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“No lo dudaría ni un segundo, volvería a Gaza”: enfermera española de Médicos sin Fronteras (Video)

En entrevista, Rocío Simón Martínez, quien ha hecho trabajo humanitario en varios países, incluido México, denuncia, tras su salida obligada de Gaza, que hospitales y centros de salud han sido arrasados, dejando a miles de niños y adultos sin acceso a atención médica urgente.
domingo, 12 de abril de 2026 · 06:45

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- “Fue un estruendo tremendo. Todos nos quedamos paralizados, en shock. Esperamos a ver qué iba a suceder después”, recuerda Rocío Simón Martínez. La clínica en la franja de Gaza, en el Medio Oriente, donde ayudaba como enfermera, estaba repleta de niños y todos empezaron a llorar. Otros pacientes decidieron irse. Había caído un misil israelí a sólo 200 metros de distancia.

Aquel 13 de noviembre de 2024, el equipo de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), al que pertenece esta enfermera española, ignoraba que a los 10 minutos caería otro misil más cerca. Era el segundo y último aviso de la orden de evacuación. El ejército israelí conocía su localización exacta.

“Gracias a los vecinos supimos que estaban haciendo estos avisos de evacuación. Gracias a que fuimos muy rápidos y seguimos el protocolo, evacuamos la clínica y nos fuimos todos de allí. No quedó ningún paciente ni trabajador. Veinte minutos después de que se marchó la última persona, cayó el misil más grande de todos”, recuerda. Sólo hubo daños materiales.

Cuando Rocío regresó a Gaza, en noviembre de 2025, lo que más le impactó fue “la destrucción absoluta. Cuando se entra y se ve con los propios ojos y no en video o por los medios, cuando de verdad lo están sintiendo tus sentidos de primera mano, es muy impresionante. Nunca había visto un nivel tal de destrucción y unas condiciones de vida tan duras de la población”, dice en entrevista con Proceso desde Madrid, España.

Gaza en ruinas. Foto: Captura de pantalla.

A finales de febrero pasado, Rocío Simón Martínez, coordinadora de actividades de enfermería de MSF en el sur de Gaza, fue de las últimas enfermeras internacionales en salir de la Franja por imposición del gobierno de Israel, quien retiró la autorización a 37 ONG para operar en el Territorio Palestino Ocupado.

La orden fue emitida un par de meses después del Acuerdo de Paz firmado por los gobiernos de Estados Unidos e Israel, con el grupo Hamás, el 8 de octubre del 2025.

“A mí no me gusta llamarlo ‘alto al fuego’ porque no lo es. Cada vez la población ha tenido que estar limitada a un espacio más pequeño para vivir por esta línea amarilla que el ejército de Israel ha trazado para dividir desde qué punto la población puede vivir y a partir de qué punto no pueden cruzar. Para mí fue muy impactante, comparándolo con mi primera visita”.

Así miró la destrucción masiva en Gaza: “Quedaban menos edificios, las personas estaban más hacinadas en un espacio más pequeño para vivir. La situación, muy lejos de cambiar, estaba todavía más agravada porque cada vez había más pacientes graves, con enfermedades raras o crónicas que necesitan salir de la franja de Gaza para que se les atienda con los medios necesarios”.

 

Sistema de salud, devastado

Y es que, lamenta con alarma, “en Gaza el sistema de salud está totalmente devastado, destruido. Se han quedado sin estructuras de salud, sin hospitales. Los centros de salud se han destruido, el 80% de los edificios, incluidos estructuras civiles y el propio tejido social, está totalmente destruido. El sistema de salud es totalmente disfuncional porque está arrasado”.

Eso no es lo peor: “Los niños que necesitan evacuaciones médicas, porque los medios de Gaza no consiguen cubrir sus necesidades, están en listas de espera que no cubren en el tanto por ciento que sería necesario. Las evacuaciones que se están haciendo son muy limitadas”.

Sin infraestructura de salud. Foto: Captura de pantalla.

Peor: “Niños cuyo estado de salud se vuelve cada vez más severo y siguen agravándose y finalmente, si no consiguen salir, incluso mueren. Es una situación realmente que nos apena y que, para cualquier ser humano, te rompe el corazón ver cómo están viviendo allí”.

-¿De qué depende que los niños obtengan este permiso para salir?

-Existe una lista que gestiona la Organización Mundial de la Salud, pero al final, como todo lo que entra y sale en Gaza, depende del ejército israelí. Esa decisión la toma Israel porque controla las fronteras y puntos de acceso.

Ese mismo control israelí se extiende a la entrada de personal y de materiales médicos por parte de las ONG. “No sé decir de qué depende porque no está ni siquiera claro. Hay veces que sí se consigue ese permiso y hay veces que la mayor parte de la población que necesita la evacuación, no la están consiguiendo. Y eso que son casos, repito, muy graves”. Le dan prioridad a los niños, pero “es un número tan irrisorio y tan insignificante, en comparación con lo que esperan”.

 

Frustración y preocupación

Rocío Simón Martínez es enfermera desde hace 12 años y tiene un máster en Medicina Tropical y Cooperación al Desarrollo. Con el ejemplo de sus padres, decidió ser trabajadora humanitaria. Hace siete años llegó a MSF, con la que ha ayudado en Mozambique, Sudán, la República Centroafricana y en México, en la Sierra de Guerrero en el año 2019.

Con esa experiencia, su salida obligada de Gaza después de cuatro meses de su segundo periodo dejó en Rocío y su equipo “mucha preocupación y frustración”. Y alerta que el veto a la ayuda humanitaria tendrá “consecuencias catastróficas para la población, mortales para niños y ancianos, embarazadas y la población más vulnerable… Las necesidades son inmensas y no parece haber una solución que cubra todas las que se ven allá”.

Su preocupación tiene base real: Se estima que hay unos cuatro mil niños y adultos enfermos en espera de evacuación, aunque la cifra real puede ser de 18 mil. “Hay tantas historias de enfermedades que en otro contexto no cobrarían la vida de las personas, pero por estar dentro de Gaza y no poder obtener una atención sanitaria más especializada y avanzada se convierten en sentencia de muerte. Hay enfermedades crónicas totalmente descompensadas en los adultos, quienes tienen muchísimas menos posibilidades para salir”.

Hay niños, describe, con enfermedades neurodegenerativas, congénitas o raras, con malformaciones que, como no están bajo investigación, no tienen tratamiento y no pueden aspirar a una cura “y están al final condenados a quedarse en Gaza sin que se les pueda ayudar”.

Abandonados. Foto: Captura de pantalla.

Otra preocupación es latente: la mayoría de la población gazatí tiene malnutrición y ésta “se puede agravar todavía más si se vuelven a cerrar las fronteras y no existe paso continuo y suficiente de camiones que introduzcan alimento o suministros de las ONG que se usan para tratar esta malnutrición”.

Y el temor crece, alerta, porque los precios en los mercados podrían subir por la desestabilización en toda la zona de Oriente Medio a causa del recrudecimiento de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

Rocío recuerda que en los tres centros de salud donde laboraba en Gaza atendían unas 900 curaciones semanales. Lo mismo a personas operadas de manera temporal por heridas de metrallas o bombas, con amputaciones o fracturas, a quienes les pusieron materiales externos de hierro, pero llevan más de un año que no se los han podido retirar.

“Si nos quedamos sin estos suministros (de gasas, desinfectantes y vendas) y si no se pueden hacer estas curas, estas personas corren grave riesgo de desarrollar complicaciones: que se les infecten las heridas, que tengan una infección sistemática, una sepsis, incluso perder la vida”, advierte.

 

“No hay ningún lugar seguro”

Con un presupuesto de más de 100 millones de euros, en 2025 los equipos de MSF hicieron de todo: 100 mil atenciones de trauma, 400 gestiones de cama, 22 mil 700 cirugías a casi 10 mil pacientes, 800 mil consultas ambulatorias, 45 mil vacunas, 10 mil asistencias de partos, 40 mil sesiones individuales de salud mental y grupales para más de 60 mil personas, 700 millones de litros de agua distribuidos y 100 millones de litros producidos.

En contraparte, lamenta Rocío, el ejército de Israel ha asesinado a 15 compañeros de MSF desde octubre de 2023. Otros han resultado heridos, igual que sus hijos, por el bombardeo a sus casas y están en lista de espera para evacuación. El hijo de un cirujano “sigue con restos de metralla en el cráneo, detrás del globo ocular”, mientras su madre usa muleta y corsé para sostener el tronco por una hernia lumbar.

En Gaza, subraya, es imposible hablar con alguien que no haya sufrido el duelo por perder a un ser querido. “No hay ningún lugar seguro en Gaza. Y, a pesar de que hay un alto al fuego, que así lo llaman, los ataques se siguen repitiendo. Son menos frecuentes que cuando no existía el acuerdo, pero se siguen mandando misiles, se sigue bombardeando, sigue habiendo ataques, disparos de francotiradores y seguimos recibiendo heridos continuamente”.

Médicos sin Fronteras. Foto: Captura de pantalla.

-Con todo lo que ha visto, ¿qué la mueve para querer seguir ayudando?

-La humanidad y la empatía, poder empatizar con esa población.

Asegura que después de entrar a Gaza y conocer al pueblo palestino y su fortaleza, “ves que no hay ningún ser humano en el mundo que merezca estar pasando por esto. Eso es lo que nos mueve, y pensar que cualquier día podría pasar eso en nuestra ciudad o país y tengamos que desplazarnos”.

Sigue: “Cuando más de 10 veces en dos años te vas con lo primero que puedes agarrar, una mochila, tus pertenencias y que te dejan sin casa, te arrebatan a familiares o a seres queridos… Ver tal sufrimiento de la población hace que todos los días sigamos creyendo firmemente en que tenemos que seguir allí, cueste lo que cueste. Hay que seguir apoyando a esta población, porque el sufrimiento es indescriptible”.

A Rocío la llama la fuerza del pueblo palestino, su resiliencia y la capacidad de sobreponerse a todo: “Pensamos que ya ha sucedido lo peor y sucede algo más terrible, pero ellos ahí siguen luchando. Eso es lo que nos inspira a tomar ese modelo e intentar dar el 100 por 100 y aliviando ese sufrimiento y tratando de acompañar a las personas”.

Aclara que, como no hay acceso a la prensa internacional en Gaza, se limita el discurso. Por eso, cumple la petición de sus compañeros que se quedaron en la zona: “Nos piden mucho que contemos qué está pasando, que no dejemos que se quede silenciada esta crisis humanitaria tan grande”.

Tras reconocer el amor que le tiene a Gaza y a su pueblo, recuerda el sentimiento que le causó la palabra de un compañero: “Me impacta mucho que alguien diga que odia Gaza y que desea irse de allí porque no ve futuro para sus hijos ni sus familias. Todo el rato repiten ‘en Gaza no hay futuro. ¿Qué nos espera?’. Me impacta mucho el relato de ‘odio este lugar y odio que a Gaza se la nombre como una noticia de última hora y no como a un poema’”.

De las 37 ONG vetadas para entrar a Gaza, 18 -entre ellas MSF- pidieron al Tribunal Supremo israelí suspender la medida. El pasado 27 de febrero éste concedió una orden judicial para detener la prohibición de trabajar en territorios ocupados. Sin embargo, la orden no se ha cumplido. Rocío advierte: “De no cambiar esta situación, las consecuencias para la población palestina y gazatí serán catastróficas, de dimensiones incalculables”.

Éxodo y hambre. Foto: Captura de pantalla.

Por eso pide al gobierno de Israel y al grupo Hamás “alto al fuego real, definitivo e indefinido, que llegue esa paz, pero definitiva. Es el único camino hacia construir un nuevo futuro y que las personas de Gaza y de Cisjordania puedan rehacer sus vidas y vivir de forma tranquila y digna. Ahora mismo es una situación de supervivencia, no es vivir”.

-¿Si se da la oportunidad de regresar a ayudar en Gaza, regresaría?

-Sin dudarlo ni un segundo, ni un solo instante. Si me dicen que mañana podemos volver, entraría sin dudarlo. Es muy necesario.

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