La desconocida amistad de Gabo con Camilo Torres
BOGOTÁ, Colombia (apro).- El escritor Gabriel García Márquez y el cura Camilo Torres se conocieron en enero de 1947 en la Universidad Nacional (UN) de Colombia, cuando iniciaron sus estudios de derecho. Ninguno de los dos terminó el segundo año de la carrera porque ambos tenían otras vocaciones que acabarían por imponerse.
Durante los pocos meses que estudiaron juntos en la Facultad de Derecho de la UN, García Márquez y Torres desarrollaron una estrecha amistad. Los entonces aspirantes a abogados pasaban largas horas hablando de política y literatura con su amigo común, Luis Villar Borda, en el café Asturias del centro de Bogotá. Y los tres editaban la revista literaria ‘La Razón’.
En su autobiografía “Vivir para contarla”, Gabo escribió que en aquellos años Camilo y Villar Borda “hervían a fuego lento en un inconformismo duro por la situación política y social del país”.
Camilo Torres tenía 18 años y García Márquez 19. El futuro escritor y Premio Nobel de Literatura venía del Liceo de Zipaquirá, donde estuvo internado cuatro años completando su educación secundaria y el bachillerato.
Camilo creía tener madera de abogado, pero a los pocos meses de estar en la Facultad de Derecho comenzó a cuestionare si esa era su verdadera vocación. Su novia, Teresa Montalvo, le había presentado a los padres dominicos franceses Gabriel Blanchet y Jean-Baptiste Nielly, quienes tras largas pláticas sobre la fe le preguntaron si no se sentía llamado al sacerdocio.
“Él tomó muy en serio esa pregunta. Aunque había sido criado en un hogar de libres pensadores, había desarrollado la fe católica y era un practicante devoto”, dice su biógrafo, el excura australiano Walter J. Broderick.
En cuestión de semanas Camilo decidió que quería ser sacerdote. Un día de mediados de 1947 le dejó una nota a su mamá, Isabel Restrepo, hizo una maleta y se trasladó a la estación del ferrocarril de La Sabana para tomar un tren a Chiquinquirá, donde se encontraba un monasterio dominico.
La señora, una mujer enérgica y muy liberal que consideraba una locura que su hijo se volviera sacerdote, lo alcanzó en la estación y se lo llevó casi a rastras a su casa.
En el documental “Camilo, el cura guerrillero”, realizado por Francisco Norden en 1974, García Márquez recordó que ese mismo día fue a ver a Camilo a su casa. Lo encontró en la biblioteca, donde habían estado muchas veces “hablando de literatura, principalmente”.
De acuerdo con el relato del autor de “Cien años de soledad”, la mamá de Camilo lo había “capturado” en la estación de La Sabana “como se capturaban en aquella época a las novias que se fugaban con el novio”.
Gabo encontró a Camilo “muy tranquilo, mucho más sereno que nunca, con una ruana (poncho) gris, y estaba repartiendo los libros entre los amigos que pasaban por ahí”.
A Gabo le regaló ese día una edición rústica de “La breve historia del mundo” de H.G. Wells.
--¿De dónde te salió esto de meterte a cura? –le preguntó Gabo.
--Viejo –respondió Camilo--, esta es una vocación muy antigua y muy secreta que he ido madurando poco a poco. Y al fin reventó porque logré vencer el obstáculo más importante que tenía, que era confesárselo a mi novia (Teresa Montalvo) y romper la relación con ella. Al fin lo logré ayer y ya hoy me siento completamente libre para seguir esta vocación.
Aunque Isabel Restrepo logró evitar que su hijo viajara a Chiquinquirá para convertirse en fraile dominico, le fue imposible frustrar la vocación de Camilo. En septiembre de 1947 ingresó al Seminario Conciliar de Bogotá. Siete años después se ordenó como sacerdote diocesano.
García Márquez tampoco duró mucho en la Facultad de Derecho, a la que había ingresado para complacer a sus padres. En abril de 1948, tras la revuelta popular que generó en Bogotá el asesinato del dirigente liberal Jorge Eliezer Gaitán, el 9 de ese mes, dejó la UN y se marchó a Cartagena.
En 1959, cuando Camilo Torres había regresado a Colombia luego de estudiar sociología en Bélgica, García Márquez y su esposa Mercedes Barcha le pidieron que bautizara a su hijo mayor, Rodrigo, quien nació en agosto de ese año en la Clínica Palermo de Bogotá.
La ceremonia se realizó en la capilla de la clínica y los padrinos fueron el escritor y biógrafo de Gabo, Plinio Apuleyo Mendoza, y Susana Linares, la esposa del periodista Germán Vargas.
En ese entonces Plinio, que con los años hizo un viraje político, tenía grandes afinidades con el comunismo y defendía con ahínco la Revolución Cubana.
En “Vivir para contarla” García Márquez recuerda que su compadre Plinio exclamó: “Vamos a hacer de este niño un gran guerrillero”. Y el padre Camilo le dijo: “Sí, pero un guerrillero de Dios”.
Nadie imaginaba en ese entonces que el cura Camilo Torres habría de convertirse en guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN) seis años después y que moriría en un combate contra una patrulla militar el 15 de febrero de 1966, hoy hace exactamente 50 años.
Plinio, por el contrario, abrazó ideas derechistas y se volvió un crítico feroz de la Revolución Cubana.
Y Rodrigo, el hijo de Gabo, no fue ni guerrillero de la revolución ni guerrillero de Dios. Optó por el cine, y hoy es un exitoso director de series de televisión y películas en Los Ángeles, California.