Música
Majo Cornejo y la música como raíz itinerante
Tras representar a México en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar 2026, la cantautora Majo Cornejo presenta Gallo Drito, un disco donde la migración, la identidad y la ausencia se transforman en música para resistir y bailar.CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Representar a México en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar no significó únicamente cumplir una meta artística para Majo Cornejo. También implicó convertir una experiencia de discriminación en un posicionamiento público y musical frente a temas como la identidad, el desarraigo y la migración.
La cantante mexicana llegó al escenario de la Quinta Vergara con “Ningún color tiene dueño”, tema con el que obtuvo el tercer lugar en la competencia folclórica y que nació después de recibir un comentario racista durante una presentación con el Cirque du Soleil en el espectáculo en honor a México, LUZIA, en el extranjero. Lejos de responder desde la confrontación directa, decidió transformar aquella experiencia en canción.
“Fue una persona del público la que hizo un comentario sobre el color de mi piel. Así que decidí poner este tema sobre la mesa. No importa dónde seamos, el color de nuestra piel, cómo nos llamemos o qué pasaporte tengamos en la mano, todos merecemos el mismo respeto y el mismo amor. Y es precisamente la bandera que lleva esta canción”, dice Majo Cornejo en entrevista para Proceso.
La cantautora señala que sintió la necesidad de que México llegara al festival con una canción que hablara de aquello que suele permanecer incómodo o silenciado. Para ella, la música tiene una responsabilidad que rebasa el entretenimiento.
De ese discurso nació Gallo Drito, el nuevo álbum —segundo en su carrera—que presentará el próximo 12 de junio en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, un disco construido alrededor del desplazamiento, la memoria y la resiliencia latinoamericana.
Más que un álbum sobre el dolor del desarraigo, la oriunda de Iztapalapa lo plantea como una obra donde la nostalgia también puede bailarse. Una idea que parte de la propia experiencia de la cantante, quien desde hace años vive entre giras internacionales con Cirque du Soleil y temporadas lejos de México desde 2016.
La artista habla desde una experiencia personal, aunque evita convertirla únicamente en autobiografía. Lo suyo apunta también hacia una memoria colectiva latinoamericana marcada por las despedidas, las ausencias y las fronteras. En Gallo Drito aparecen quienes dejan su país, pero también quienes permanecen esperando del otro lado.
“Siento que a veces la migración no es elegida, a veces viene de escapar de cosas, de momentos, de personas y también de buscar un mejor mañana, de luchar por nuestros sueños. Y a pesar de dónde estemos hay raíces que nos permiten continuar siendo nosotros. Somos como semillas y donde sea que nos planten vamos a florecer.
“También están las personas que se quedan, que no van contigo, pero tienen su propio duelo, ya que pierden a quien se fue. Este disco también es para esa gente que se queda en una casa vacía”.
Cornejo insiste en que nunca perdió el vínculo con su origen. Aunque actualmente se presenta en escenarios internacionales y ha recorrido distintos continentes, afirma que sigue siendo “la niña que creció en Iztapalapa mirando a Juan Luis Guerra en Viña del Mar”, la misma que escucha cumbias y desayuna tacos de canasta los fines de semana.
Lejos de diluirse entre aeropuertos, escenarios internacionales y públicos multiculturales, Cornejo declara que viajar con Cirque du Soleil fortaleció su pertenencia. Convivir con personas de distintas nacionalidades le enseñó que “su normal no es el único normal”, y a reafirmar el peso de sus raíces.
Esa identidad también se convirtió en el centro de su propuesta artística. Su música mezcla sonoridades folclóricas mexicanas con una producción contemporánea, aunque evita asumirse como portavoz absoluta de la tradición nacional. México, expresa, es demasiado amplio para reducirlo a una sola voz.
Dentro del disco, uno de los momentos más íntimos aparece con “Báilame el recuerdo”, canción escrita tras la muerte de su abuela. Cornejo cuenta que comenzó a trabajarla después de descubrirse, en medio de su boda, bailando sin una de las personas más importantes de su vida.
“Si la escuchas (la canción), no es tan específica. En mi caso, estaba el día de mi boda, en medio del festejo, sin ella; falleció hace dos años. Y me dio mucha tristeza, así que escribí esta canción. Ahí radica su fuerza, cualquier persona puede apropiarse de la ausencia: una ruptura, una despedida, una pérdida familiar o incluso la distancia geográfica”.
La cantautora reflexiona que el arte tiene la capacidad de sembrar preguntas o emociones sin imponer una sola lectura. Por eso rechaza la idea de escribir canciones únicamente para generar confrontación política directa, aunque reconoce que toda creación artística implica una postura frente al mundo. Considera que la música latinoamericana es una forma de resistencia cultural en un contexto global donde las identidades parecen diluirse en tendencias.
Esa visión explica también el homenaje que realizará a Juan Gabriel durante su presentación en el Teatro de la Ciudad, donde contará con diez músicos en escena —percusiones, batería, acordeón, tuba, bajo, guitarras y coros—. El tributo no surge únicamente desde la admiración musical, sino desde una experiencia formativa; a los 17 años participó como corista en el álbum “Mis 40 en Bellas Artes” (2013) del cantautor michoacano.
“Fue el primer artista con el que tuve la oportunidad de trabajar. Yo era la más joven de los 120 músicos en el escenario. Me estaba moldeando y descubriendo qué tipo de música quería hacer, qué quería plasmar en mis canciones y él me inspiró. Un poquito de Juan Gabriel siempre va a vivir en mí”.
Para Majo Cornejo, regresar a México con ese repertorio tiene una carga profundamente emocional. El Teatro de la Ciudad, cuenta, forma parte de la memoria de su familia de músicos. De niña acudía ahí para ver presentarse a sus familiares, ahora volverá al mismo recinto para compartir las canciones que construyó mientras recorría el mundo.
“Este trabajo es el resultado de lágrimas, alegrías, decepciones y mucho esfuerzo. Y poder mostrarlo aquí, con la gente que creyó en mí desde el principio, es muy simbólico”.