Derechos Humanos

Él es Juan Romero, el mexicano que luchó contra el Ku Klux Klan y ahora deplora la política de Trump

El médico Juan Romero, migrante mexicano que se enfrentó al Ku Klux Klan en los sesenta, en entrevista reflexiona y observa con desaprobación las políticas y la retórica de la era Donald Trump.
lunes, 19 de enero de 2026 · 15:27

QUERÉTARO, Qro (Proceso).– Su sonrisa y mirada muestran emoción, así como una ventana a los recuerdos de su vida en Mississippi. Cuando comenzaba sus veintes, el mexicano Juan Ignacio Romero Romo fue parte de una comunidad religiosa que luchó contra el Ku Klux Klan y en favor de los derechos de la población negra en comunidades cerca de los pantanos por el río Mississippi, sur de Estados Unidos, durante los sesenta.

Martin Luther King, cuya figura y liderazgo por los derechos civiles se conmemoran el 19 de enero en ocasión de su natalicio, inspiró una dirección o sentido en la vida de Juan Ignacio Romero Romo: la lucha por los derechos humanos.

En entrevista, Romero compara los movimientos y corrientes antiderechos de aquellos años con el presente, y resalta una importante condición actual: 

“El MAGA (Make America Great Again) es lo mismo (que el Ku Klux Klan). Nomás que sí luchan con la cachuchita y lo hacen abiertamente por el apoyo del presidente Trump”, advierte en entrevista. 

Con estudios en filosofía, teología y medicina, Romero Romo también participó en la lucha en favor de la población chicana en Texas y California entre 1964 y 1971, cuando la segregación racial era un obstáculo en Estados Unidos. 

Nacido en México en 1942, estudió y vivió en Estados Unidos. Después de 1970 regresó al país, donde continuó la lucha en favor de los derechos humanos, desde la salud.

Con décadas de vivencias y experiencia, este médico camina, saluda con alegría y conversa con estudiantes en pasillos de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), institución donde es catedrático.       

De 1964 a 1967 radicó en Mississippi, durante el esfuerzo por la legitimación de los derechos de la comunidad negra en Estados Unidos, un momento que describe como “álgido” debido a las dificultades que acompañaban el proceso de reconocimiento. 

“Martin Luther King echó a andar un programa maravilloso, que fue básicamente el de apoyar y reconocer al afroamericano como un ciudadano americano porque en Mississippi y en las zonas del sur era ninguneado y era muy maltratado”, comparte.

Pese a que Martin Luther King fue asesinado en 1963, Romero asumió los alcances del programa que impulsó, pues fue esta lucha la que le concedió a la comunidad negra su derecho a votar. 

Trump. Política de segregación. Foto: AP

Sin embargo, hubo más de un asunto pendiente para respetar todos los derechos que les correspondían. 

Desde la comunidad religiosa Oblatos de María Inmaculada, a la cual pertenecía el hoy médico Juan Ignacio Romero –quien entonces se formaba en filosofía– se generaron otro tipo de apoyos.

Luchamos mucho por las comunidades afroamericanas que vivían en los pantanos, a un lado del río Mississippi, y entonces nosotros los llevábamos a los centros donde podían registrarse y obtener la credencial de votantes. De allí los volvíamos a regresar, y apoyábamos también en los programas educativos -recuerda.

El huracán que doblegó al Ku Klux Klan 

La ubicación geográfica de los estados de Mississippi y Louisiana trajo consigo especial adversidad en septiembre de 1966, cuando un huracán alcanzó sus costas.

“Como nosotros estábamos por arriba de ese nivel –era una colina y arriba estaba el edificio– ellos (la comunidad negra) vinieron a refugiarse con nosotros. Inmediatamente les dimos cabida y teníamos ya todo listo para poder apoyarlos a que se quedaran durante esos tres días”, relata.

“El grupo del Ku Klux Klan de la región vino y nos pidió asilo. Dijeron que ellos también querían asilarse, pero con una condición: que sacáramos a los afroamericanos. Nosotros les cerramos la puerta y les dijimos: “Te regresas de donde vienes”. 

Incluso, detalló Romero, “nuestro superior salió a la puerta a decirles, “si se quedan, trabajan conjuntamente en todo lo que significa la manutención de los niños y los adultos en la comida y en los cuartos para poder dormir”. 

No obstante, debido a que se dañó la carretera, integrantes del Ku Klux Klan regresaron y tuvieron que aceptar las condiciones:

“Cuando llegaron ambas comunidades, era muchísimo mayor la comunidad afroamericana que los del Ku Klux Klan. Los del Ku Klux Klan, los que se quedaron con nosotros, fueron alrededor de 60, y el resto fueron afroamericanos –más de 100. Nosotros éramos alrededor de 125. O sea que tuvimos que encimarnos, pero convivimos muy bien”, dice con una sonrisa Juan Ignacio.

La comunidad religiosa Oblatos de María Inmaculada tenía un coro, el cual cantaba en la Iglesia San Luis Rey, situada en las bocas de la bahía del mismo nombre en el sur de Mississippi. 

Una comunidad negra se encontraba en el camino hacia el lugar. “Ellos tenían su iglesia y sus casas sobre pilares de concreto, porque como eran pantanos, cuando subía mucho el agua, pues se anegaría la casa de la iglesia. Lo interesante fue que ese día que pasamos vimos la iglesia. Oímos cómo la campana nos mandaba llamar para entrar a su ceremonia religiosa. 

Luther King. Inspiración para Juan Ignacio. Foto: trumpwhitehouse.archives.gov

“Fuimos, cantamos, desayunamos, y cuando regresamos, nos sorprendió encontrar que la iglesia había desaparecido (porque) los miembros del Ku Klux Klan pusieron bombas con dinamita y molotov abajo de la iglesia y las arrojaron por arriba de la ventana para que la gente se quemara (…) 

“(Personas del lugar) nos dijeron ‘váyanse porque el Ku Klux Klan va a regresar y va a rematarnos’. Entonces ellos se fueron a proteger, a esconder. Nosotros tuvimos que denunciar eso, pero estábamos peleando contra el Ku Klux Klan”, describe Romero Romo. 

“No se ha aprendido nada” 

En el Estados Unidos de 1964 la segregación racial no sólo afectaba a la comunidad afroamericana, también a los mexicanos. El médico Juan Ignacio Romero luchó en el Mississippi y más adelante lo volvió a hacer en Texas. 

“Cuando regresé a Texas me uní a la lucha chicana para apoyar a un líder mexicano que peleaba en California (César Chávez) para bajar el precio de la uva y mejorar el salario de los trabajadores mexicanos que recogían esa uva (…) hicimos el boicot a las grandes tiendas comerciales”. 

Los mexicanos, al igual que la población afroamericana, eran tratados como un grupo al que se le negaba la dignidad que sí se concedía a las personas blancas.

“A mí me impidieron usar los baños y el camión porque yo era negro. Me obligaron a utilizar (salir) entre los arbustos y los árboles. Porque no podía usar el baño de blancos”, recuerda.

La lucha de Martin Luther King también tuvo un efecto dentro de la comunidad mexicana residida en Estados Unidos. Para Juan Ignacio Romero Romo, trabajar de la mano con quienes continuaron el esfuerzo del reverendo significó “algo maravilloso porque el llamado fue básicamente para apoyar los derechos de la comunidad afroamericana”. 

Romero Romo reflexiona sobre algunas similitudes de los sesenta y la actualidad, a propósito de los Derechos Humanos de los mexicanos y la comunidad latina en Estados Unidos. 

“Ese aspecto de segregación y discriminación es tan racista que usted está viendo que la gente realmente pelea contra todas las decisiones de Trump al respecto (...) el MAGA (Make America Great Again) es lo mismo. Nomás que sí luchan con la cachuchita y ya lo hacen abiertamente por el apoyo del presidente (Trump). Es algo muy triste porque lo que está pasando no debería ocurrir. 

“Fíjese, desde el 64 a actualmente, ¿cuántos años son? 61 años. ¿Qué pasó con la historia? No la han aprendido. Eso que quede muy claro, 64 años y no se ha aprendido la Historia”.

Televisión por la dignidad chicana 

En San Antonio, Texas, el canal 41 emitió un programa que le dio voz a la comunidad chicana a finales de los sesenta. Tuvo alcance en Laredo, Brownsville y Houston, Texas, ciudades en las cuales había numerosa presencia mexicana. 

El doctor Romero Romo fue parte de este proyecto: 

Se necesitaba que se escucharan los programas sobre los derechos humanos en la educación, en la medicina, en la vivienda y en la salud (...) Fue una lucha muy bonita, porque trabajar a través del canal 41 nos dio la oportunidad de hacer cosas: trabajamos para asistir a las mujeres que habían huido de la trata de blanca de México en aquel entonces. 

El programa estuvo al aire durante tres años, todos los domingos a las 12 del día; su alcance fue tal que después logró competir con la comunidad chicana en Nueva York, Miami y California en un concurso sobre los contenidos que hacían y la población a la cual llegaban. 

El premio tuvo un valor monetario de cinco mil dólares. Ese dinero fue invertido en darle espacio a jóvenes en los barrios que tenían problemas de adicción, para que, en su lugar, “estuvieran metidos en algo que les ayudara a ellos y a la comunidad”.

A inicios de los setenta, Romero Romo volvió a México para comenzar sus estudios y trayectoria en la medicina.

Chávez. Icono de la lucha chicana. Foto: www.cndh.org.mx

El jueves 10 de junio de 1971, fecha recordada en el calendario de México como “la matanza del jueves de Corpus”, Juan Ignacio Romero Romo ya era estudiante en la UNAM.

Romero fue representante de su facultad para tomarla como acto de protesta contra la represión del Estado. 

Sus vivencias en el sur Estados Unidos lo condujeron hacia una trayectoria que también dejó huella en la Medicina. 

Posteriormente llegaría a Querétaro, donde ha sido un referente en los cuidados paliativos y trabajó por más de 25 años en el Hospital General de la entidad. A sus más de 80 años continúa siendo docente en la Facultad de Medicina de la UAQ. 

*Centro Universitario de Periodismo de Investigación (CUPI) de la UAQ

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