Opinión
Tecnología del nuevo Gran Museo Egipcio
El museo combina experiencias inmersivas con documentación científica. La sala de Tutankamón dispone de recorridos con Realidad Virtual y experiencias mixtas que permiten inspeccionar detalles de los objetos sin tocarlos.Si algo hubiera que recordar en 2025 es la apertura total del nuevo Gran Museo Egipcio. Todos los pagos, la compra de boletos y los accesos son digitales. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación habilitan de entrada el derecho de acceso a la cultura, porque facilitan la llegada de visitantes diversos, simplifican la logística de visita y abren canales de inclusión para públicos remotos. En el Gran Museo Egipcio (GEM) la digitalización es la infraestructura que organiza la experiencia faraónica desde el primer clic hasta la salida.
La historia del GEM es una lección de paciencia institucional y ambición patrimonial. La idea se planteó oficialmente en los años noventa y su construcción comenzó en 2005. El proyecto acumuló retrasos por la inestabilidad política, la primavera árabe, la pandemia y exigencias técnicas de conservación.
Finalmente, el museo abrió de manera plena en 2025, emplazado a escasos dos kilómetros de las pirámides de Guiza. El complejo ocupa cerca de medio millón de metros cuadrados y concentra más de cien mil objetos de la civilización faraónica, incluida la colección completa de Tutankamón y piezas monumentales como la estatua de Ramsés II. Estas cifras convierten al GEM en el mayor recinto mundial dedicado a una sola civilización.
La inversión económica y técnica detrás del Gran Museo Egipcio es comparable a la escala de su ambición. El coste total, acumulado a lo largo de décadas, supera mil 200 millones de dólares (principalmente de capital japonés), sumando obra civil, montaje museográfico, laboratorios y sistemas de seguridad y conservación.
Esa inversión pagó una fachada imponente y una infraestructura interna diseñada para conservar materiales orgánicos y minerales en condiciones estables y para hacer accesible el conocimiento con herramientas digitales de última generación.
¿Qué tecnología concreta está al servicio de la preservación y la comunicación cultural en el GEM? El museo adoptó un modelo de edificio inteligente basado en Internet de las Cosas. Un socio tecnológico integra control climático, gestión de energía, seguridad, control de afluencias y servicios al visitante en una plataforma unificada. Esa capa digital permite intervenir en tiempo real sobre variables sensibles como humedad, temperatura y movimiento, lo cual permite reducir riesgos para objetos frágiles y optimiza recursos.
El museo combina experiencias inmersivas con documentación científica. La sala de Tutankamón dispone de recorridos con Realidad Virtual y experiencias mixtas que permiten inspeccionar detalles de los objetos sin tocarlos. Emula la experiencia original de Howard Carter al entrar y descubrir la tumba del faraón niño Tutankamón. Los laboratorios de conservación cuentan con escáneres 3D, fotogrametría y técnicas de documentación láser que sirven tanto para restauración como para crear réplicas digitales accesibles para la investigación y la educación.
Un ejemplo vivo es la reensamblación en exposición de la barca solar de Keops, un proyecto de restauración que se lleva a cabo a la vista del público con registro digital y modelado 3D para asegurar la precisión del montaje. Este trabajo combina experiencia conservadora con tecnología de escaneo y documentación. Es un auténtico viaje al más allá.
La relación entre tecnología y arqueología en Egipto no nació en el GEM. Durante la última década la arqueología egipcia incorporó tomografías por muones, lidar (la misma que utilizan los vehículos autónomos), fotogrametría, drones y robótica de inspección.
El proyecto ScanPyramids empleó técnicas de muonografía y otras no invasivas para descubrir oquedades no exploradas dentro de las pirámides, lo cual demostró la potencia de la física de partículas para revelar vacíos internos sin perforar las estructuras milenarias. Gracias a los muones ahora se sabe que la gran pirámide de Keops tiene espacios inexplorados y se harán anuncios al respecto en 2026. El legado de esos trabajos se traslada ahora a la museografía, porque los modelos y los datos que antes servían a la investigación alimentan exposiciones, pantallas interactivas y portales científicos.
El GEM concentra en un solo campus varias líneas de innovación. Hay Inteligencia Artificial aplicada al manejo diario del edificio, herramientas inmersivas para la mediación cultural, técnicas avanzadas de conservación y un laboratorio público donde se exhiben procesos de restauración.
Todo ello se complementa con programas educativos digitales, archivos abiertos y plataformas de investigación que facilitan el acceso remoto a colecciones, datos y réplicas digitales. La suma convierte al museo en una plataforma de avances tecnológicos al servicio de la preservación y la divulgación de la cultura faraónica.
El modelo plantea lecciones para futuras modernizaciones de museos y zonas arqueológicas. La integración temprana de sistemas y tecnologías (IoT, control climático, ticketing, comercio electrónico y analítica de datos) reduce costos operativos a largo plazo y protege el patrimonio. La segunda lección es comunicacional. La digitalización de contenidos y la creación de experiencias permiten democratizar la cultura sin sacrificar la conservación ni la calidad.
Hay riesgos que conviene señalar. La dependencia de plataformas propietarias, la necesidad de mantenimiento especializado y las brechas de acceso digital requieren políticas que aseguren sostenibilidad a largo plazo y equidad. La tecnología aumenta el alcance de la cultura, pero también obliga a pensar en gobernanza de datos, formación de personal y accesibilidad para públicos locales y foráneos.
El Gran Museo Egipcio ofrece un ejemplo de nuevas tendencias al servicio de la cultura. Su ambición no se limita a acumular objetos de gran valor histórico y cultural. Busca articular conservación científica, experiencias y un ecosistema tecnológico de vanguardia, lo cual convierte al GEM en un prototipo para la museología contemporánea. La preservación y la mediación tecnológica amplifican la historia. Tecnología e historia colaboran para que el patrimonio milenario esté disponible para más generaciones. Para la eternidad, como era el deseo de los faraones.
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