Nicolás Maduro

Nicolás Maduro capturado tras 12 años en el poder

Nicolás Maduro Moros, nacido el 23 de noviembre de 1962 en Caracas, ha sido una figura central en la política venezolana durante más de dos décadas. Su legitimidad ha sido cuestionada internacionalmente desde 2019 y representa la continuidad del proyecto bolivariano iniciado por Hugo Chávez.
sábado, 3 de enero de 2026 · 07:38

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-“Vengan a por mí… los espero aquí en Miraflores, no se tarden en llegar… cobardes”, así retaba Nicolás Maduro al gobierno de Donald Trump. Aquella confrontación la dijo luego de que se ofrecieran  50 millones de dólares por información que lleve a su captura. Cuatro meses después Estados Unidos cumplió su amenaza: realizó una intervención militar y capturó al presidente de Venezuela. 

Nicolás Maduro Moros, nacido el 23 de noviembre de 1962 en Caracas, ha sido una figura central en la política venezolana durante más de dos décadas. 

Nicolás Maduro / Facebook.

Su legitimidad ha sido cuestionada internacionalmente desde 2019 y representa la continuidad del proyecto bolivariano iniciado por Hugo Chávez. Sin embargo, su ascenso al poder y su gestión han estado marcados por una profunda crisis económica, represión política y un giro hacia prácticas autoritarias.

Maduro proviene de un entorno modesto: hijo de un sindicalista y una ama de casa, creció en los barrios populares de Caracas. En su juventud, trabajó como conductor de autobuses en el Metro de Caracas, donde se involucró en el sindicalismo de izquierda. Influenciado por el marxismo y el trotskismo, militó en la Liga Socialista durante la década de 1980, una organización que promovía la lucha obrera y antiimperialista. 

Su trayectoria cambió drásticamente en 1992, cuando Hugo Chávez lideró un intento de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Aunque el golpe falló, Chávez emergió como un ícono para los sectores populares, y Maduro se convirtió en uno de sus fieles seguidores.

Durante los años siguientes, Maduro se unió al Movimiento V República (MVR), fundado por Chávez, y participó en la campaña que lo llevó a la presidencia en 1999. Bajo Chávez, Maduro escaló posiciones rápidamente: fue diputado en la Asamblea Nacional Constituyente (1999-2000), presidente de la Asamblea Nacional (2005-2006) y ministro de Relaciones Exteriores (2006-2013). Como canciller, fortaleció alianzas con Cuba, Rusia, China e Irán, consolidando el eje antiestadunidense que definía la política exterior chavista.

Su lealtad inquebrantable lo posicionó como el "hijo" político de Chávez, quien, en su lecho de muerte en diciembre de 2012, lo designó públicamente como su sucesor. Tras la muerte de Chávez en marzo de 2013, Maduro ganó las elecciones presidenciales con un ajustado 50.6% de los votos, en un proceso cuestionado por la oposición por irregularidades.

Nicolás Maduro / Facebook

El legado de Hugo Chávez

Maduro se presentó como el guardián del chavismo, jurando en 2019 defender el "legado revolucionario" durante su segundo mandato, que inició ante el Tribunal Supremo en medio de boicots internacionales. 

Sin embargo, críticos internos como exministros Héctor Navarro y Jorge Giordani lo acusan de traicionar a Chávez al adaptar el modelo a un "capitalismo administrado por la burocracia estatal", priorizando importaciones sobre producción nacional y permitiendo la impunidad en la corrupción. 

El chavismo bajo Maduro se convirtió en un régimen "populista, militarista y clientelar", no socialista ni revolucionario, según analistas como Manuel Sutherland, quien lo describe como un "capitalismo estalinista" que saquea recursos públicos mientras usa retórica revolucionaria para legitimarse. 

Hugo Chávez y Nicolás Maduro. / AFP via Getty Images

Un ejemplo clave es la fractura interna del chavismo en 2016, cuando disidentes como Marea Socialista y exgenerales como Clíver Alcalá criticaron a Maduro por manejar "muy mal" el legado, llevando a una "escisión inevitable" que debilitó el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 

Chávez sigue siendo el "arma electoral principal" de Maduro, con su imagen omnipresente en campañas —como en las elecciones legislativas de 2015, donde eslóganes como "Este 6D gana Chávez" intentaron ocultar las fallas del sucesor. 

En 2014 y 2015, la caída de los precios del petróleo —de 100 a 30 dólares por barril— expuso la dependencia rentista heredada de Chávez. Maduro respondió con controles de precios y divisas que generaron escasez masiva, hiperinflación y una contracción del PIB del 76% entre 2013 y 2021. 

La producción petrolera cayó un 75%, de 2.8 millones a 700 mil barriles diarios, y los ingresos estatales se desplomaron de 93 mil millones a 10 mil millones de dólares. 

En 2017, Maduro instaló una Asamblea Nacional Constituyente oficialista para neutralizar al Congreso opositor, un movimiento criticado como un golpe de Estado que consolidó su poder. 

Ese año, protestas masivas resultaron en represión violenta, con decenas de muertos. Para 2019, la crisis humanitaria era evidente: el 94.5% de la población en pobreza, salarios mínimos de 5 dólares mensuales, y millones dependiendo de bolsas CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), distribuidas cada 15-20 días pero con calidad inconsistente y usadas como herramienta clientelar. 

Nicolás Maduro / Facebook

El 23 de enero de 2019, Juan Guaidó se proclamó presidente interino, reconocido por 50 países, desencadenando un duelo de poderes.

Maduro respondió con mayor militarización: ejercicios militares en febrero de 2019 prepararon a las Fuerzas Armadas para "conflictos armados", mientras exgenerales como Alcalá alertaban que Maduro apostaba por una "guerra civil" para retener el poder, armando a civiles y colectivos paramilitares. 

La creación del Carnet de la Patria en 2017, un sistema digital desarrollado con tecnología china, se convirtió en un "Big Brother" para vigilar a 19 millones de venezolanos, condicionando ayudas sociales a la lealtad política y electoral. 

En las elecciones de 2018, "puntos rojos" escaneaban carnets para presionar votos, violando la libertad electoral. 

Para 2020, acusaciones de narcoterrorismo por Estados Unidos —con una recompensa de 15 millones de dólares por Maduro— expusieron vínculos con el "Cartel de los Soles", involucrando a militares y familiares en tráfico de drogas. 

En 2022, Maduro viró hacia un "capitalismo salvaje": liberalizó mercados, dolarizó la economía y vendió acciones estatales, abandonando el socialismo chavista por necesidad, pero exacerbando desigualdades (índice Gini subió 40%). 

Eventos recientes incluyen sanciones estadounidenses en 2024-2025 a petroleras y familiares, y la confiscación de su avión en República Dominicana. 

La gestión de Maduro ha sido duramente criticada por intelectuales, exchavistas y analistas. No es un gobierno socialista, sino un "lumpenizado" capitalismo rentista que saquea recursos públicos (300 mil millones de dólares embolsados entre 2004-2014), con narcotráfico y minería ilegal enriqueciendo a la élite militar. 

Internacionalmente, Maduro ha aislado a Venezuela: sanciones de Estados Unidos y Europa lo han acorralado, mientras alianzas con Cuba y Rusia no compensan el colapso. Críticos como Rocío San Miguel comparan su militarización con la de México, advirtiendo el fin de la democracia. 

Lula da Silva lo llamó un "régimen desagradable con tendencia autoritaria". 

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