Mundial 2026
El Mundial que ves... no es todo lo que es (Video)
Detrás de los 104 partidos de la fase final de la Copa del Mundo 2026, que comenzará el próximo 11 de junio, hubo otros 875 que se disputaron en las eliminatorias para llegar a la gran fiesta del futbol. Ocho de cada 10 participantes quedaron fuera.CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El Mundial 2026 que iniciará el próximo 11 de junio en la Ciudad de México concentrará la atención global durante 39 días, sin embargo, esa fase final compuesta por 104 partidos representa sólo una décima parte del ciclo mundialista, ya que el 90 por ciento son las eliminatorias que durante casi tres años se jugaron en todo el mundo con un sinfín de curiosidades.
Las eliminatorias representan un enorme trámite previo al gran torneo, pero el ciclo hacia 2026 mostró algo distinto: un mapa donde el futbol convive con fronteras cerradas, conflictos armados, sanciones internacionales y desigualdades estructurales.
El Mundial visible dura poco más de un mes, pero la verdadera competencia global se juega durante años y, a veces, revela más sobre el planeta que sobre el propio futbol.
En las eliminatorias mundialistas se jugaron 875 partidos y se marcaron dos mil 549 goles. Es así que detrás de cada uno de los 104 partidos que se jugarán entre el 11 de junio y el 19 de julio hubo otros 8.4 que se disputaron.
No todos los países partieron del mismo punto. Por ejemplo, la selección de Rusia quedó excluida por la suspensión internacional derivada de la invasión a Ucrania, mientras que el equipo de Eritrea se retiró cuando estaba por iniciar la eliminatoria africana por el temor de su federación a que los jugadores pidieran asilo político en el extranjero.
Fueron las únicas dos asociaciones de las 211 que integran la FIFA que estuvieron descartadas desde el inicio.
Lejos de la idea de una eliminatoria homogénea, cada una de las seis confederaciones en las que está dividido el futbol mundial recorrió rutas propias bajo condiciones muy distintas, ya que la cantidad de países por región varía considerablemente.
Esto obliga a que los formatos sean muy distintos: mientras en la Confederación Sudamericana de Futbol (Conmebol) seis de 10 selecciones lograron clasificar, en la Confederación de Futbol de Oceanía (OFC) sólo una de las 11 integrantes consiguió el boleto al mundial.
Sin contar a los tres países anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá—que por ser sede clasificaron automáticamente, 206 países intentaron llegar a la Copa del Mundo 2026, de manera que 163 se quedaron fuera, es decir, ocho de cada 10 selecciones.
El contraste también se refleja en los trayectos recorridos hacia el Mundial. Irak necesitó disputar 21 partidos para clasificar y acumuló alrededor de 60 mil kilómetros, una vuelta y media al mundo, pues debió viajar cuatro veces del Medio Oriente al sudeste asiático.
Para llegar a la fase final del Mundial disputó un repechaje intercontinental en Monterrey ya con el espacio aéreo cerrado en su región por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Su periplo inició por carretera y continuó con 25 horas de vuelos hasta llegar a Nuevo León.
En cambio, Francia aseguró su lugar con apenas cinco encuentros para los que recorrió una distancia similar a la que hay entre la Ciudad de México y Quito, Ecuador, pues únicamente viajó a Polonia e Islandia. Ambas selecciones jugarán el mismo torneo en 2026, pero llegaron por caminos que difícilmente podrían parecer parte del mismo sistema.
Marruecos es uno de los mejores ejemplos de esa anomalía global. Sin ser sede del Mundial ni protagonista central del proceso se convitió en territorio neutral para otras 17 selecciones africanas y en anfitrión de 46 partidos de las eliminatorias. De ellos, sólo cuatro correspondieron a su propio combinado nacional. En los hechos su territorio funcionó como una capital improvisada del futbol desplazado.
De los 263 partidos que se jugaron en la eliminatoria africana, 102 fueron en sedes alternas, más allá de que también hubo cuatro juegos resueltos en la mesa —dos de Congo, uno de Tanzania y otro de Malawi— por sanciones, incumplimientos o problemas organizativos.
En Europa y Asia la guerra también alteró la ruta mundialista. Bielorrusia disputó partidos en Hungría a puerta cerrada por su sanción al participar en la invasión rusa a Ucrania. La propia selección ucraniana tuvo que ser local en Polonia, mientras que Palestina y Afganistán tampoco pudieron disputar encuentros en su territorio.
Corea del Norte optó por no organizar partidos como local por temores sanitarios relacionados con el ingreso de los visitantes y prefirió perder un juego en la mesa ante Japón.
Y es que ni siquiera la lógica deportiva salió intacta. Italia quedó eliminada pese a sumar siete victorias en la fase de grupos, mientras que Suecia sí clasificó con apenas dos triunfos gracias al sistema complementario de repechajes y a la Nations League de Europa.
Más allá de que este será el tercer Mundial consecutivo que no tendrá a Italia, esta selección nacional tuvo la mala suerte de ir al fatídico repechaje y perder en penaltis ante Bosnia y Herzegovina y de haber compartido grupo eliminatorio con Noruega.
La azurra únicamente tuvo un triunfo menos que los escandinavos, equipo que tuvo los mejores números de todo el mundo en su camino hacia el Mundial 2026: ocho triunfos en igual número de partidos, con 53 goles anotados y sólo dos recibidos.
En el extremo opuesto, Seychelles, un archipiélago africano ubicado en el Oceáno Índico, perdió 10 de 10 partidos, marcó apenas cinco goles y recibió 37 en la clasificatoria africana.