fungen como puente para que la sociedad tenga un mayor acceso a la ciencia — enfrenta una evidente escasez de profesionales en el área.
En Latinoamérica, más del 60% de las instituciones cuentan con personal que realiza divulgación de la ciencia de forma gratuita, mientras que, de ese total, casi el 92% es personal voluntario; además, solo el 10.1% de quienes hacen divulgación en las instituciones son profesionales, indicó el Diagnóstico de la Divulgación de la Ciencia en América Latina, realizado por la RedPOP en 2017.
De acuerdo con Navarro, uno de los retos que enfrentan en Baak Huesos es la constante burocracia institucional:
“Creo que esa sería como la traba principal, el que muchos espacios no se abren para permitir la divulgación, a menos que cumplas con el protocolo, pero muchas veces, yo creo que son excusas para que no entren más personas a las instituciones, porque son trámites que tardan un año, o te dicen 'ya llenamos todo el año de eventos’ y tienes que meterlo hasta el otro”.
A esto se suma el poco interés en estos temas, “porque ven las réplicas de fósiles y muchas veces piensan que son como figuras nada más, o esculturas sin valor real”.
Navarro indicó que este es otro de los retos principales: demostrar la importancia de la ciencia a la población.
“Para mostrarle a la gente el valor real de las piezas, también es necesario que se acerquen a los eventos donde hablemos sobre ellas, (...) sobre dinosaurios (...) Pero si no tenemos espacios, pues es más complicado”.
Ante estas problemáticas, varios científicos han formado redes de apoyo para promover la divulgación de la ciencia:
“Uno de los objetivos con la divulgación también es apoyar a otras personas que inician en esto, tanto paleartistas como biólogos, paleontólogos, y entonces nos invitamos a eventos (...) para que ellos estén con nosotros y puedan mostrar su trabajo, así como hablar de los temas que manejan”, explicó Navarro.
El vínculo entre arte y ciencia: así se hacen las esculturas de fósiles
Baak Huesos elabora las piezas utilizando una amplia gama de técnicas, que va desde moldes con unicel, silicón, resina y otros materiales hasta la impresión 3D, para lo que se realiza un escaneo a la pieza original y se utiliza un software que lo imprime en distintos tamaños.
Sin embargo, para Juan Gómez, la forma más exacta de replicar una pieza es al elaborar un molde de la original.
“Empezamos haciendo escultura, trabajando desde unicel y demás materiales, y después se puede llegar a hacer una réplica a gran nivel, con la pieza original y haciendo un molde de silicón”, explicó.
Pero el proceso no es tan fácil como parece, pues para tener acceso a un fósil original deben solicitar permisos a las instituciones, además de que “se necesita estar de alguna manera conectado con laboratorios y universidades”, indicó Gómez.
En nuestro país, los fósiles están protegidos por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es el órgano encargado de salvaguardar el patrimonio paleontológico de México.
Después de un arduo trabajo, Baak Huesos ha logrado exhibir sus piezas en instituciones como el Universum, el Museo del Mamut, el Museo Jurásica en Ecatepec, y el CRIT Nezahualcóyotl.
Incluso han llegado a traspasar fronteras colaborando con otros colegas en la ciudad de San Luis, Missouri, en Estados Unidos.
Dinosaurios: el pretexto ideal para abrirse a la ciencia
“Muchas veces el primer acercamiento que tienen las personas hacia la ciencia es por medio de los dinosaurios”, señaló Servín.
Fernando Mata, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), indicó que a los niños -especialmente de preescolar-, les interesan los dinosaurios porque, en su etapa de desarrollo cognitivo, los asocian con fuerza, poder, control y ferocidad, combinando la realidad con fantasía y magia.
“El niño trabaja en todo momento para tratar de entender cómo es que funciona este mundo”, explicó Mata en 2019 a la Revista UNAM Global.
Aunque es difícil que los infantes comprendan la temporalidad que los separa de los dinosaurios — cuya extinción masiva ocurrió hace 65 millones de años —, las películas y documentales les ayudan a entender su historia real.
Los esqueletos y réplicas en museos también funcionan como pruebas de su existencia prehistórica, las cuales ayudan a fomentar la curiosidad en el tema.
Así, los dinosaurios se vuelven un medio que ejercita la imaginación de los niños, a la vez de estimular el pensamiento simbólico por tratar de entender la realidad, indicó Mata.
En esta misma línea, Servín aseguró que “los dinosaurios son el pretexto ideal para que la gente se vaya abriendo para aprender sobre ciencia”, ya que varios profesionistas —de las diversas ramas de la ciencia hasta la ingeniería — tuvieron en algún momento un acercamiento con estos animales extintos.
“Y muchas de sus primeras ideas acerca de lo que querían hacer, surgió por preguntarse: ‘¿por qué los dinosaurios tenían esos cuellos largos?, ¿cómo funcionaban sus estructuras óseas?, ¿cómo es posible que el corazón de un dinosaurio de cuello largo bombeara sangre para que le llegara a la cabeza?’”, explicó el biólogo.
Tanto Servín como Mata coinciden en que este tipo de cuestiones “siembran la semilla” para la curiosidad, la emoción y la indagación, tres factores claves de la divulgación científica.
“Uno no sabe en qué puede derivar el futuro de los niños, independientemente de que sean paleontólogos o no. Pero la cuestión de la curiosidad y esa chispa que se prende en algún momento, se puede mantener toda la vida y puede seguir perdurando incluso a los hijos de estas personas”, concluyó el biólogo.