Día Internacional de la Mujer

Las pescadoras de Sinaloa reman contra la violencia y el olvido oficial

Pescadoras de Sinaloa reclaman visibilidad en un sector donde representan 5.9% de la fuerza laboral. Aunque sostienen la pesca artesanal, sus salarios son 50% más bajos que los de los hombres. En el Día Internacional de la Mujer, recuerdan a la presidenta Sheinbaum: “Lo que no se nombra, no existe”.
jueves, 5 de marzo de 2026 · 05:00

ALTATA, Sin.– La panga navega despacio por la orilla del manglar de la comunidad Las Aguamitas, en Navolato, Sinaloa. Dos mujeres echan un vistazo por si hay algún caimán o manta cerca y se tiran al agua helada. Llevan guantes de estambre porque no les alcanza para más y un bidón con una abertura arriba atado al cuello para recolectar los ostiones “de placer” que, si bien les va, les darán la venta del día para el sustento familiar.

Yorjana Pérez y Vanesa Inzunza son pescadoras artesanales de la cooperativa Lobas del Manglar que cosechan, procesan y venden ostiones silvestres y sembrados con un sistema de sostenibilidad que cuida el ecosistema donde nacieron, genera justicia social e igualdad de género y, a propósito del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), deja claro que la pesca “no es sólo cosa de hombres”. 

Igual que cientos de “mujeres del mar”, tienen una exigencia común: dejar de ser invisibles para la economía del país y para las políticas públicas del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien le recuerdan su propio lema: “Lo que no se nombra, no existe”.

El panorama de las mujeres en la pesca y la acuicultura en México no es fácil: carecen de equidad de género, no reciben apoyos gubernamentales, sus salarios son 50% más bajos que los de los hombres, no tienen seguridad social y están en la informalidad. Deben soportar el machismo, la mayoría cumple con dobles y triples jornadas sin paga y con afectación a su salud, y muy pocas ocupan espacios de decisión en el ramo.

Ese es parte del diagnóstico “Situación de los grupos organizados, colectivas y cooperativas de mujeres que trabajan en el sector pesquero en México”, elaborado por Emmana Social, AC, en agosto de 2023.

Y no es lo peor. En Sinaloa la sombra de la violencia que se vive desde el año pasado por el conflicto entre grupos del crimen organizado les ha truncado algunos de sus sueños.

“Queremos que se sepa que las mujeres hemos sido ese brazo fuerte que ha sostenido la pesca históricamente y que se habla muy poco de nosotras. Eso, al no ser nombrado, pues no existe. Y tampoco se hacen ese tipo de iniciativas que puedan cambiar nuestra historia y la de muchas mujeres que viven alrededor de la pesca”, dice la presidenta de la Red Nacional de Mujeres de la Pesca Marea Sostenible y de la cooperativa Almejeras de Santa Cruz, Yanett Miranda Castro Medina.

La violencia las hunde

Pescadora de tercera generación, Yorjana usa un traje de surfista donado por otras cooperativistas. Ya no tiene mangas, pero lo completa con ropa y tenis de calle y una gorra beisbolera. Las demás pescadoras se protegen del agua fría y los mosquitos como pueden, más ahora que hay plaga de dengue.

Antes de tirarse al agua, su tía Vanesa mete una palanca para medir la profundidad y por si hay algún animal peligroso. “Da miedo, pero es la necesidad y la tradición familiar”, dice. La marea está “un poquito baja, está encuartada” y le permite moverse un poco mejor.

“A partir de agosto o septiembre el ostión empieza a tirar larva y entre más cortemos, más se le vuelve a pegar al mangle”, explica Yorjana. Observa las conchas pegadas al árbol y elige las que miden más de ocho centímetros, la medida oficial para poder recolectar, pues con ello se garantiza que ya hayan desovado y que se seguirán reproduciendo.

También enjuaga el exceso de lodo de las sartas –un ramo que ellas hacen con manguera, cuerdas y conchas reutilizadas– que cuelgan en el mangle para que se les pegue la semilla que suelta el ostión silvestre o “de placer”, llamado así por su sabor “más puro”. Algunas recolectan diario, pues tienen pactada venta directa en mercados y restaurantes o con vendedores a la orilla de la carretera. A veces se quedan hasta 10 horas en el agua.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 0033 de la revista Proceso, correspondiente a marzo de 2026, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.

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